En este mes de agosto, en el hemisferio norte estamos en pleno verano, y muchas actividades se paran o ralentizan, si bien es verdad que, este año, tan peculiar por la pandemia, todo, hasta las vacaciones, se han relativizado, pues hemos debido cambiar todos los hábitos, obviamente.
De todos modos, ese relativismo, que nos hace tender a la monotonía, a la repetición de las pequeñas rutinas a las que estamos sujetos, por seguridad, no deberían hacernos minusvalorar el tiempo, ya que todo lo que perdamos, nunca lo recuperaremos.
Y el tiempo, nuestro tiempo en concreto, es finito, a veces mucho más de lo que creemos, y, por eso, deberíamos revalorizarlo.
Seguidamente transcribo dos ‘cuentos’ que me parecen ilustrativos sobre el particular:
1 –
“Una maestra, en el día de su cumpleaños, estaba abriendo todos los regalos que le habían hecho, cuando, de pronto, se le acercó una niña que llevaba una pequeña flor naranja en su mano.
Vaya, dijo la maestra sorprendida al verla. ¿dónde has encontrado esta flor tan bonita?
Bueno, en realidad no la he encontrado, he ido a buscarla. Esta es una flor que solo crece en las artes más alejadas del bosque, justo a la orilla del lago.
La profesora sabía que el lago estaba a unos seis kilómetros de distancia de la escuela y que aquella niña habría tardado horas en conseguir la flor. Se emocionó tanto, que no pudo evitar derramar unas lágrimas.
Muchas gracias, muchas gracias, es un detalle tan, tan bonito, pero no debiste ir tan lejos para buscarme un regalo.
Bueno, contestó la niña, eso también forma parte del regalo”.
(Eloy Moreno, adaptación de un cuento sufí, incluido en ‘Cuentos para entender el mundo’)
2 –
“Un estudiante preguntó a un maestro de zen, cuánto tiempo le llevaría iluminarse.
El maestro respondió:
Unos quince años.
¿Qué?, exclamó el estudiante. ¿quince años?
Bueno, para ti, llevaría unos veinticinco años, rectificó el maestro.
¿Qué en mi caso llevaría veinticinco años?
Ahora que lo pienso mejor, puede que te llevara cincuenta años.”
(Fuente: ‘El despertar del zen en occidente’, de Philip Kapleau).
Obviamente, nuestra percepción del tiempo es subjetiva y circunstancial, y nos atrincheramos en nuestros hábitos para no perder nuestros niveles de confort.
Ahora bien, precisamente eso es lo que deberíamos hacer, salir de nuestra área de comodidad, buscar nuevos estímulos y, está claro, valorar el tiempo que dedicamos a lo que hacemos, ponderando si en realidad vale la pena la ‘inversión’.
En el primer cuento, está claro que la niña y la maestra, tienen una plena percepción y valoración de su tiempo; y dedicarlo a la consecución de algo positivo, da un plus de valor a la actividad.
Por el contrario, el alumno del segundo cuento tiene una percepción competitiva del tiempo, no aquilatada al objetivo.
En nuestro caso, en plena pandemia, con continuos rebrotes y con una perspectiva muy larga, hasta que se disponga de la vacuna y esté disponible para todo el mundo, sin excepciones, resulta que, por haber tenido que reducir o eliminar bastantes actividades y relaciones sociales, tenemos más tiempo libre que nunca, pero, en general, no lo aprovechamos. Nunca valoramos lo que tenemos, y menos, si lo tenemos en mayor abundancia de lo que precisamos.
“El ritmo frenético del día a día nos hace sentir que no tenemos tiempo para nada. Necesitamos más vacaciones, nos encantaría alargar los fines de semana un día más, salir antes de trabajar. Nos quejamos de que nos faltan horas para estar con quien nosotros queramos, ir a donde queramos, hacer lo que queramos.
Tenemos la certeza de que, si tuviéramos más tiempo libre, seríamos más felices.
Pero ¿puede haber desventajas en tener demasiado tiempo libre? Es la pregunta que ha intentado responder la investigación ‘Los efectos de tener mucho y poco tiempo libre, en la satisfacción vital’, llevada a cabo por las universidades de Pensilvania y California (EUA). Y la respuesta es sí: demasiadas horas libres también pueden ser perjudiciales.
