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Corrupción: más de lo mismo

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Ayer, el magistrado Leopoldo Puente, del tribunal supremo, decidió la prisión provisional para Santos Cerdán León, hasta hace unos días, secretario de organización del PSOE, por considerar que hay ‘una relación vertical’ entre Cerdán y los otros dos encausados (José Luis Ábalos y Koldo García), y que ‘podría ocultar o alterar pruebas’. Nada nuevo bajo el sol, todo encaja en el puzle del históricamente corrupto reino español, en el que los diferentes poderes del estado tienen su propio dogma y catecismo, como sabemos los independentistas catalanes, por lo que desconfiamos de todos ellos (jueces, policías, etc.), que no tienen el mínimo pudor para ‘inventar’ causas y pruebas, como he repetido muchas veces en estos escritos. Y hoy haré un más de lo mismo.

Es vergonzoso ver que, en momentos así, todos los portavoces del gobierno de Pedro Sánchez se distancien de Santos Cerdán, y María Jesús Montero, vicepresidenta primera y vicesecretaria general del PSOE, prácticamente emuló al apóstol Pedro, que, según los evangelios, después de la detención de Jesús, y antes de que cantara el gallo, negó conocerle hasta tres veces, tal como les había anunciado el propio Jesús.

Y eso nos demuestra que faltan personas realmente responsables, sinceras y claras; personas éticas que asuman su obligación y su compromiso con la realidad y con su puesto de trabajo.

Y vemos, asimismo, que Pedro Sánchez y su partido no tienen el interés de plantear medidas realmente regeneradoras; y, como pasa en todos los sistemas cerrados con comportamientos absolutistas, no hay personas alternativas para garantizar nuevos enfoques con la mínima confianza en su electorado y gobernados. 

Por todo esto, me parece ilustrativo y didáctico, reproducir la siguiente fábula:

‘La corrupción (una fábula tonta)

Este era un pequeño pueblo empotrado entre dos montañas donde todo era al revés.

Un señor que vendía la Justicia en su despacho era el juez. Otro señor que tenía una imprenta que publicaba mentiras era el Historiador. El Policía de día robaba en el mercado salchichas y quesos y durante la noche robaba niñas.

El Cura trabajaba para el Diablo y el Diablo se persignaba con un pie. En la Iglesia, el Jesús estaba colgado por los pies y el agua santa de la pila bautismal era ron.

Los ricos no pagaban la luz y los pobres pagaban la luz que no tenían. El hombre más honesto era el mudo y la adivinadora del porvenir era ciega y parapléjica. Las gallinas caminaban para atrás y las palomas vivían en túneles angostos bajo tierra.

Nada era como pretendía ser. Y al contrario, todo lo que era se decía de otra manera.

De pronto un día varios niños y niñas salieron de la escuela con una inocente misión. Ponerle a cada quién en la espalda su verdadera profesión.

Al historiador le pusieron en la espalda una etiqueta que decía, con letras grandes, Mentiroso. Al juez le pusieron una etiqueta que decía Ladrón. Al cura le pusieron Bribón. Al policía Criminal. A cada paloma le pegaron en el pecho la palabra Topo.

Entonces ocurrió algo extraordinario.

El miedo cundió. La incertidumbre anidó en los corazones y les hizo perder el ritmo. Las pesadillas infiltraron los sueños. Y la gente dejó de hablar con afirmaciones para solo frasear preguntas.

¿Qué quedcaría del pueblo si se decía la verdad? ¿quién sería el policía, el historiador, el juez o el cura, si los que habían sido ya no lo eran?

El pueblo entero se encaminó de prisa a buscar al Intelectual sabio de la región. Cruzaron en fila india un puente colgante y se encontraron al Intelectual dormido y sentado en una silla entre la hierba alta de un potrero. Y le expusieron su temor.

El Intelectual abrió despacio los ojos y contestó:

Dos largos siglos hemos mentido y esa es nuestra tradición: decirle a lo de arriba abajo, a lo bueno malo y a lo falso cierto. Si de golpe la verdad se habla ¡cuidado!, nuestro pequeño pueblo empotrado entre dos montañas … – el Intelectual abrió grandes los ojos y dijo en un soplido- … de-sa-pa-re-ce-rá.

El pueblo ya se iba del potrero, pálido y aterrado, cuando una niña le puso en la espalda al Intelectual una etiqueta que decía, en letras grandes: Tonto.

Algo extraño ocurrió en ese momento. La inquietud se aquietó, el miedo se esfumó, en la pila bautismal del templo el ron se volvió agua pura, una parvada de palomas cruzó el cielo y en los gallineros las gallinas caminaron pa’delante.

(Sabina Berman, octubre 2019, eluniversal.com)

Como dice el refrán, ‘no hay mal que cien años dure’, y eso enlaza con el mensaje de mi escrito de ayer, titulado ‘Esto también pasará’, pero ese refrán mencionado, citando a El Quijote debe completarse: ‘no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista’. 

Los independentistas catalanes sabemos, desgraciadamente, que llevamos soportando más de trescientos años al represor reino Borbón, y si no hacemos nada, llegaremos a los 400 y seguirá todo igual.

Y no podemos conformarnos, como dice otro complemento de la mencionada frase: ‘no hay mal que cien años dure, ni copazo que no cure’. No podemos continuar adormecidos, tenemos una responsabilidad ante nuestros nietos, y no debemos dejarles el problema irresuelto.

Así que, siguiendo con la anterior fábula, un primer paso será desenmascararlos a todos, como hicieron los niños y niñas, incluidos a los falsos ‘intelectuales’. Ese primer ejercicio será básico para destacar / repudiar a los falsos gurús que nos han guiado a la encerrona en la que nos encontramos, con la zanahoria de que ‘vendrá el lobo’, pues, efectivamente, la alternativa PP y Vox será mucho peor. 

Pero no debemos caer en esa trampa, pues la gobernabilidad del reino y su imposible regeneración nos ha de importar un bledo; allá se lo compongan, se lo guisen y se lo coman.

Nosotros debemos buscar nuestro propio camino para implementar el resultado del referéndum del 2017, y hacerlo de forma unilateral, sabiendo que será costoso, pues deberemos hacer frente, de nuevo, a la violencia del reino vecino, y sabemos que ese camino pacífico será doloroso, y que nadie nos ayudará ni respaldará. Pero no hay otra.