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Por colaboracionismo se entiende la ‘actitud o ideología de quien apoya o colabora con un régimen que la mayoría considera opresivo, en especial, con las fuerzas enemigas que han ocupado su país (…) colaboración con los invasores de un país o con un régimen establecido ilegalmente en él’. Por eso, es preciso conocer, con exactitud, las actitudes e ideología de muchos dirigentes políticos, así como de muchos ciudadanos, que callan ante los continuos abusos de los poderosos, como intento argumentar a continuación.
Lógicamente, los silencios pueden tener múltiples motivaciones, desde el miedo por la propia supervivencia, por el propio estatus quo, por intereses económicos o de partido político, etc. Por eso, no podemos, ni debemos, generalizar, ya que, de hacerlo, estaremos culpando a las víctimas que han sufrido o sufren todo tipo de persecuciones, y que deben callar y asumir lo que sea, para proteger su supervivencia, por ejemplo, los sobrevivientes de los campos de concentración nazi, del holocausto.
En esa línea:
El historiador del holocausto, Peter F. Hayes, apuntó que ‘en la literatura de la Shoah no hay nada más indecoroso que la culpa que algunos escritores echaron a un pueblo casi completamente desarmado, aislado, aterrorizado, torturado y enervado por supuestamente no haber respondido adecuadamente’. Es evidente que las víctimas no tuvieron culpa de su destrucción. ‘Los supervivientes, entre ellos Elie Wiese (1928 – 2016; Premio Nobel de la Paz en 1986) y Primo Levi (1919 – 1987), también criticaron la tendencia de culpar a los judíos por su difícil situación durante el Holocausto, lo que Wiesel consideró ‘el colmo de la ironía y la crueldad: las víctimas muertas necesitan ser defendidas, mientras que los asesinos, vivos y muertos, eran dejados solos’.
La psicóloga Eva Fogelman sostiene que la tendencia a culpar a la víctima surge del deseo de ‘evitar confrontarse con la pregunta: ¿qué habría hecho yo?, y ¿habría sobrevivido? Según esa autora, ‘culpar a las víctimas no sólo distorsiona la historia, sino que también perpetúa su victimización’.
El historiador Yehuda Bauer (1926 – 2024) sostuvo que ‘quienes utilizan esos argumentos se identifican, incluso inconscientemente, con los asesinos’.
(fuente: diferentes páginas de Wikipedia)
Por eso, me parece fuera de lugar todo tipo de comparación o argumentación basada en el siguiente versículo bíblico: ‘Como oveja llevada al matadero, o como cordero que calla delante de sus trasquiladores, no abrió su boca’ (Isaías 53:7); pues, evidentemente, las personas no somos ovejas ni corderos, y tenemos unas características psicosociales propias, y cierto (limitado) margen de libertad.
Por todo lo expuesto, tengo claro que es un evidente error culpar a la sociedad, en general, acusándola, como corrupta, indolente, silenciosa, desmovilizada, etc., como ahora hacen muchos políticos y opinadores, respecto a la ciudadanía venezolana, cubana, etc. Todo es muy complejo, y se requiere mucha más información, antes de emitir cualquier tipo de juicio que no sea fácil e improvisado.
Ahora bien, y centrándome en los políticos, tenemos muestras de indignos silencios, como el del pelele de Trump, Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ante la amenaza del mandatario estadounidense, de forzar la compra o la conquista de Groenlandia. Y esos silencios, así como las limitadas y suaves advertencias de la mayor parte de los ‘líderes’ europeos, no dejan de ser, en realidad, más que simples actos de colaboracionismo interesado, no por ignorancia.
Y nadie olvidaremos al citado Rutte, cumplimentando como el vasallo más servil, a su ‘amo’ Trump, y sus carcajadas, exigiendo, acríticamente, la ampliación al 5%, la cuota de los estados a la OTAN; incremento que debía revertir en mayores compras de armamento a los EUA, y, de ese modo, cerrar el diabólico círculo. Así que, en este caso, ya no es colaboracionismo, es ser cómplice.
Y como todo anverso tiene su reverso, quizás no habrá ‘mal que por bien no venga’ y, como posible ‘beneficio’ de todo ello, quizás tendremos el final de la OTAN, como dijo la jefe de gobierno danesa, Mette Frederiksen.
