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A la búsqueda de los votantes pródigos

Amadeo Palliser Cifuentes

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Siguiendo con mi escrito de ayer, en el que propuse forzar las costuras del estado, como única forma de conseguir la confrontación que, finalmente, redunde, positivamente, en nuestro movimiento independentista catalán, me parece interesante, ahora, centrarme en la población que, por diferentes motivos, dejó de votar independentismo, ya que la decisión de la ciudadanía es básica y el verdadero motor.

Es preciso señalar que, dada la gran variedad de argumentos, racionales o emocionales, entre los ciudadanos que decidieron abstenerse o, incomprensiblemente, votar a partidos españolistas, es difícil hacer una aproximación, y, sin un análisis detallado, no se puede efectuar un diagnóstico, y menos todavía, recetar fórmulas que puedan garantizar su retorno a los orígenes.

Es cierto que, hasta el referéndum del 2017, había una gran ilusión, generalizada, ante el reto a acometer; y esa ilusión (en cierta medida hasta infantil) se perdió, y sigue perdiéndose, al ver la actitud de los diferentes líderes y partidos políticos.

Este proceso se ajusta a la tercera ley de Isaac Newton (1643 – 1727), publicada en 1687, conocida como ‘el principio de acción y reacción’, que especifica ‘que toda acción recibe una reacción opuesta y de igual magnitud’. En esa misma ley, Newton especificó que en toda acción / reacción, se da el fenómeno de la simultaneidad: ‘no hay un orden temporal; al momento en que un objeto empuja a otro, el segundo ya está empujando al primero’.

En nuestro caso, la acción (o mejor dicho la inacción, que es una forma de actuar, y que puede ser tan errónea como la acción), por incompetencia, incapacidad, temor real o imposibilidad de nuestros líderes, tuvo y tiene unas consecuencias en la población (efectos), como la decepción y, en último extremo, la desmotivación. Ahora bien, vemos que, en nuestro ejemplo, la reacción no fue totalmente opuesta (salvo los que pasaron a votar a los españolistas) ni de igual magnitud, ni se dio una simultaneidad.

Sea como sea, la realidad fue la pérdida del aval de gran parte de la población catalana, forzada y alimentada por el españolismo, con argumentos falsos, rancios y fuera de lugar. Pero, aún así, suficientes para provocar la omisión voluntaria de seguir trabajando en favor de la República Catalana, por parte de muchos ciudadanos. Siempre se había dicho que el que era o se hacía independentista, difícilmente volvería a ser dependentista, centralista, pero hemos constatado que esa premisa era errónea, como vimos con el voto al PSC/PSOE y Comunes/Podemos.

Y esa situación difusa (y obtusa) la vemos a nivel general:

  • Con un gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) sin apoyos parlamentarios, tras perder los que le facilitaron la investidura, pero encastillado en su poltrona, aunque no pueda gobernar; pero constatando que la oposición de Alberto Núñez Feijóo (PP) tampoco es capaz de aglutinar una moción de censura, ni que sea instrumental.
  • Con unos partidos nacionalistas (catalán, vasco) o de izquierdas (Sumar, Podemos, Compromís, Bildu, etc.), en una situación de encefalograma plano, temerosos de fotografiarse en una moción de censura; y, a la vez, con un pánico pavoroso a provocar nuevas elecciones, pues siguen pensando que ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’ y, por eso, confían en el refrán: ‘virgencita, virgencita, que me quede como estoy’.
  • Y, en Catalunya, con un partido como ERC, que, por intereses personales y de partido, fue capaz de traicionar todos sus principios, y acabar invistiendo al represor Salvador Illa, para vergüenza del mundo mundial; acción que no merece ni ‘olvido ni perdón’, y que espero que reciba la reacción contraria por los siglos de los siglos, amén. 

En definitiva, todos los partidos, por diferentes motivos, muestran su aversión a la democracia, temen dar la palabra a la población, para que desencallen lo que ellos han encallado y no saben o son incapaces de desencallar. 

Y ese temor se basa en la prepotencia, en el egocentrismo y el narcisismo de los diferentes líderes, carentes de unas estructuras críticas, ya que todos los partidos se han convertido en empresas de colocación de sus afines acríticos y sumisos, que comparten el mencionado refrán. 

