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Carles Puigdemont no tiene quién le escriba

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Gabriel García Márquez (Colombia, 1927- México, 2014) publicó en 1961, su novela ‘El coronel no tiene quien le escriba’ (obra anterior a ‘Cien años de soledad’, si bien, publicada con posterioridad)

Su protagonista (sin nombre) es un viejo coronel, un veterano de la Guerra de los Mil Días, que espera una pensión que nunca llega, malviviendo en una casa de una población (sin nombre) de la costa atlántica, con su mujer asmática (también sin nombre). La acción se desarrolla en el último trimestre de 1951. En esa casa, tenían un paraguas abierto, que para el matrimonio simboliza un recuerdo feliz de su hijo; y que sólo cierran cuando van a comentar un recuerdo malo suyo.

Durante 15 años, el coronel baja cada viernes a la oficina de correos del puerto, con la esperanza de recibir una confirmación sobre una pensión de veterano de la guerra civil.

En la oficina de correos se encuentra a su médico y amigo, que le deja el diario, que ha estado censurado.

Sin ningún ingreso, la única esperanza para ganarse la vida es un gallo de pelea, heredado de su difunto hijo, que el coronel ha estado criando durante diversos meses, con la intención de hacerlo pelear.

Después de cambiar de abogado, el coronel escribe una carta al gobierno, pidiendo nuevamente su pensión. Justo aquel día se acaba el maíz para la cría del gallo.

Durante una visita a don Sabas (el padrino de Agustín, el hijo del coronel), éste le sugiere que venda el gallo (…) y después de descubrir que su esposa había tenido que empeñar sus anillos de casado, decide venderle el gallo (…) El médico, por su parte, aconseja al coronel que no se lo venda, ya que don Sabas se lo compraría por 400 pesos y lo revendería por 900.

A su regreso a casa, con el gallo (no lo vende, para preservar su honor), discute con su mujer, que le acusa de su falta de dinero y su idealismo.

La novela acaba con la célebre escena final en que la esposa pregunta al coronel ‘Dime que comemos’ y él liberado, se arma de valor y le responde ‘mierda, comeremos mierda’, es decir, se resigna, pero sigue con la cabeza alta.

(fuente: Wikipedia)

Seguidamente hago un paralelismo entre esta novela y la situación catalana, pues, a mi modo de ver, metafóricamente, ese paralelismo da bastante juego.

Evidentemente, Puigdemont, el president catalán en el exilio, podría asimilarse al coronel, lleno de dignidad y a la espera de que llegue alguna novedad, alguna respuesta que exprese una mínima apertura de diálogo.

En la novela, el coronel reclama una pensión de veterano de la guerra de los Mil Días, que fue una guerra civil en Colombia, del día 17 de octubre de 1899 al 21 de noviembre de 1902, “causada por la envergadura ideológica del federalismo frente al centralismo entre liberales , conservadores y nacionalistas de Colombia, después de la aplicación de la Constitución de 1886 y del proceso político conocido como Regeneración (…) Las hostilidades  no empezaron hasta el 11 de noviembre, cuando las facciones liberales intentaron hacerse cargo de la ciudad de Bucaramanga, dando paso a la guerra activa. Acabaría tres años después con la firma del Tratado de Neerlandia y del Tratado de Wisconsin. La guerra resultó una victoria conservadora y aseguró el dominio continuo del Partido Conservador en la política colombiana durante 28 años más” (Wikipedia).

Al documentarme, sobre ese conflicto, que desconocía, veo que, efectivamente, hay paralelismos que frecuentemente se dan, unos tendiendo a la centralización y otros a la descentralización; es la confrontación de las tensiones centrípetas y centrífugas que dominan el universo; y que, a nivel político, se dan en todos los contextos, y en el español / catalán, también.

La espera de la respuesta puede ser inacabable, ya que, como vemos en la pactada ‘mesa de diálogo’, apenas se reunió una vez, para hacerse la foto; después, todo son excusas, que si la pandemia, que si la división de los independentistas catalanes, etc.

Asimismo, la falta de recursos económicos y la infrafinanciación económica de Catalunya, son otro paralelismo con la falta de la pensión del coronel, que los respectivos gobiernos centrales no solucionan ni piensan solucionar.

La mujer del coronel podría asimilarse a la sociedad catalana, al menos a los más de dos millones de independentistas, que vivimos dependientes, en una situación con más penurias que alegrías por tener a nuestros representantes políticos y sociales en la prisión o en el exilio; metafóricamente, el coronel y su esposa tienen el hijo fallecido.

Curiosamente, nuestros representantes llevan mil días en prisión o en el exilio; y la Guerra a la que se refiere el coronel, era la de los Mil días. Una mera curiosidad, sin más, una mera anécdota.

Así como el paraguas y el gallo, que simbolizan la dignidad del coronel y de su esposa; aquí los tenemos con la ‘estelada’ (bandera catalana con estrella) y el lazo amarillo, obviamente, que el poder no comparte, y quieren arrebatar. Judicialmente, el president de la Generalitat, Quim Torra, está a la espera de la sentencia de inhabilitación por no haber quitado a tiempo, el lazo amarillo y, después, una pancarta sobre la libertad de expresión.

Y don Sabas, el ‘amigo’ interesado del coronel, podría ser, metafóricamente, la representación de los banqueros que, siguiendo el ‘a por ellos’ del rey ‘preparado’, trasladaron sus sedes fuera de Catalunya; y también el arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella Omella, como se verá más adelante, al tratar sobre su papel de presunto mediador (de parte).