Y entre los mencionados colaboracionistas (por acción y ominión), me parece evidente que Felipe VI ocupa un puesto privilegiado, pues, como ya comenté, en su fiesta de soldaditos de la pascua militar, del pasado 6 de enero:
‘avaló la inversión militar ante la sensación creciente de amenaza internacional (…) destacando el papel que ha de jugar la industria de defensa en este nuevo escenario geopolítico cargado de nuevos conflictos, así como la necesidad de acelerar la integración de tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial y los sistemas no tripulados (aéreos, navales y terrestres) como poderosos motores de transformación, ya que ha de garantizar una disuasión creíble’.
Teóricamente, los discursos del rey, excepto el de la felicitación navideña, deben estar escritos y/o supervisados por los gobiernos de turno. Así que, o bien Pedro Sánchez es el autor o el cómplice de ese discurso, si el rey se saltó las prerrogativas que le marca la constitución. Una situación análoga a su famoso y desgraciado discurso del 3 de octubre del 2017, incitando el ‘a por ellos’ (los catalanes), escrito o asumido por Mariano Rajoy (PP).
Un rey que vive rodeado de todos los lujos y prebendas, que avale un mayor gasto armamento, obviando las enormes necesidades sociales, las carencias en alimentación, educación, sanidad, vivienda, etc., no merece la corona (heredada por el ‘democrático’ poder de la bragueta)
Otro ejemplo de colaboracionismo, lo tenemos con Oriol Junqueras (ERC), pues hoy (08/01), tras su reunión con Pedro Sánchez, ha confirmado la continuación de la política del ‘peix al cove’ (pez en el cesto) practicada por el president Jordi Pujol, y tan criticada por ERC; pues me ha parecido vergonzoso verle aplaudir con las orejas el haber conseguido el mejor financiamiento de la historia del mundo mundial, que beneficia a todas las comunidades autonómicas y no perjudica a ninguna; y, claro, olvidándose de todo lo que había pactado por ejemplo, la recaudación, control y gestión de los impuestos, que nos hubiera acercado al concierto autonómico.
Todo ese montaje me recuerda a la venta de la primogenitura por un plato de lentejas, o las 30 monedas de plata, que he citado recientemente.
Y esa sumisión, que ahora utiliza y utilizará como chantaje a Junts, pues renunciar a los 4700 millones extraordinarios (sin especificar plazos, y obviando los contantes e históricos incumplimientos), afectará a toda la ciudadanía (aquí, y como hace siempre para enrollarse, ha citado a los trabajadores, a la sanidad, a las pequeñas y medianas empresas, a la educación, y un larguísimo etc.)
Hasta mañana no conoceremos el acuerdo, pues lo presentará la ministra de hacienda y vicepresidenta del gobierno y candidata a la junta de Andalucía, María Jesús Montero Cuadrado; que, claro, para no perjudicar electoralmente su próxima candidatura, beneficiará, especialmente, a Andalucía; a pesar de que, en el preacuerdo, según Junqueras se respetará la ordinalidad. Ya lo veremos, pues la ordinalidad ha de ser después respecto al neto ingresado, es decir, deducida la ‘aportación obligatoria a la solidaridad intercomunitaria’.
Y muchos ya estamos hasta el moño de promesas de lluvias de millones, de construcción de miles de pisos, etc.; promesas que siempre se acaban incumpliendo, pero, claro, tienen cierto eco mediático puntual, que es lo que realmente interesa.
Ante el contexto geopolítico que nos está brindando este nuevo 2026, tengo, más que claro, que los independentistas catalanes debemos afrontar nuestra situación, de forma pacífica, pero determinada; pues no podemos, ni debemos, seguir soportando el actual sucedáneo gobierno de Vichy (en referencia al gobierno francés colaboracionista, de 1940-1944) que preside el represor y colaboracionista Salvador Illa, ni debemos, ni podemos, seguir soportando a émulos del nefasto Henry Philippe Pétain (1856 – 1951).
Ya lo dijeron Albert Einstein (1879 – 1955): ‘No pretendas que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo’; Lao Tsé (Laozí, I a. C.): ‘No hay que ir para atrás ni para darse impulso’ y Confucio (Köng Füzí. 551 a.C. – 479 a.C.): ‘Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí’; así que debemos pasar de la simple elucubración, y actuar.