Investigaciones anteriores demostraron que tener muy pocas horas de ocio está vinculado a más estrés y niveles más bajos de satisfacción con la vida.
En esta ocasión, los resultados concluyeron que, aunque, tener poco tiempo es malo, tener más tiempo no siempre es mejor.
(…)
La gran pregunta es ¿por qué? Una de las respuestas está en que trasladamos el ritmo de trabajo al resto de aspectos de nuestra vida. Arrastramos el frenesí del trabajo en la oficina y en casa, a las horas vacías, y nos encontramos con el impulso de hacer, planificar y estar ocupados”
(El País)
En otros casos:
“Observamos la aventura de una película o un acontecimiento deportivo en vez de vivir nosotros una o practicar un deporte. Estamos siendo espectadores pasivos, y esto, al final, no nos proporciona plenitud. En vez de disfrutar del descanso, nos aburrimos por falta de vivencias y nos sobreviene el estrés del tiempo libre”
(El País)
Es evidente que saber gestionar el tiempo libre no es fácil, puesto que llevamos muchos años de ‘adiestramiento’ competitivo, y siempre, contra reloj, para ‘aprovechar mejor’ el tiempo.
Y ahora, muchos, nos hemos encontrado con un exceso de tiempo libre, que debemos aprender a gestionar para no malgastarlo, y evitar el estrés que comporta.
En ese sentido, incluso la mencionada reunión de San Millán de la Cogolla, fue una pérdida de tiempo, como ha argumentó previamente Torra. Y esa pérdida de tiempo, junto con la prudencia, ya que su gobierno, asesorado por el equipo sanitario, ha recomendado reducir los desplazamientos, dentro de lo posible. Todo esto, ratifica la correcta decisión del president.
Deberíamos tener presente las máximas: TEMPUS FUGIT. CAPE DIEM.
Y también es importante diferenciar entre el CRONOS Y EL KAIRÓS.
“Para los antiguos griegos, Kairós era una de las tres maneras de denominar el tiempo, junto con Aion y Cronos; y hace referencia al ‘momento adecuado y oportuno’ o ‘momento supremo’. Mientras que el concepto de Cronos se refería al tiempo cronológico o secuencial, Kairós representaba un momento de tiempo indeterminado en el que pasa alguna cosa especial; Cronos, es así un concepto cuantitativo, mientras que Kairós tiene un carácter cualitativo (…) Simboliza el lugar donde se unen y donde se pueden distinguir el tiempo de la supervivencia entre muerte y muerte, y el tiempo de la vida plena, donde no hay muerte”.
(Wikipedia)
“Kairós es el tiempo de la satisfacción. Es el instante alegre y vivencial. La manera individual de vivir el tiempo intensamente. Es el punto justo, el momento adecuado, la potencia y la eficacia combinados con la armonía y el placer. En tanto que opuesto al Cronos, no es un tiempo medible, ya que se rige por el placer surgido de las emociones.
En la actualidad, es un tiempo que resulta ser muy preciado a nivel sentimental.
Kairós, es un tiempo, pero también un espacio. Es un tiempo de gloria. Es la oportunidad Es la ocasión del reencuentro y del punto de equilibrio productivo.
Sentir dentro de un mismo Kairós, significa entrar en un oasis de plenitud y vivir momentos de ilusión”.
(Amanda Núñez)
“Chronos ha monopolizado el sistema temporal occidental y dominado nuestras mentes en el ámbito de definir el recorrido de nuestras vidas. Chronos es importante porque nos permite objetivar nuestras metas.
Chronos es el tiempo lineal.
Aion nos entrega la posibilidad de medir el tiempo no como lineal, sino como circular. Aion está continuamente arraigado al pasado y a nuestra memoria, dándole, de esa manera carácter cíclico a la vida y a las actividades que las definen, porque se repiten una y otra vez.
El tiempo ainológico hace hincapié en la repetición y ritualización de nuestras actividades.
Mientras que buscamos de manera consciente hacer cosas rápido, en menos tiempo, contamos días u horas, y siempre seguimos el orden lógico del Chronos, inconscientemente buscamos cerrar ciclos, macrociclos y temporadas, a través de lograr objetivos establecidos para pasar de una etapa a otra nueva.
Kairología es la filosofía del momento oportuno.
