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Cuando te mueres, no sabes que estás muerto, no sufres por ello, pero es duro para el resto. Lo mismo pasa cuando eres imbécil (Albert Einstein, 1879 – 1955)

En esa misma línea:

  • Averroes (Abu-l-Walid Muhàamad ibn Ruixd, 1126 – 1198), había dicho: ‘La ignorancia lleva al miedo, el miedo lleva al odio, y el odio lleva a la violencia. Esta es la ecuación’.
  • Y Benjamín Franklin (1706 – 1790) dijo: ‘Todos nacemos ignorantes, pero hay que esforzarse mucho para seguir siendo estúpido’.
Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Estos pensamientos me vienen a colación, tras leer las siguientes declaraciones de Joan Tardá (exportavoz de ERC en el congreso): ‘El 2028 querría a Oriol Junqueras presidente de Catalunya y a Salvador Illa de vicepresidente’, pues esas declaraciones de Joan Tardà i Coma, me parece que encajan, a la perfección, en los anteriores pensamientos.

Todos sabemos que los políticos tienen la ‘virtud’ de vender la burra cuando y como les interesa, sin el menor pudor, ni memoria. Y esa impudicia, con carácter casi general, la compramos, acríticamente, como ahora, que el represor Salvador Illa y el mencionado Oriol Junqueras, intentan ‘explicar’, cada uno desde su respectiva poltrona, las virtudes de su postura ante el retraso de los presupuestos generales de este 2026.

Illa, como su jefe y mentor, Pedro Sánchez, se han acostumbrado a vivir sin presupuestos generales, incumpliendo, flagrantemente, su ‘sacrosanta constitución; pero, claro, los poderes judicial y fiscal, no actúan de oficio, incumpliendo también, por lo tanto, sus obligaciones. Y, así, no pasa nada. Esa es su ‘democracia’.

Y mientras los catalanes discutimos por esas nimiedades, el estado español sigue con su ‘impasible ademán’ (falangista), imponiendo su determinación, por ejemplo, instalando en el ‘Saló de l’Ensenyament’ (salón de la enseñanza) un stand de su ejército español, a pesar de las críticas de los sindicatos mayoritarios al respecto (CGT y USTEC), que consideran que eso ‘no es formación sino reclutamiento’, pero claro, los sindicatos españolistas y subvencionados, como UGT y CCOO, han callado, y el que calla, otorga, como es sabido.

Y esa postura del estado español desatiende, asimismo, a los manifestantes, con pancartas muy claras, como ‘las armas no educan, las armas matan’; y, así, vemos el cinismo de Pedro Sánchez, con su ‘no a la guerra’, mientras que, por detrás, sigue siendo el décimo vendedor de armas del mundo.

El estado, como he dicho, va a la suya, como vimos ayer con la nueva sentencia del TSJC (tribunal superior de ‘justicia’ de Catalunya), rebajando el nivel de exigencia del catalán, para el puesto de chófer, al considerar que es excesivo el B2 exigido, que es el nivel intermedio, y que se da a todos los alumnos al acabar la enseñanza obligatoria. Es decir, los ‘jueces’ se atribuyen, excesiva y abusivamente, funciones que escapan a su conocimiento legal, y entran como un ‘elefante en una cacharrería’, en temas docentes.

Y, mientras tanto, los catalanes ‘nos comportamos como un ‘esbart dansaire’ (grupo de danza folclórico), como dijo ayer, el filólogo y lingüista Gerard Furest, miembro del grupo Koiné, en su ensayo ‘Un país als llimbs’ (un país en el limbo), editorial Núvol.

Furest señala que siempre vamos con el ‘lliri a la mà’ (el lirio en la mano), y cree que es preciso que aceptemos el conflicto nacional y también el lingüístico (…) si los catalanoparlantes aumentásemos nuestra lealtad lingüística, o fidelidad lingüística, la temperatura del país subiría mucho’.

Por todo ello, me parece ilógico e inmoral, que el citado Tardà, como el ERC en su conjunto, hayan apostado por favorecer el gobierno del represor Illa, y que su sueño húmedo, sea gobernar con él de vicepresidente. Y, en esa misma línea, Tardà, que, a nivel estatal, apadrine la postura del españolista Gabriel Rufián sobre el frente de izquierdas, diciéndole ‘no afluixis’ (no aflojes), es demencial, por decirlo de forma suave. Un diputado como Rufián, que dijo que estaría 18 meses en el congreso, es decir, hasta conseguir la independencia de Catalunya, pero que ya lleva 10 años en su poltrona de diputado en Madrid, ganando más dinero y prebendas de lo que nunca hubiera sido capaz de soñar.

Y me parece evidente que, en esos 10 años, habrá aprendido mucho de moverse por las esferas y cenáculos del poder español, pero no ha aprendido nada más, haciendo bueno el anteriormente citado pensamiento de Franklin: ‘Todos nacemos ignorantes, pero hay que esforzarse mucho para seguir siendo estúpido’.

Y por su parte, ERC, dirigida por el soberbio y prepotente Junqueras, confirma, asimismo, el mencionado pensamiento de Einstein, ‘cuando te mueres, no sabes que estás muerto, no sufres por ello, pero es duro para el resto. Lo mismo pasa cuando eres imbécil’; pues, al paso que lleva, ‘olvidando’ su ideología original, está llegando al estado zombi, con una insignificancia total y, por lo tanto, pasará a ser irrelevante.

Por todo ello, si el conjunto de los catalanes, en especial, los independentistas, no queremos acabar como esos personajes zombis, deberíamos ser beligerantes, como señaló Furest, y dejar de ir con el lirio en la mano. No hay otro camino, si queremos mantener nuestra fidelidad y lealtad al referéndum del 2017.

Hemos de tener presente que no hay ninguna medida inocua, como, por ejemplo, en el nomenclátor de Barcelona, Víctor Balaguer i Cirera (1824 – 1901) puso el nombre a la calle ‘Compromís de Casp’, en referencia al acuerdo del 24 de junio de 1412, tomado por los jueces elegidos por los parlamentos del Principat de Catalunya y de los reinos de Aragó y de València, para la entronización de ‘Catalunya i Aragó’ de la casa de Trastámara, tras la muerte del rey Martí l’Humà, el 31 de mayo de 1410, sin sucesión directa. Pero, en la dictadura franquista, se modificó el nombre de esa céntrica calle, dejándola como ‘Caspe’, perdiendo su significado original. Y, como cantó Raimon (Ramon Pelegero i Sanchis’, ‘qui perd els orígens, perd identitat’ (quien pierde los orígenes, pierde identidad).

Y, tras esa dictadura, el actual estado sigue con su mantra ‘que surja el efecto, sin que se note el cuidado’, como estableció Gaspar de Guzmán Pimentel (1587 – 1645), el conde duque de Olivares. Y, los ciudadanos lo hemos asumido dócil y acríticamente.