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Después de unos días de descanso, me da una cierta pereza intelectual volver a escribir, ya que no hay nada nuevo bajo el sol pues, en el vergonzante reino español, estos días se ha vuelto a constatar que la corrupción es sistémica, endémica, persistente y definitoria desde las cortes de Castilla ya en la Edad Media y en el Antiguo Régimen (hasta inicios del s. XIX), y, por lo tanto, definitoria de la monarquía hispana posterior, pues esos ‘vicios’ perduran en la actualidad. Pero es lo que hay, y no podemos ni debemos olvidarlo ni dejar de criticarlo, por más tedioso que sea.
Y ese sistema corrupto en la actualidad lo podemos ver en todos los niveles: la monarquía, los partidos políticos del régimen del 78 (PP y PSOE), y los diferentes poderes, el judicial, militar, policial, eclesiástico, altos funcionarios (de hacienda y de la agencia tributaria, etc.), medios de comunicación, grandes empresas del IBEX 35, sin olvidar los bajos funcionarios (como los maquinistas de Renfe, etc.), pues todos ellos, con silenciosas excepciones, muestran su espíritu imperial, colonial, respecto a Catalunya, ya que siguen con la mentalidad de considerar a nuestro país como tierra conquistada, quemada, como bien expresó Santiago Bernabéu (1895 – 1978) (jugador, entrenador y presidente del Real Madrid CF): ‘me gusta Catalunya a pesar de los catalanes’, y Josep Borrell: ‘hay que desinfectar Catalunya’.
Y de ese gran magma de nacionalistas españoles, en Catalunya tenemos un buen elenco, un gran muestrario, descendientes directos de los conquistadores de 1714 y 1936, que tradicionalmente han actuado y actúan como virreyes, como cipayos, o como meros aduladores y arribistas del poder español. Y ese colectivo ha llegado a ocupar las más altas instancias, como la presidencia de la Generalitat por el represor Salvador Illa (por desgracia, más por demérito nuestro, que por mérito suyo)
Las Cortes de Castilla, en primera instancia, ya absorbieron a las Cortes de León, pues Fernando III el Santo (1201 – 1252), en 1230, decidió que estas segundas fueran integradas, en las de Castilla.
La composición de las Cortes de Castilla, según se especifica en la convocatoria a las Cortes de Medina del Campo de 1318, fue:
‘(…) Siendo allí ayuntados los Ricos-Homes, Obispos, el Maestre de Santiago, Caballeros, Fijosdalgo, Prelados, Caballeros y homes bonos, Procuradores de las ciudades e las villas de las Extremaduras e del Regno de Toledo, y del de León’.
En otra convocatoria de las Cortes en Madrid, de 1329:
‘Alfonso XI … fizo llamar a Cortes a todos los de su casa y tierra en Madrid, y luego que fueran ayuntados los Prelados, Maestres de las Órdenes, Ricos-Homes, Infanzones, Caballeros, Escuderos, y los Procuradores de las sus cibdades e villas de los sus regnos, fabló con ellos e les dijo, e les rogó, e les mandó, como amigos naturales que les diesen aquellos consejos que les paresciesen; y después acordó, en vista de lo que le aconsejaron, muchas providencias notables de gobierno, reforma, administración de justicia, y buen orden del Reino, otorgando muchas peticiones populares, denegando a otras y moderando bastantes de ellas’.
Es curioso destacar que, en esas Cortes castellanas, y después en las de Aragón, Navarra, Portugal, etc., existieron los personajes ‘merino’ (*), un oficial público, un cargo político-administrativo, y posteriormente también judicial, designados por el rey, por eso se les denominaba ‘merino del rey’ o ‘merino mayor’, elegidos entre la nobleza, con autoridad sobre todo el territorio del reino y sobre los diferentes merinos de cada demarcación (merinos menores, nombrados por los merinos mayores, en su zona de influencia) y sobre los sobrejunteros. Y entre otras actividades, se encargaban de controlar las cosechas, los arrendamientos del suelo y ‘caloñas’ (multas que se imponían por ciertos delitos o faltas)
(*) con referencia a los ‘maiorinus’ o ‘villici’ o ‘mayordomos’ de los latifundios señoriales visigodos encargados de la recaudación en el campo de las rentas y tributos; y competía a esos merinos la movilización de hombres armados en su circunscripción, para incorporarlos al ejército real.
El poeta y clérigo riojano Gonzalo de Berceo (1196 – 1264) no les tenía simpatía, quizá a causa de sus desafueros o corrupción, y así escribió: ‘Por ende subió al cielo, donde no entra merino’.
(fuente: Wikipedia)
Y esta arquitectura de control, solidificada y enquistada a lo lardo de los siglos, es la que conforma la ideología del funcionariado actual, especialmente el de los altos niveles y, también, por ósmosis, la de la ciudadanía del entorno de los conquistadores, respecto a los de los conquistados.
Por eso, en los temas fundamentales (unidad del reino, la corona, etc.) no hay apenas diferencia entre los políticos de izquierdas y los de derechas españoles, como vemos con las continuas mentiras de Pedro Sánchez y sus acólitos, que pactan cualquier tema, pero después, recortan, tergiversan y desmienten lo que no les conviene.
El último ejemplo, de ayer, fue el de la designación del edificio de Via Laietana 43, como sede de memoria democrática, pero sin dejar de ser una comisaría de la policía nacional, es decir, queriendo ‘casar’ la memoria de los torturados con la actividad de los funcionarios descendientes de los torturadores. Y ese ejercicio supera a los tahúres, pues Pedro Sánchez ya roza la patología más severa.
Los pensamientos filosóficos de Heráclito de Éfeso (Herákleitos, 544 a.C. – 484 a.C.) y Parménides (570 a.C. – 475 a.C.) rivalizaron durante siglos. El primero fue el ‘filósofo del cambio’ (todo fluye, nada permanece, nadie se puede bañar dos veces en el mismo río), mientras que para Parménides el ser era inmutable, ‘lo que es es’.
Y me parece claro que podríamos cuadrar el círculo, pues el corrupto, los corruptores y la corrupción, como hemos visto, son inmutables, mientras que los procedimientos, son cambiantes.
Y ante este panorama, los independentistas catalanes sabemos que no tenemos nada que hacer, salvo independizarnos, alejarnos de esa casposa casta española. No hay otra alternativa viable ni posible.