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Alea iacta est

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Contra viento y marea, el fonambulista Pedro Sánchez sigue a piñón fijo para aprobar hoy, en el consejo de política fiscal y financiera, el déficit del 0,1% en las comunidades autónomas, para el período del 2026 al 2028, el mismo que rechazó Junts, en el 2024; porcentaje que representa, para Catalunya, una inyección crediticia de 1000 millones de euros. Y ese trámite es el primer paso para tramitar los presupuestos generales del estado. Y obviando la exposición detallada de su propuesta de financiación que, como apunté ayer, ‘políticamente’ prefieren posponer hasta el 2026; dicen que será a principios del próximo año, si bien sabemos que no será hasta que hayan pasado las elecciones andaluzas, pues, María Jesús Montero, vicepresidenta del gobierno, del partido y ministra de economía, antepone sus expectativas electorales, a la buena gobernanza y el respeto de los acuerdos con ERC y Junts.

Es evidente que Pedro Sánchez, como el gran tahúr del Mississippi, camina sobre el alambre, creciéndose ante los peligros del más difícil todavía, prescindiendo de la realidad del presente. Y pretende cuadrar el círculo diciendo que la futura financiación autonómica respetará todas las singularidades, que beneficiará a todas y, no perjudicará a ninguna.

Y con esa vana pretensión, narcisista y prepotente, aspira a aprobar los presupuestos del 2026, que le daría oxígeno para acabar la actual legislatura; si bien, la alternativa de prorrogar los actuales presupuestos ya prorrogados, también le permitiría seguir gobernando, y, es más, con menor control parlamentario.

Esa forma de proceder, es una muestra más de falta de respeto a la democracia que, mal que nos pese, comporta aceptar la realidad demoscópica de cada momento. Si bien, es como la libertad de expresión que, precisamente, requiere un mayor ejercicio moral, cuando no es coincidente con nuestro parecer.

Por eso, me parece evidente que Pedro Sánchez ya tiene su estrategia de juego establecida, pues sabe que la alternativa de pasar a la oposición, como le ha amenazado el infame Alberto Núñez Feijóo, le llevará a los tribunales y finalmente, a la prisión, ya que él no piensa amnistiarle. Y ante esa perspectiva, a Pedro Sánchez sólo le vale ganar, al precio que sea.

Dada esta situación, vemos que tanto Sánchez, como Feijóo, ya consideran que ‘alea iacta est’, que ya se ha tirado el dado y que la suerte ya está echada.

Lo que pasa es que ni uno ni otro se pueden comparar con Gaius Iulius Caesar (100 a. C. – 44 a. C.), autor de esa frase, al pasar el río Rubicón en el 49 a.C., límite entre Italia y la Galia Cisalpina (que es la provincia que el senado le tenía asignada), pues César se arriesgó, tomó una grave decisión, para enfrentarse con Gnaeus Pompeius Magnus (106 a.C. – 48 a. C.) 

En esa línea, tanto Sánchez, como Feijóo, están a las antípodas del estadista César, ya que no se atreven a hacer jugadas de riesgo, el primero, convocando elecciones anticipadas o una moción de confianza, y el segundo, presentando una moción de censura. Ambos prefieren seguir la política del avestruz, y esperar que la tormenta amaine, a su respectivo favor.

Y ante esta tesitura de ir esperando aconteceres, la ciudadanía constatamos que la gobernanza está supeditada a los vaivenes que vayan surgiendo, y no en función de las necesidades reales de cada momento.

Es evidente que tanto Sánchez como Feijóo saben que su tiempo está tasado, y que su futuro dependerá de las próximas elecciones. Es preciso recordar que César fue asesinado por un grupo de senadores, entre ellos Marcus Iunius Brutus (85 a. C. – 42 a.C.), que inicialmente se había posicionado a favor de Pompeio, si bien César, posteriormente, le perdonó, y lo acogió como ahijado; y aún así, fue uno de los tiranicidas, uno de sus asesinos, el 15 de marzo, precisamente, el idus de marzo, un día dedicado al dios Marte.

Los días considerados ‘idus’ eran días de buenos augurios, pero ‘curiosamente’ incluso en esos días pasan desgracias. Es interesante resaltar que, según Plutarco, Calpurnia (Luci Calpurni Pisó Cesoni), la mujer de César, avisada por un vidente, un harúspice etrusco llamado Espurina (Spurinna), avisó a su marido de los malos augurios; Cesar dirigiéndose al senado vio al vidente, y le gritó ‘que los idus de marzo ya habían llegado’, pero el vidente le contestó ‘si, pero todavía no han acabado’.

Y tanto Sánchez como Feijóo, no hacen el menor caso a los expertos demoscópicos, que les vaticinan sus perspectivas electorales; pues ellos, en su prepotencia y soberbia, se creen superiores, por encima del bien y del mal. 

Asimismo, Sánchez y Feijóo saben que si pierden esas elecciones (o no pueden gobernar mediante pactos) serán pasto de sus propias huestes, pues, al desaparecer el pegamento que cohesiona ostentar el poder (con todas las poltronas, sueldos y prebendas), surgirán todas las iras y venganzas, pues todos los partidos tienen a sus Brutus, más o menos camuflados, dispuestos para abrir la caja de Pandora.

Y ante esta situación, los partidos independentistas deberían alejarse de ambos personajes, para no ser arrastrados con su propio tsunami. Y por eso, parece el momento oportuno para que los partidos independentistas junten sus fuerzas y vayan al unísono. Si no hacen eso, perderán una nueva ocasión y arruinarán, por muchos años, todo tipo de ilusiones y esperanzas del movimiento independentista catalán.