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Del ‘EUA, caput mundi’ al ‘EUA, kaputt’

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En la antigüedad se consideraba ‘Roma caput mundi’, pues era claro que la ciudad de Roma era la ‘cabeza o la capital del mundo’, el centro político, cultural y económico del Imperio Romano y, por extensión, del mundo conocido. Y ese papel, hace décadas que lo asumió los EUA. Ahora bien, así como los romanos tuvieron su declive, por los denominados ‘bárbaros’ (extranjeros), en el caso de los EUA, su particular ‘bárbaro’ (en sentido peyorativo) ha llevado a su país y, por extensión, a su momento ‘kaputt’ (término alemán), es decir, a la destrucción, a lo acabado; o al ‘capot’ (francés) vencido; o al ‘caput’ (catalán), acabado, liquidado, decapitado; como intento explicar a continuación.

Asimismo, del ‘caput’ o ‘capuz’ (en italiano), derivó el término ‘capo’, para denominar a los jefes de las diferentes organizaciones mafiosas, así se dice que ‘cuando un capo es ejecutado, le dieron caput’.

Y, por las actuaciones de Donald Trump, me parece claro que se ajusta a esa expresión italiana; pues, por sus actuaciones, está llevando o ha llevado ya, a los EUA, a su declive cultural, económico y político, ya que su actual ‘democracia’ ha hecho aguas por todos lados, por lo que ha dejado de ser el estado modélico que todos considerábamos.

En la novela ‘Moby Dick’ (1851), de Herman Melville (1819 – 1891), el capitán Ahab es el protagonista, monomaníaco (centrado en la matanza de la gran ballena blanca) , para lo cuál, obliga a su tripulación del Pequod, a seguirle; por lo que Ahab ha pasado a ser considerado como ‘la personificación del fanatismo’, ‘un hombre impío semejante a dios’ y, como dicen algunos críticos ‘la tragedia de Ahab es la de una voluntad no regenerada’ cuya ‘mente ardiente está excluida de la exuberancia del amor’, por lo que ‘permanece condenado’.

‘Ahab recibió su nombre de su madre, una mujer viuda y con problemas mentales, que murió cuando él tenía 12 meses. La etimología del nombre Ahab proviene del hebreo y significa ‘hermano del padre’ (…) su nombre es una alusión auspiciosa al personaje bíblico del mismo nombre, conocido por su maldad e idolatría (…) el capitán Ahab, según la novela, perdió una pierna durante su penúltimo viaje para cazas a la ballena blanca, lo que le dejó un carácter sombrío y un fuerte deseo de venganza contra Moby Dick.

(…) Cuando finalmente avistan a la ballena, comienza una desastrosa persecución de tres días. Ahab lanza su arpón y alcanza a Moby Dick, pero la cuerda se enreda en su cuello y lo arrastra fuera del barco cuando la ballena se sumerge, ahogándolo.

Finalmente, la ballena embiste a la embarcación Pequod, y la destruye.

(fuente: Wikipedia)

Pues bien, metafóricamente, el mencionado capitán Ahab, me parece una buena parodia de Donald Trump, ya que tiene un gran paralelismo, especialmente por su fanatismo, por su maldad y por su monomanía respecto al MAGA (make América great again), es decir, su Moby Dick.

Asi, vemos a Trump, embarca a su país, en su Pequod, para luchar en todo tipo de guerras de conveniencia, es decir, por razones estratégicas y económicas, para consolidar su poder interno, y acallar a la oposición. A diferencia de las guerras por necesidad defensiva, las de conveniencia buscan objetivos particulares y con pretextos calculados.

Y este es el panorama que tenemos, un Trump que, como Atila (406 – 453), el rey de los hunos, del cuál se decía que ‘no crece la hierba, por donde pasa su caballo’, expresando, así, la destrucción total y difícil de revertir, en los países derrotados, como vemos ahora, con Irak, Afganistán, Siria, Irán …

Por lo tanto, en este momento confluyen todos los inputs, culpa del nuevo jinete del apocalipsis, que genera conquistas (caballo blanco), guerras (caballo rojo), hambre (caballo negro) y muertes (caballo pálido). Según el citado libro del Apocalipsis, estos males se liberaron al romperse los cuatro sellos del Juicio Final. 

Y Trump, al romper con todos los acuerdos logrados en la guerra fría, despreciando a la ONU, y a los derechos humanos, etc., liberó a todos los males actuales: guerras físicas, económicas, financieras, etc.

Aún así, ese nuevo ‘caballo naranja’, ha desestabilizado a todo el mundo. Pero, a pesar de todo, su ego sigue manteniéndose, ya que es el personaje más popular de nuestro planeta. Todo el mundo le conoce, y todos los medios de comunicación le dedican mucho tiempo y espacio, para bien o para mal.

Ahora bien, en el mundo hay otros personajes grises y mediocres, que le bailan el agua, o, en su caso, no se atreven a llevarle la contraria, abiertamente. El caso de Pedro Sánchez es paradigmático, ya que, por motivos internos, se erigió en su oposición, sin medir las consecuencias, ni procurar el pacto con sus colegas de la UE; aún así, de momento, esta jugada no le está saliendo mal, pues las encuestas le han revitalizado.

Por el contrario, tenemos a otros personajes subsidiarios de Pedro Sánchez, como Salvador Illa (155), que se aprovecha de su estela, pero sin ser capaz de capitalizar su beneficio, ya que, según explicó Marta Lasalas, en su artículo titulado ‘La respuesta de Salvador Illa a los jóvenes que desconocen el nombre del presidente de la Generalitat’, explicó que:

‘(…) los jóvenes encuestados sobre el nombre del president de la Generalitat, contestaron que era Pedro Sánchez, otros lo desconocían, otros, al darles la pista de ‘Salvador’, contestaron Dalí, otros dijeron que no lo habían visto ni oído nunca. Al ser consultado Illa sobre esta encuesta, respondió que ‘no podía ser’ y que ‘no creía que la juventud esté desinteresada de la política’, por lo que su gobierno hará un esfuerzo para que los jóvenes sepan quién es el president de la Generalitat, y lo que está haciendo su gobierno, para conseguir una sociedad más justa (…)’.

(elnacioal.cat, del pasado 19 de marzo)

La verdad es que Salvador Illa, desde el minuto uno de su gobierno, ha mantenido una gestión comunicativa centrada en el ‘govern de tothom’, que está claro que no le funciona; y creo que tampoco le funcionará lo que haga, por más esfuerzo que haga; ya que la realidad es compleja.

Por eso, Salvador Illa, difícilmente pasará a la historia por su gestión, como pretendía y, obviamente, mucho menos por una política para todos; así, tras sus años de gestión españolista y españolizante, dejará un país en el que difícilmente crecerá la hierba democrática y de respeto a todos, independentistas incluidos.

Por todo ello, me parece que deberíamos dejar de sentirnos apáticos, asumiendo, sin más, la penosa situación actual.

Ya que, por el contrario, a los catalanes nos pasará como al capitán Ahab y a la tripulación del mencionado buque Pequod, arrastrados por la ballena rojigualda, españolista. Y, así, Catalunya también pasará de ser el motor español, de ser el particular ‘Catalunya, caput  España’ al ‘Catalunya, kaputt’, que es lo que quieren los españolistas, y Salvador Illa, como el mentor de esas políticas de la Ñ.