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La tercera ley de Isaac Newton (1643 – 1727) establece que siempre que un objeto ejerce una fuerza sobre un segundo objeto, este último ejerce una fuerza sobre el primero, de igual magnitud y dirección, pero en sentido opuesto. Y esa ley física también podemos observarla a nivel social, como intento explicar.
Esta mañana de domingo 22, nos hemos despertado con las noticias sobre el ataque de los EUA a Irán. Y a medida que, en Washington, Trump y el pentágono, han ido realizando ruedas de prensa informativas, hemos ido conociendo algunos detalles; pero difícilmente sabremos los resultados reales, únicamente los que les interesen, claro.
Pero el comentario que más me ha chocado, es que no consideran haber iniciado la guerra, que sólo han pretendido eliminar el riesgo nuclear, y … que, cualquier reacción hostil de respuesta, sería castigada con mayor contundencia de la que ha comportado el actual ataque con los bombarderos furtivos B-2 Spirit, los únicos capaces de lanzar las bombas GBU-57.
Es decir, no me deja de sorprender que los EUA se otorguen la capacidad de considerar que ese ataque no es una declaración de guerra, y que, encima, no quieran ningún tipo de reacción; contraviniendo, así, la mencionada tercera ley de Newton y el derecho internacional.
Es interesante señalar que es habitual que, desde los diferentes niveles del poder, éstos determinan lo que les parece razonable o no de sus contrincantes o subordinados.
Los independentistas catalanes lo vimos tras el referéndum del 2017, pues nos reprimieron y nos siguen reprimiendo, sin tolerar el menor gesto de repulsa, que es considerado un desacato a la unidad de su reino. Es decir, desde el poder estipulan y limitan todo tipo de respuesta.
Pero, todos sabemos que cualquier acción adoptada (o no, pues la inacción y el silencio), también comportan, asimismo, efectos secundarios.
Amnistía Internacional ha evaluado las consecuencias de diferentes medidas adoptadas por Trump, a través de órdenes ejecutivas o de otro nivel, por ejemplo: la retirada de la Organización Mundial de la Salud; la retirada del Acuerdo de París en materia de cambio climático; no reconocer las identidades LGBTIQ+; reajustar el programa de admisiones de personas refugiadas; etc.
Y es evidente que todas esas decisiones de Trump, comportan reacciones, graves consecuencias, en muchísimos ciudadanos, pero, claro, para él, no son ni ciudadanos.
En todos los órdenes, siempre hay efectos secundarios, particularmente, los sufro con las consecuencias de la radioterapia, después de 22 sesiones.
Y esos efectos secundarios, como las consecuencias por las decisiones de Trump, pueden ser tan notables, que deberían hacerlas replantear, o, cuanto mínimo, provocar una gran oleada de críticas que hicieran sonrojar a los culpables de las decisiones, desde Trump, hasta Felipe VI (alentando el ‘a por ellos’).
Pero no es así, vemos que los líderes mundiales están sometidos a Trump, siendo una elogiosa excepción Pedro Sánchez (aunque sea para ‘tapar’ otros problemas).
Todo es una verdadera pantomima, y gran parte del problema lo ‘facilitamos’ nosotros mismos, pues nuestro pasotismo ya nos ha hecho insensibles a demasiadas cosas, a demasiadas injusticias, a demasiados sufrimientos.
En definitiva, que, o asumimos nuestro papel de ciudadanos con plenos derechos, entre ellos el de la libertad de expresión y de acción, o seguiremos siendo meros zombis. Todo depende de nosotros.