Y con unas estructuras compuestas por personajes similares al ‘Don Ángel Siseñor’, del cómic creado en 1951 (y desaparecido en 1978) por Manuel Vázquez Gallego (1930 – 1995), , para el semanario ‘El D. D. T. contra las penas’ (que, posteriormente se quedó en D.D.T. (*)), de Editorial Bruguera, que se complementaba con una serie de diálogo de besugos, ya que el infeliz personaje no tenía un no para nadie, y se doblegaba a todo, con tal de no llevar la contraria.

(*) DDT: el deber de darlo todo; en contraposición al insecticida dicloro difenil tricloroetano, descubierto por el investigador suizo Paul Hermann Muller (1899 – 1965), por el que obtuvo el Premio Nobel en 1948; un producto que, inicialmente, estuvo prohibido internacionalmente, pero que después, fue utilizado masivamente como plaguicida.

Y ante esta situación paradójica y pintoresca, lo deseable sería anticipar todas las elecciones, generales y autonómicas, pues ese sería el ejercicio más democrático. Y ante una situación hipotética de ese calibre, veríamos cómo todos los líderes y partidos, se pondrían de nuevo el mono de faenas, y se presentarían como los mejores, los más coherentes, éticos y morales; olvidando su pasado reciente.

Y, tristemente, constataríamos, nuevamente, la volatilidad de la ciudadanía, que sería engañada por las diferentes campañas y promesas electorales.

Idealmente, debería efectuarse una campaña pedagógica honesta, que buscase el mayor y mejor conocimiento de los votantes. Pero sabemos que ese ideal nunca se dará, ya que los responsables buscarán la emotividad, los instintos más primarios de sus potenciales votantes, polarizando, al máximo la situación, para afianzar la adhesión de sus fieles y, especialmente, de los que se desean captar o recuperar.

En este punto, me parece interesante recordar la parábola del hijo pródigo (Lc. 15;11-32):

‘Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde’. Y él les repartió la herencia. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su herencia viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sus supuestos amigos se fueron y no lo ayudaron y sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y llegó a desear llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.

Y entrando en sí mismo, se dijo: cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.

Y levantándose, partió hacia su padre. Pero cuando aún estaba muy lejos, su padre lo vio y, conmovido corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: Padre, pequé contra ti, ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Pero el padre le dijo a sus siervos: traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y una sandalia en sus pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.

Y comenzaron la fiesta. Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.

Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: Hace tantos que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu herencia con prostitutas, has matado para él el novillo cebado.

Pero él le dijo: Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’.

El paciente lector podrá extraer sus propias conclusiones, metafóricamente. Ahora bien, yo no soy ‘justo’, soy más crítico y pesimista y, difícilmente, volvería a sentir la ilusión compartida que tuvimos hasta el referéndum; pues desconfiaría de personajes que, ante el primer escollo, abandonaron el barco, para abstenerse y, peor todavía, para votar a los españolistas, dependentistas.

Obviamente, la mecánica de la democracia se basa en votar a determinado partido, por sus promesas electorales y, después, si no cumplen, votar a la oposición, como castigo. Esa es la riqueza de la alternancia del poder.

Pero en nuestro caso, centrado en la identificación y reconocimiento de nuestro país, votar a nuestro enemigo desde 1714, a mi modo de ver, no tiene explicación racional ni emocional que valga. Respecto a los absentistas, como castigo, me parece un mejor ejercicio de la democracia, pero, un tanto infantil, pues, como he dicho, la inacción, la indefinición, también tiene sus consecuencias, en este caso, negativas.

En definitiva, todo es muy complejo, y es verdad que, llegadas unas futuras elecciones, todo voto será bien recibido; pero, a mi modo de ver, para reconstruir nuestra República, precisamos ciudadanos convencidos, que no desfallezcan ante el primer viento en contra. Sólo así construiremos unas instituciones verdaderamente sólidas, incuestionables e indiscutibles, aunque sea a un mayor plazo. Por eso, creo que debería evitarse la búsqueda de los votos prófugos, transaccionalmente volubles, y centrarse, exclusivamente, en los que se abstuvieron el 12 de mayo del 2024, pues la participación fue apenas del 55,31%; por lo que hay un gran trabajo a realizar.