Estos días ‘casualmente’ están proliferando visiones optimistas, emitidas por eminentes doctores, como Josep Baselga Torres, Carles Cordon Cardó, Luis Rojas-Marcos de la Viesca, etc., que, en sus respectivos campos, desde la oncología hasta la psiquiatría, transmiten unos mensajes ‘bonistas’, señalando que el año próximo tendremos suficientes vacunas y que las navidades del 2021 serán las fiestas familiares de los abrazos, si bien, las medidas sanitarias de las mascarillas, la distancia de seguridad y la higiene continuada de las manos, deberemos tenerlas integradas en nuestros hábitos, pues el futuro será un continuo de infecciones, de las que tendremos que ir prevenidos; y esos hábitos nos harán ‘mejores, más solidarios’.
Me gustaría que fuera así, pero soy muy escéptico, ya que me extraña esta ola de mensajes positivos, cuando los científicos que seguimos viendo cada día, como Oriol Mitjà Villar, Jacobo Mendioroz Peña, etc., siguen con sus discursos ya tradicionales, es decir, menos optimistas a medio plazo.
Y, como dijo ayer en un tuit, Joaquím Bosch Barrera, doctor oncólogo: ‘Francia, Alemania, Bélgica, Portugal se van confinando… España, como siempre, los últimos a confinarnos por que somos más listos. Lo hacemos siempre tarde, y esto se acaba pagando muy caro, no solo en vidas sino también en PIB. No aprendemos, a ver si a la tercera ola …’
Yo creo que una cosa será tener la vacuna, y otra su disposición rápida (Baselga ha dicho que a finales del primer trimestre ya tendrán 30 millones de vacunas; pero, claro, él es vicepresidente de una empresa farmacéutica privada, si bien comentó que la venderían a precio de coste, 2 €), y otro aspecto, no menor, es la posibilidad de inyectar la vacuna (dos dosis) a toda la ciudadanía; y, si vemos que aquí en España, y también en Catalunya, el sistema de atención primaria se satura a la primera de cambio, y aunque vacunen en las farmacias, ese proceso durará muchos meses. Y si la vacunación ha de ser anual, como apuntaban, será un colapso permanente.
Obviamente, esa ‘dependencia’ será el menor de los males, ya que lo grave son las personas que se están quedando por el camino.
Asimismo, esta crisis sanitaria, comportará, durante años, una crisis económico-social, que los actuales gobiernos, dudo que puedan solventar, si se mantiene el actual estatus quo.
Por eso, más que creer en un futuro utópico, considero que lo que nos espera es un mundo distópico.
Es preciso señalar que hay utopías racionales y utopías irracionales, míticas.
‘Una utopía es racional precisamente en la medida en que en tanto idea reguladora, sirve para guiar una acción presente en consonancia con las metas establecidas y su dinámica real.
En cambio, una utopía es irracional si es una mera fachada apologética de una acción que apunta a objetivos totalmente diferentes, a menudo contradictorios.
Si los actores creen sinceramente en una utopía, pero no consiguen vivir de acuerdo con principios muy distintos, entonces ‘irracionalizan’ su propia utopía en tanto que la utilizan para ‘dar buenas razones’ de sus propias acciones. Si alguien apoya una dictadura con sus acciones y argumentos, pero defiende la ‘abolición de los estados’ en calidad de principios utópicos, la utopía personal no es otra cosa que un credo místico, por la sencilla razón que no regula la acción’
(José Antonio Pérez Tapias, ugr.es)
Atendiendo a este último párrafo de J. A. Pérez, es cierto que muchos de los comportamientos humanos, sino todos, son ambivalentes, y muestran signos contradictorios, y esto lo vemos, por ejemplo, en el mundo independentista catalán, que más de dos millones de catalanes votamos, pero, después, nos quedamos en el sofá esperando que nos traigan en bandeja la república, sin que nos comporte ningún coste.
