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Anversos y reversos en la vida

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En la festividad de la noche de inicio de este año 2026, se produjo el trágico incendio en el bar Le Constellation (Crans-Montana, Suiza), con 40 fallecidos (de momento) y una centena de heridos graves; pero, también, continuaron los ataques en Ucrania, las hambrunas en Gaza, los inmigrantes sin techo en muchas ciudades, etc., que no merecieron portadas. Y eso nos demuestra que siempre hay una cara y una cruz, por más que queramos ocultar ésta última, para centrarnos en la festividad, como ‘toca’ socialmente. Y es evidente que los irresponsables, los culpables de las negligencias, de las guerras y demás desgracias, deberán ser juzgados y condenados.

Los términos anverso y reverso, tienen un origen etimológico interesante:

Anverso: del francés ‘envers’, ‘envés’, y éstos del latín ‘inversus’, invertido, y también de ‘anteversus’ (‘ante’: delante; y ‘versus’: vuelto), cara principal, lo que se presenta primero, la parte de enfrente. En las monedas y medallas se considera la cara principal, por llevar la imagen de una persona u otro motivo esencial, para reflejar el poder político o religioso; y, por eso, se le denomina, también: cara, faz.; y, paradójicamente, el sentido de invertido a esa cara se presta a claras bromas.

Reverso: del latín ‘reversus’, (‘re’: hacia atrás, retroceder), la parte opuesta de algo, especialmente, del anverso. Cruz, revés, dorso.

Recto (del latín ‘rectus’ derecho) y verso (del latín ‘vertere’, girar): son términos que se utilizan para describir las páginas derecha e izquierda de un libro abierto, o el anverso y reverso de una hoja de papel. En ambos casos, recto se refiere a la página derecha o al anverso del papel, mientras que verso se refiere a la página izquierda o el reverso del papel. 

Es evidente que la asimilación de las expresiones ‘recto’ y ‘derecho’, no es neutra, pues el término ‘derecho’ viene del latín ‘directus’, que significa lo recto, lo rígido, lo correcto; como diestra (del latín ‘dexter’, derecha) y siniestra (del latín ‘sinister’, izquierda). Y así nos han ido inoculando, subliminalmente, que la derecha es el lado correcto, lo bueno, en contraposición de lo siniestro de la izquierda; igualmente pasa con blanco y negro; con arriba y abajo.

Pues bien, después de este excursus (digresión), y volviendo a las experiencias vitales, evidentemente, todas tienen dos caras, dos interpretaciones, su lado luminoso y su lado oscuro. Sin olvidar, asimismo, que mientras unos viven, y vivimos, en el relativo confort occidental, muchas personas viven con graves carencias (de seguridad, alimentación, sanidad, etc.).

Pero, nada es fijo y permanente (las grandes desgracias provocadas por las guerras, desafortunadamente, sí que duran excesivamente), nada es invariable, como expresó el pasado mes de diciembre Friedrich Merz, el canciller alemán, al opinar que:

‘Para Europa y para Alemania, las décadas de la Pax Americana, básicamente, ya se han acabado (…) el mundo que conocemos ya no existe, y ninguna dosis de nostalgia cambiará esta realidad (…) los norteamericanos persiguen sus intereses de manera muy, muy cruda (…) y a Europa le ha llegado el momento de empezar a hacer lo mismo’.

Es decir, que quieren aparcar ciertos valores y efectuar un ‘totum revolutum’ (revolverlo todo) para salvaguardar la economía, los negocios, prescindiendo de las necesidades sociales y de cualquier espíritu y manifestación crítica, ya que quieren hacer prevalecer el fin sobre los medios, haciéndonos olvidar nuestra incomprensión y disgusto. 

Personalmente, todos tenemos nuestra cara y nuestra propia cruz, nuestro anverso social y nuestro reverso intimo, interior; y, generalmente, hay una notable dialéctica entre lo que aparentamos ser (el anverso, la cara), con nuestro anverso, nuestra cruz, nuestro verdadero ser; y, muchas veces, incluso olvidando lo que queremos ser o lo que creemos ser.

Si todo fuera de color de rosa, si fuéramos autosuficientes, no creceríamos personal ni socialmente. Por el contrario, si nos anclásemos en los momentos oscuros, si no superásemos los momentos de duelo, tampoco creceríamos personal ni socialmente.

En definitiva, que sería recomendable que siempre pudiéramos contemplar todas las situaciones, acciones, informaciones, desde diferentes perspectivas, viendo su cara y su cruz, pues, únicamente así, podremos deducir conclusiones objetivas. Pero no debemos olvidar que la vida, en general, es la suma de momentos positivos, de satisfacción y de alegría, y otros negativos, de dolor y de penas, que no siempre podemos eludir, pero sí asimilar; si bien, efectivamente, hay dolores que duran infinitamente, como el que sufren las victimas de las guerras; y hay otros dolores que son definitivos, como los mencionados fallecidos en el incendio mortal en Suiza, sin olvidar a los heridos y los familiares y amigos de todos ellos.

La asunción de que la vida es un cóctel de situaciones agradables y desagradables nos debería permitir corregir nuestra omnipotencia y arrogancia, para conseguir una mayor empatía y magnanimidad. Y, al mismo tiempo, nos debería llevar a rechazar a todos los políticos manipuladores y narcisistas que, únicamente, nos enseñan lo que les interesa que veamos. 

Para finalizar, es preciso puntualizar que todas las víctimas, todas las personas merecen el mismo tratamiento y respecto; pero vemos que las víctimas del accidente suizo han conmovido infinitamente más, por tratarse de un país del primerísimo nivel, y los fallecidos y heridos, por lo que se sabe, blancos, jóvenes y ricos, son (eran) el anverso privilegiado de la sociedad occidental. Mientras que las víctimas ucranianas y ‘gazatíes’, son consideradas como ‘carne de reverso’, son los otros, los diferentes, pobres y lejanos, los que no tienen nombre, profesión, e, incluso, ni cara que queramos ver, en definitiva, son lo siniestro, merecedores de su cruz. 

Por todo ello, tenemos mucho trabajo este 2026, si, realmente, queremos mejorar personal y socialmente; y, a este respecto, no podemos hacer dilaciones, como hacemos con otros propósitos, diciéndonos que hoy no toca, que ya dejaremos de fumar mañana o que ya empezaremos el régimen pasadas todas las fiestas.