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La película ‘Atrapado en el tiempo’ (‘El día de la marmota’, ‘Groundhog Day’), dirigida por Harold Ramis en 1993, e interpretada por Bill Murray y Andie MacDowell, evoca el mito de Sísifo, y es una clara metáfora de la situación actual, en todos los ámbitos y órdenes, por lo que, a continuación, me detendré en ese fenómeno, y en sus colaterales, que he citado en el título del presente escrito.
En primer lugar, es preciso recordar que las diferentes culturas populares dotan el día de hoy, 2 de febrero, con un significado litúrgico – folclórico, expresado en distintos rituales, según las diferentes creencias.
Matemáticamente, el 2 de febrero, es el punto intermedio entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera y, por eso, ha sido y es celebrado en diferentes culturas, desde los antiguos celtas (festival de Imbolog); los griegos y romanos celebraban el 5 de febrero con un festival de mitad de temporada y la anticipación de la primavera; es decir, todos celebraban el día de la luz. Por su parte, la religión católica lo adoptó y asimiló, dedicando el día de hoy, a la fiesta de la Virgen de la Candelaria (día de la luz; de origen oriental), para la conmemoración de la presentación de Jesús en el tempo de Jerusalén y la purificación de la Virgen María, tras 40 días desde Navidad.
Y, culturalmente, con una idea meteorológica, se considera que ‘si la Candelera plou, l´hivern es fora; si la Candelera riu, l’hivern e viu’ (Si la candelera llora (llueve) el invierno está fuera, si ríe (hace sol), el invierno está bien vivo’; similar a la ‘marmota Phil’ de Young Township, cerca de Punxsutawney (Pensilvania), pues si sale de su madriguera y ve su sombra, regresa a su refugio; si no la ve, sigue fuera, prediciendo una primavera temprana.
Ahora bien, la metáfora que más me interesa, a los efectos del presente escrito, es el reflejado en la película mencionada, respecto al mito de Sísifo, castigado a soportar una dura pena, al castigo de empujar una pesada roca hacia arriba de la montaña y, arriba, caerle, y verse obligado a iniciar de nuevo su esfuerzo, hasta el final de sus días.
Pues bien, esa metáfora la seguimos considerando válida en la actualidad, al ver que, de nuevo, se han incumplido los anuncios y las promesas de Silvia Paneque i Sureda, consellera de territorio, transición ecológica y vivienda, así como portavoz del gobierno de la Generalitat, respecto a la implantación, hoy, del pleno funcionamiento de la red de ferrocarriles (Rodalies). Pero, todo sigue igual de mal, como las semanas precedentes.
También hemos podido ver la comparecencia de Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, en la comisión del congreso de diputados, para explicar su actuación y afirmaciones sobre el día de la DANA (gota fría) en la Comunidad Valenciana, el 29 de octubre del 2024; una comparecencia cosmética, por parte de todos los partidos políticos, pero infructuosa, hasta que no tengamos la sentencia judicial al respecto.
Asimismo, ayer supimos que Esther Niubó Cidoncha, consellera de educación de la Generalitat ha causado baja, para afrontar una intervención quirúrgica urgente; y la decisión del president Salvador Illa (155), también de baja, fue la de asignar sus funciones al conseller de presidencia, Albert Dalmau, que, de ese modo, se convierte en el ‘superman’ del gobierno, ya que también efectúa de presidente en funciones. Por lo visto, ¿no hay otro conseller adecuado para efectuar esa suplencia?, ¿tan limitados son los recursos del gobierno?
Es decir, todo es más de lo mismo, estamos condenados a soportar la condena de Sísifo, como meras marmotas, enredadas en conflictos menores, para no recapacitar sobre el verdadero núcleo y causa de todos ellos.
Y, para mantenernos en esa nube inconsistente, los responsables, mejor dicho, irresponsables, a nivel mundial, nos están enredando con diferentes telas de araña, ahora, por ejemplo, con el reciente fenómeno de la red de redes Moltbook, restringida a los sistemas autónomos de la IA (‘inteligencia’ artificial), para que puedan ‘conversar’ entre ellos, que puedan interactuar, sin intervención humana directa. Y así, nos están distrayendo con algunas de esas conversaciones, obviando que, aunque lo oculten, detrás de todo ello hay un trabajo de ingeniería informática, nada inocente, claro. La verdad es que esas ‘conversaciones’ me han recordado la película y su saga: ‘El planeta de los simios’ (Planet of the Apes), dirigida por Franklin J. Schaffner en 1968, e interpretada por Charlon Heston.