Es importante tener claro que los mitos, las mitificaciones, las ideologías y la racionalidad, no son compartimentos estancos excluyentes, pues hasta los mitos originales tenían un sustrato racional, y la racionalidad tiene sustratos míticos; y todos ellos, dirigidos implícitamente, por unas ideologías transversales. Así que el paso del mito al logos no fue un salto en el vacío, no comportó una ruptura total.
En este momento de crisis generalizada, creo que, tristemente, tenemos más posibilidades, de que el futuro sea distópico, es decir, antiutópico, pues será una sociedad mucho más controlada y vigilante, y ‘compraremos’ estas limitaciones de derechos y libertades, a cambio de un mundo sanitariamente más seguro, más aséptico.
Por eso, creo que, en el fondo, se harán realidad los mundos descritos por muchas obras que bien podríamos denominar distópicas, como:
‘1984’ (1948), de George Orwell (1903-1950); ‘El cuento de la criada’ (1985), de Margaret Atwood (1939); ‘Nunca me abandones’ (2005), de Kazuo Ishiguro (1954), premio Nobel 2017; ‘Un mundo feliz’ (1932), de Aldous Huxley (1894-1963); Fahrenheit 451’ (1953), de Ray Bradbury (1920-2012); o ‘Los androides sueñan con ovejas eléctricas’ (1968), de Philip K. Dick (1928-1982). Esta última novela fue llevada al cine por Ridley Scott, con el título ‘Blade Runner’ (1982).
En esta última obra, se aplica el ‘test Voight-Kampff’:
‘Para distinguir un ser humano de un replicante (un androide), mediante la formulación de una serie de preguntas dirigidas a detectar la ausencia de emociones. (…) Como que los androides no pueden sentir empatía, su respuesta emocional es diferente de la de los seres humanos.
(…)
‘Preguntar si el animal del vecino es eléctrico se considera un tabú, una falta muy grave de cortesía, más aún que intentar descubrir si los dientes, los cabellos o los órganos internos de una persona son genuinos.
(…)
El mercerismo es un prominente movimiento religioso / filosófico que se basa en la historia de Wilbur Mercer (…) los seguidores cogen las asas de una ‘caja de empatía’, mientras observan un monitor (…) y el usuario se siente transportado al mundo de Wilbur Mercer, donde sumerge su mente en una experiencia compartida con todos los que utilizan esa caja en ese mismo momento’
(Fuente: Wikipedia)
Al no creer en utopías, sino más bien en distopías, me parece que, antes de que sea demasiado tarde, deberíamos despertarnos, dejar los sofás y actuar de acuerdo con nuestros deseos, pues sabemos que nunca, o casi nunca, se regalan las cosas sin nada a cambio, todo tiene un coste y a veces sacrificios, es decir, ciertas incomodidades.
Por eso, antes de que sea demasiado tarde, y nos veamos inmersos en una sociedad súper controlada, que diferencie entre los fieles propios, y los diferentes, por ejemplo, los independentistas, a los que traten como sujetos de segunda, sin derechos y libertades, debemos actuar.
Obviamente, en esta llamada a la rebeldía, no incluyo a los insolidarios que no llevan las mascarillas y no cumplen las mínimas normas sanitarias de seguridad, sino para ellos, sí para los otros.
Pero sí que me refiero a los también insolidarios que, siendo independentistas, siempre tienen otras ocupaciones mejores para no moverse.
En esta línea, y ya que he citado varias obras literarias, continúo con ‘V de Vendetta’ (1981), de Alan Moore y David Lloyd, en la que un revolucionario llamado ‘V’, oculto detrás de una máscara de Guy Fawkes (1570-1606), se enfrenta a un partido fascista llamado Norsefire (Fuego Nórdico); ahora bien, yo no iría tan lejos, pues no creo en la anarquía, pues no deja de ser más que una utopía irracional.
