
amadeopalliser@gmail.com
El pasado viernes, para una celebración familiar, fuimos a una cena bajo las estrellas, organizada por el Observatori Fabra (Barcelona), inaugurado en 1904; y, de acuerdo con el programa de la actividad, tras la cena y antes de visitar el edificio modernista y poder efectuar una visión con el telescopio, el científico y divulgador Joan Anton Català i Amigó, especializado en astronomía y astrofísica, hizo una pequeña y pedagógica conferencia sobre los agujeros negros. Y, para el presente escrito, tomo ese fenómeno físico para aplicarlo, metafóricamente, a aspectos psicosociales, si bien supongo que el citado científico podría ser escéptico con esa extrapolación, al encontrar enormes distancias y diferencias.
Científicamente, los agujeros negros son una región del espacio (no un agujero) con una concentración de materia de altísima densidad, tal que su fuerza gravitatoria es tan elevada que la velocidad de liberación es superior a la velocidad de la luz. Por eso, nada que se encuentre dentro de su horizonte de influencia puede escapar, ni la luz, excepto mediante el efecto ‘túnel cuántico’ (imposible en la mecánica clásica), descubierto por George Gamow en 1928.
(fuente Wikipedia)
Pues bien, partiendo de ese conocimiento, me parece que es interesante efectuar ciertas extrapolaciones, pero lo haré centrándome en los aspectos psicosociales, sin caer en el fácil recurso de considerar al estado español como el gran agujero negro respecto a Catalunya, pues sabemos que gran parte de nuestros recursos son absorbidos por el agujero negro que podríamos llamar ‘Madrid’, con todo lo que ese núcleo comporta, tanto en nuestro déficit público, como en nuestros derechos y libertades. Y si bien los agujeros negros astronómicos, tienen, teóricamente, ‘salidas’, como el citado efecto túnel cuántico, el de ‘Madrid’ no tiene fugas, si no, al revés, esos teóricos túneles, les sirven para seguir explotándonos, efectuando como quintacolumnistas, al estilo de Salvador Illa y todos los catalanes españolistas y españolizados.
Si nos centramos en los aspectos psicosociales, vemos que hay personas que actúan como verdaderos agujeros negros, pues su elevada y descontrolada energía emocional (con intensos cambios de su estado de ánimo, tendentes al caos o al determinismo acrítico) impide y neutraliza toda la luz que pueda emitir cualquier persona próxima, dejándolas exhaustas.
Y centrándonos en nuestros aspectos psicológicos, podemos considerar que tenemos agujeros negros mentales, determinados por fuertes tensiones limitadoras y determinantes, como son las creencias, las ideologías, etc., que nos impiden evaluar y ponderar aportaciones externas. Pero, a la vez, nuestras emociones, mal reguladas, como he dicho, pueden comportarnos dificultades para mantener nuestro equilibrio.
En primera instancia, nuestra afectividad, que agrupa las emociones, sentimientos, deseos, motivaciones, etc., pueden, obviamente, ser influida por esos posibles agujeros negros, pues la ansiedad, que es una emoción orientada hacia el futuro (real o imaginario) puede alcanzar niveles patológicos, si es desproporcionada en intensidad y/o duración. Igualmente pasa con la irritabilidad, la ira, la hostilidad. También la alegría y la euforia desmesuradas pueden, asimismo, actuar como agujeros negros.
Pero, uno de nuestros principales agujeros negros es el miedo, que nos paraliza, nos deja exhaustos, pues anula todas las posibilidades críticas, positivas. Y nos puede llevar a la depresión, el gran agujero negro psicológico.
Y dada la represión que efectúa el gran agujero negro español, ese miedo es una característica dominante en el colectivo independentista catalán. Por lo que es preciso y necesario que sepamos contrarrestarlo, superarlo, compensarlo, con todo tipo de pensamientos críticamente positivos, que nos permitan el crecimiento personal y social.
Pues, únicamente con ese pensamiento lateral, podremos alcanzar nuevas perspectivas, que nos permitan detectar los posibles ‘agujeros de gusano’, la hipotética estructura asociada a un espacio – tiempo, conocida como ‘puente Einstein – Rosen’, que nos den luz para superar los grandes inconvenientes e impedimentos ejercidos por el agujero negro español, que nos sigue teniendo totalmente desactivados y desmotivados.
Así que, en definitiva, todo depende de nosotros, está claro; por eso no podemos eludir nuestras responsabilidades. Debemos superar nuestro principal agujero negro, el miedo, y todo lo demás vendrá rodado.