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Contraintuitivos vs intuitivos

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En plena vorágine del ‘fake news’, de noticias falsas y engañosas, vemos que, de cada vez, los contraintuitivos (contrarios al sentido común) tienen más facilidad para divulgar e imponer sus tesis antiintelectuales, conspiratorias y ‘terraplanistas’ (generalizando el término), como hemos podido ver hoy mismo, a Binyamín Netanyahu rechazando la hambruna en Gaza, diciendo que es una mentira descarada y que ellos han permitido la ayuda humanitaria durante toda la guerra. Y ejemplos así, fomentando la desinformación, abundan en todos los ámbitos, como intento explicar seguidamente.

Esta mañana (28/07) Pedro Sánchez ha efectuado una rueda de prensa, desde la Moncloa, para hacer balance de su ‘excelente’ gobierno, mencionando los ‘grandes avances sociales’ y cumplimiento de los acuerdos previos. En paralelo, al mismo tiempo, Alberto Núñez Feijóo, desde la sede del PP, ha efectuado una especie de mítin centrado en resaltar todas las maldades y perversiones del gobierno del PSOE y, claro, proponiéndose como los sustitutos que revertirán todas las medidas del ‘vende patrias y corrupto’ Sánchez.

Evidentemente, ambos discursos, opuestos y faltos de toda crítica, especialmente por la corrupción en ambos partidos políticos (casos Cerdán y Montoro, por citar los últimos), son contrarios al sentido común y a la lógica, ya que la ciudadanía no somos tan tontos como para no discriminar y evaluar, puntualmente, las diferentes acciones y sucesos, pues el sentido común nos avala que es incorrecto reducirlo todo a los polos extremos: todo positivo y todo negativo, todo blanco o negro, despreciando los matices, los grises y la relatividad de cada una de esas medidas y sucesos.

Leonard Marx (Chico Marx, 1887 – 1961), dijo: ‘¿vas a creerme a mí o creerás a tus propios ojos?’; y esa es la estrategia perseguida por los mencionados Netanyahu, Sánchez y Feijóo, como también por Trump y Von der Leyen (respecto al ‘acuerdo’ comercial firmando ayer; vergonzoso acuerdo, pues, con el titular de conseguir ‘sólo’ un 15% de aranceles (en lugar del 30% anunciado), oculta los acuerdos de compra de energía por valor de 638.000 millones de euros; inversiones por otros 510.000 millones, y compras de armas, sin especificar)

Es evidente que todos los políticos, sin excepción, tienden a fomentar esa polaridad, presentándose como ‘o yo o el caos’ (frase atribuida en 1958 a Charles De Gaulle, 1890 – 1970); ocultando lo que magistralmente apuntó el ‘Hermano Lobo, el seminario de humor dentro de lo que cabe’ (del 2 de agosto de 1975), mostrando una gran viñeta en su portada en la que se observaba un potentado político diciendo ‘¡O nosotros o el caos!’, y la multitud respondiendo: ‘¡¡El caos, el caos!!’; a lo que el político responde: ‘Es igual, también somos nosotros!’.

Y ante esta situación, es evidente que la ostentación del poder es un plus que comporta múltiples beneficios, como el de cierta ‘indulgencia’ por parte de buena proporción de la ciudadanía que, por pura conformidad y comodidad, tiende a ser favorable ‘al orden’, a lo establecido y conocido, por más contraargumentos que le puedan llegar al respecto.

Por eso, al tremendo error de ERC de apoyar el gobierno del represor Illa, debe añadirse la fatal decisión de no haber querido formar parte de su gobierno; pues, permaneciendo en ese potencial gobierno de coalición, hubiera podido tener resortes de contrapeso (por ejemplo, en el caso de la aceptación sumisa de la confiscación de las pinturas de Sixena (esta mañana los técnicos aragoneses han entrado al MNAC), sin ni siquiera plantear un contencioso contra la decisión del tribunal supremo) y, especialmente, evitar que Illa se pueda poner, gratuitamente, cuantas medallas le complazcan, por los temas más diversos (como su campaña ‘Catalunya lidera’ y su machacón lema ‘el gobierno de todos’), basándose en su ‘normalización, ausencia de conflictos, y lealtad institucional’.

Asimismo, tampoco me parece muy pragmática la tesis de Carles Puigdemont, presentándose, ayer, en Prats de Molló (Vallespir, Francia), como los ‘obreros de la esperanza’, frente a los ‘arquitectos del caos’ que, con su estrategia de ‘salir negociados de casa’ generan un ambiente ‘avinagrado’. Pero, sin presentar alternativas realmente rupturistas e ilusionantes.

Es verdad que muchos seguimos manteniendo ‘un mínimo de ilusión’ por el procés, pues, como escribió Gabriel García Márquez (Gabriel José de la Concordia García Márquez, 1927 – 2014), en su obra ‘El coronel no tiene quien le escriba (1961)’:

‘La ilusión no se come’, dijo ella. ‘No se come, pero alimenta’, replicó el coronel.

Por eso seguimos defendiendo el ‘non serviam’ (no serviré), como rechazo radical al españolismo rampante de cada vez más aceptado y asumido en Catalunya, como hemos podido ver estos días con el seguimiento de la selección de fútbol femenino (la roja), argumentando que estaba compuesta por 8 jugadoras del Barça; y eso ha multiplicado la presencia de camisetas de la selección y de banderas españolas, en los lugares más inversemblantes e inverosímiles, por una transversalidad de ciudadanía. Y eso ya no es una simple disonancia cognitiva, es la muestra de una rendición asumida, consciente o inconscientemente y, en definitiva, de la aceptación de las tesis terraplanistas imperantes.

Por todo ello es preciso que los independentistas nos ratifiquemos y defendamos nuestra intuición, nuestro sentido común (el menos común de los sentidos) y … nuestras ilusiones, pero, claro, intentando buscar alternativas para su viabilidad, ya que, en caso contrario, seguiremos siendo meros comparsas del actual ‘más de lo mismo’, que no hace más que seguir desmotivando.