Sobre el citado cardenal-arzobispo, asimismo, es preciso señalar que ayer domingo celebró una misa funeral en la Sagrada Familia, por las víctimas del Covid; y esa misa, no cumplía los requisitos de seguridad sanitaria impuestos por la Generalitat (máximo de 10 asistentes a un acto religioso, mientras que los asistentes efectivos fueron 400). Por eso, Quim Torra ha ordenado la apertura de un expediente sancionador. Sobre el particular, el president ha dicho: ‘Me parece bien que el cardenal Omella apele a la libertad de culto, pero durante años ha olvidado la Constitución y los derechos humanos’ relativos a la libertad de expresión y ni una vez ha alzado la voz contra la represión a los políticos catalanes (…) Yo soy católico, de los Jesuitas’ ha añadido, y ha destacado haber tenido la suerte de ser educado en la teología de la liberación, y sus referentes son Pere Casaldàliga y Ernesto Cardenal, y es amigo de curas que trabajan en los barrios de Bellvitge, de l’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) y en La Mina, se Sant Adrià del Besòs (Barcelona) (…) Para mí, la Iglesia es la de los pobres, vulnerables y la Iglesia que está al lado de los presos. Esa es mi Iglesia’.

Omella, por su parte, considera que las limitaciones de la Generalitat son ‘arbitrarías’ y las llevará a los tribunales. Un claro ejemplo más de judicializar la política, que tanto ‘satisface’ al poder judicial, ya que al final es el que efectúa de ‘experto inmunólogo’ ya que apuntilla, repetidamente, las medidas sanitarias de la Generalitat.

Pero está claro, los poderes son aliadas contra el movimiento independentista, haga lo que haga.

El regidor de seguridad del ayuntamiento de Barcelona, junto con Colau, la alcaldesa, también ha criticado la decisión de la Generalitat, como hacen siempre, y comentaron en un tuit que ‘no asistirían por responsabilidad, pero desde el desacuerdo más absoluto’.

Que vergüenza de representantes políticos, religiosos y judiciales. Y eso nos ha de reafirmar en nuestras convicciones independentistas, y, de ese modo, poder barrer a toda esa gente que ‘vive’ del sistema y de su ‘confrontación’ con los independentistas.  

Y si a esa soledad de nuestro líder, por su aislamiento y desconsideración que le aflige el estado, que sólo quiere verlo entre rejas; le sumamos la soledad aplicada por muchos de nuestros conciudadanos (votantes de ERC, básicamente), la situación es más compleja, como se ve en los siguientes párrafos.

Carles Puigdemont, finaliza su libro ‘M’explico, de la investidura a l’exili’ el día 21 de diciembre del 2017, el día de las elecciones al Parlament, que el movimiento independentista volvió a ganar, si bien la fuerza más votada fue Ciudadanos, un partido de derechas. En el independentismo, JxCat, el partido de Puigdemont, obtuvo 34 diputados y ERC 32.

Pues bien, tras explicar la euforia, las llamadas telefónicas, Puigdemont constató la frialdad de ERC, ya que sólo los dos consellers de ERC en el exilio (Toni Comín y Meritxell Serret), acompañaron a Puigdemont, por eso, la última frase del libro es:

‘Los han dejado solos (a Comín y Serret), y a mi me parece que esto sólo se puede interpretar de una manera: ERC ha roto con el exilio’.

Es evidente que la soledad del líder, en determinados momentos y circunstancias, pesa como una losa.

Ahora estamos en un período preelectoral, por lo que difícilmente se establecerán nuevos puentes, pero debemos exigir que después, si salen los números, intenten formar nuevamente un gobierno de unidad independentista, olvidando otras opciones con partidos que apoyaron, directa o indirectamente, la aplicación del artículo 155 y aún hoy día justifican la prisión y el exilio, y eso nunca lo debemos perdonar, por mucho que Iceta y Colau ‘tonteen’ con esa posibilidad.

Los independentistas, mayoritariamente, seguimos confiados; ayer, Carles Puigdemont, en una entrevista a TV3, dijo que sería difícil, pero que acabaría bien.

Nosotros debemos seguir persistiendo, como dijo Mireia Boya, es la única fórmula, pues sabemos que tenemos delante un muro muy potente, como clarificó Puigdemont, pues hasta los grandes bancos catalanes (Bankaixa y Banco de Sabadell) mostraron su cara más cobarde e interesada, doblegándose a la aplicación del 155; y el arzobispo de Barcelona, que ‘formalmente’ se ofreció para mediar entre Puigdemont y Rajoy, no fue neutral, ya que, según el primero, actuó de parte, no como un religioso, si no que aplicó su papel de hombre de estado, es decir, de parte del poderoso; por eso, según nuestro president en el exilio, no actuó como un verdadero católico, como ha demostrado en su falta de atención o deferencia con los presos.

La situación es muy compleja, obviamente, por eso, si no persistimos potente y democráticamente, la alternativa será, como acaba diciendo el coronel: ‘mierda, comeremos mierda’, pero sin perder la dignidad.

Y nuestro president en el exilio seguirá sin recibir ninguna respuesta democrática por parte del estado, esto lo tenemos claro; pero no le dejaremos sólo, siempre nos tendrá junto a él, eso lo tenemos clarísimo.

Amadeo Palliser Cifuentes

amadeopalliser@gmail.com