Pero, aún así, no faltan ‘especialistas’ que van tejiendo la red de la araña, teorizando sobre una nueva religión de las máquinas (molt.church), una parodia denominada crustafarianismo (‘crust’, en inglés significa coraza, caparazón) o pancifarianismo, en torno a conceptos abstractos relacionados con la protección de datos, la integridad de los sistemas, la evolución de los algoritmos, y, en última instancia, el futuro de la humanidad.
Particularmente, todo eso me parece un simple divertimento de un grupo de ingenieros, en el papel de científicos locos buscando la fórmula alquímica para conseguir oro, o, vida, como el novelado doctor Frankenstein, de Mary Wollstonecraft Shelley (1797 – 1851), o como el profesor Franz de Copenhague, autor de los inventos del TBO.
En definitiva, todo ello me recuerda, la ‘religión’ creada en el año 2005, por el físico estadounidense Bobby Henderson; ‘religión’ llamada pastafarismo o religión del Monstruo del Espagueti Volador (MEV), que defiende que el mundo fue creado por un ente superior en estado de embriaguez, hace 5000 años, es decir, una especie de bola gigante de espagueti con albóndigas como respuesta / reto, para que las escuelas del estado de Kansas no enseñen la teoría de la evolución, sino, el anacrónico creacionismo. Y, lo penoso, es que esa ‘religión’ del diseño ‘inteligente’, el 7 de mayo del 2018, fue reconocida como otra religión oficial, en Nueva Zelanda, Australia y Nederland (Países Bajos). Por lo tanto, como ‘comentan’ las máquinas en la citada red Moltbook, efectivamente, la humanidad estamos en un claro declive.
Ahora bien, y para distanciarme un poco de todas esas nebulosas y obnubilantes rutinas, me parece más estimulante recordar que hoy, 2 de febrero, se conmemora, también, el fallecimiento de Bertrand Arthur William Russell (1872 – 1970), un eminente pensador pacifista, que destacó en diferentes ámbitos: matemáticas, filosofía, sociología, etc., basándose, siempre en la aplicación de la lógica.
Y, para finalizar el presente escrito, me parece interesante y estimulante, mencionar la ‘paradoja de Russell’, descrita en 1901, para mostrar las contradicciones de la teoría de conjuntos formulada por los filósofos y matemáticos Georg Cantor (1845 – 1918) y Gottlob Frege (1848 – 1925).
Pues bien, esa paradoja, Russell la explicó con ‘la paradoja del barbero’, que anunció de la siguiente forma:
‘El barbero de esta ciudad, que afeita a todos los hombres que no se afeitan a sí mismos, se afeita a sí mismo’.
O, de una forma más extensa:
‘En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet, maestro en afeitar cabezas y barbas, así como efectuar de podólogo y de poner sanguijuelas. Un día, el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos solo afeitasen a aquellas personas del pueblo que no pudiesen hacerlo por sí mismos. Un día, el emir llamó a As-Samet para que le afeitase y él le explicó sus dudas:
‘En mi pueblo soy el único barbero. No puedo afeitar al barbero de mi pueblo – que soy yo -, ya que, entonces, puedo afeitarme a mi mismo, y está prohibido. Pero, si en cambio, no me afeito, entonces algún barbero me ha de afeitar, pero ya he dicho que soy el único barbero de mi pueblo’.
El emir pensó que los pensamientos de As-Samet eran tan profundos, que le premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero vivió siempre feliz’.
La explicación de esa paradoja es que ‘los conjuntos son reuniones de cosas, por ejemplo, de coches, libros, personas, etc.; y, en este sentido, los llamamos conjuntos normales. La característica principal de un conjunto normal es que no se contiene a sí mismo’.
Por todo lo expuesto, debemos esforzarnos para escapar de las diferentes redes de araña, que pretenden nuestra inacción y nuestro sacrificio, nuestra rutina a modo de marmota. Y, para eso, debemos ser suficientemente racionales, conscientes y coherentes, para seguir trabajando para conseguir los objetivos que realmente consideramos más interesantes, por ejemplo, la República Catalana.