Es curioso señalar que al citado Guy Fawkes, un militar que formó parte del grupo católico inglés que planeó la fallida conspiración de la pólvora de 1605, se le conoce con el nombre de Guido Fawkes, nombre adoptado cuando luchó en el ejército español de los Países Bajos. Participó en el bando católico español en la Guerra de los Ochenta Años, que se enfrentó a los reformadores protestantes (…) Viajó a España para buscar soportes para una revolución católica en Inglaterra, pero sin suerte.
(Fuente: Wikipedia)
Es decir, deberíamos dejarnos de falsos espejismos, como el citado mercerismo, la vida la hemos de ir construyendo en cada momento, no dejar que nos la configuren otros.
Por eso, me parecen adecuadas las siguientes frases del movimiento ‘Anonymous’, creado en 2004, con los objetivos de antivigilancia informática; anticensura de internet; ciberactivismo:
‘El pueblo no debería temer a sus gobiernos. Los gobiernos deberían tener miedo de su gente’.
‘Los artistas usan mentiras para decir la verdad, mientras que los políticos las usan para ocultar la verdad’
‘Debajo de esta máscara hay más que carne. Debajo de esta máscara hay ideas, y las ideas son a prueba de balas’.
‘La justicia y la libertad son más que palabras, son perspectivas’
En caso contrario, y como se cita en la citada novela de P. K. Dick, ¿los androides sueñan con ovejas eléctricas?’, a los ciudadanos ‘molestos’, nos considerarán ‘kippels’, es decir: ‘objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas vacías (…) Todo el universo avanza hacia una fase final absoluta de Kippelización’.
Un amigo me ha pasado un ws con la canción ‘The Sound of Silence’, de Simon and Garfunkel, escrita en febrero de 1964 por Simon, poco después del asesinato de John F. Kennedy en 1963. Canción que trata sobre la incomunicación. Seguidamente reproduzco un par de estrofas:
‘Y vi la luz desnuda
Diez mil personas, tal vez más
La gente habla sin hablar
Personas que oyen sin escuchar
Gente escribiendo canciones que las voces
nunca comparten
Y nadie se atreve a
molestar el sonido del silencio
Tonto, dije yo, ¿no lo sabes?
El silencio crece como un cáncer
Escucha mis palabras para que te enseñe
Toma mis brazos para llegar a ti
Pero mis palabras como gotas de lluvia
Silenciosas cayeron
Y resonó en los pozos el silencio’.
Y este silencio es el que resuena en los pozos españoles, que no atienden ni atenderán a la razón, ni sentirán empatía con los independentistas catalanes, pues nos consideran simples ‘kippels’.
Tenemos muchas pruebas, como ayer, la fiscal general, la exministra Dolores Delgado, recurriendo ante el tribunal supremo, para que anulen el tercer grado a la exconsejera Dolors Bassa y a la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell. Este es lo que consideran como diálogo.
Y, claro, aquí los poderes del estado seguirán amparando a la casa real, aunque salgan nuevas pruebas de corrupción, como la utilización de tarjetas opacas, con cuentas en el extranjero, y que han seguido utilizando Juan Carlos I, la reina emérita Sofía, y algún nieto.
Aquí no cambiará nada, está todo muy bien ‘atado y bien atado’, como dijo Franco, y vemos que es verdad. Por eso sólo podemos esperar un futuro distópico.
Tampoco cambiará nada en los EUA, pero si gana Biden, al menos el nivel de agresividad bajará, y esto es significativo.
Pero las cosas nunca son dicotómicas, pues Barack Obama fue galardonado, al inicio de su presidencia, con el nobel de la paz (2009), y en sus dos mandatos ocasionó muchos más muertos en guerras y víctimas colaterales, de las que tendría Trump, si ganase este segundo mandato.
Y, desgraciadamente, ante todo este panorama hay demasiado silencio, por eso necesitamos unos líderes (‘V’ o del tipo que sea) que nos guíen democráticamente.
Amadeo Palliser Cifuentes