Kairós, en cambio, es algo extraño y desconocido. Kairós nunca avisa, ni se sabe cuando va a llegar, ni se puede medir, preparar o planificar.
Kairós nos exige evaluar cada momento y delimitar el más oportuno.
Así, kairología va más allá de establecer objetivos para el futuro, basados en la medición cuantitativa de lo que hemos conseguido en el pasado (chronos)
Kairología es también más que aprender de nuestras experiencias subjetivas en el pasado para mejorar en el futuro (aion). Kairós requiere aprender a ser consciente de lo cualitativo en nuestras vidas, requiere desarrollar una capacidad de medir no la cantidad, si no la calidad.
Desde el punto de vista de la psicología positiva, kairós podría considerarse un componente fundamental del fenómeno de la fluencia. ‘La fluencia se define como el estado de estar absorbido por lo que uno está haciendo hasta alcanzar la exclusión de todo otro pensamiento o emoción (…) La pérdida del tiempo real, que puede ocurrir n la fluencia profunda, se relaciona con la concentración de la atención, que puede llevar al olvido del paso del tiempo o a la percepción de que el tiempo está pasando a un ritmo diferente comparado con las situaciones normales’ (Jackson y Csikszentmihalyi, 2010)”
Otro tema relacionado con el tiempo libre y las vacaciones, en estos momentos de pandemia, lo tenemos en nuestros políticos. Es comprensible que, tras unos meses tan duros, todos necesiten ‘descansar’; pero no es ni ético ni moral que, precisamente, en plena crisis sanitaria, económica, social, política, etc.; con rebrotes de infectados, con miles de trabajadores que todavía no han cobrado las ayudas de los ERTE, con unos índices de paro al alza, etc., es decir, en plena crisis general, no es de recibo que el gobierno, los diputados y senadores, se vayan de ‘vacaciones’ y queden unos mínimos de guardia.
Sánchez ha anunciado que irá diez días a la isla de Lanzarote.
Y encima, el rey, Felipe VI, en plena campaña de marketing, anuncia que estas serán las vacaciones más austeras de la casa real; irán a Mallorca, al palacio de Marivent, y desde allí harán desplazamientos a las diferentes islas del archipiélago.
Todo es una pura vergüenza, una falta ética y de moral, así como de empatía y de sentido de la estética; cuando una gran parte de la ciudadanía no hará vacaciones por limitaciones económicas, o hacer mínimos desplazamientos, por no coger aviones ni trenes (por el Covid).
Es evidente que el descanso es necesario (y legalmente, obligatorio), pero cuando el Titánic se hunde, nadie piensa en las vacaciones. Y el capitán debe estar al timón en todo momento. Igualmente, la pléyade de diputados y senadores que, al estar confinados, apenas han asistido a sus puestos de trabajo no han hecho actividad alguna, o, de forma telemática, y aún, pero eso sí, cobrando las dietas de desplazamiento, hasta que salió el tema en la prensa y, por vergüenza, regularizaron el tema.
· “El precio de la grandeza es la responsabilidad” (Winston S. Churchill)
· “El barco está más seguro en el puerto, pero no es para eso que se construyeron los barcos” (Paulo Coelho)
En definitiva, y siendo conscientes de la fugacidad del tiempo cronológico, deberíamos ser capaces del disfrutar del momento, el carpe diem. Pero, aún mejor, poder conseguir el kairós, nuestra manera individual, personal e íntima de experimentar nuestra vida.
Obviamente, hemos de ser conscientes del chronos, el tiempo lineal, y saberlo encajar de forma lógica en el tiempo circular del aion. Eso requiere un trabajo, una preparación y una motivación.
Pero alcanzar el kairós, “el momento”, ese tiempo, que podríamos llamar ‘kairológico’, que no es medible ni cuantificable, que es mágico, y que llega y marcha sin avisar. Y lo importante es saber detectarlo, reconocerlo mientras lo vivimos.
Muchas veces nos damos cuenta a posteriori, cuando miramos atrás, y nos damos cuenta que no hemos valorado ese tiempo. Lo hemos disfrutado, inconscientemente, eso sí, y también es positivo, pero no es la plenitud.
Por lo tanto, deberíamos valorar si nuestro chronos, nuestro aion, nos proporcionan kairós, y actuar en consecuencia.
Amadeo Palliser Cifuentes