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Tal como indicó el asesino y rebelde Francisco Franco en su último parte de guerra, del 1 de abril de 1939: ‘En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado’; podemos constatar que el sistema actual ha concluido su trabajo, pues los independentistas estamos cautivos y desarmados, ‘gracias’ a los poderes herederos del colonialismo franquista, más vivo que nunca, como podemos ver por sus disciplinados alumnos, desde el Borbón Felipe VI, hasta su vasallo Salvador Illa, que nos han cosificado, nos han reducido a simples objetos folklóricos; como intento explicar en este escrito.
Y ese fenómeno no es exclusivo del reino español, que es residual internacionalmente, sino que, en el desconcierto mundial, culpa a personajes como Donald Trump, Vladimir Putin, Binyamín Netanyahu, Alí Jamenei, etc., la brújula política tiende a favorecer el pensamiento de extrema derecha (la derecha alternativa, el ‘alt-right’ o nacionalismo (supremacismo) blanco del ideario de los MAGA), siguiendo la pauta marcada por Steve Bannon, Jared Taylor, Kevin (fundador del American Renaissance), MacDonald, etc.
Y así, todos nos hemos vuelto insensibles, ya que hemos normalizado las diferentes guerras y sus terribles consecuencias; si bien, puntualmente, nos cabreamos, ante la anunciada ejecución (colgado en una grúa delante de toda la sociedad y la familia) de Saleh Mohammadi, joven de 18 años, campeón de lucha libre, acusado por participar en las protestas contra el actual régimen iraní; pero, en realidad, ese cabreo efímero, no deja de ser la excepción que confirma la regla mencionada. Y, así mismo, nos demuestra que obviamos el dolor popular y anónimo. Y todo sigue igual, e Irán participa y participará en los campeonatos internacionales, como si nada.
Hoy (19/02), en elnacional.cat, Antoni Strubell i Trueta, publica un interesante y documentado artículo titulado ‘155 en ‘el espíritu de Catalunya’ ¿El retorno al gueto?’, en el que explica que Salvador Illa está aplicando un verdadero proceso de sustitución nacional, cultural y emocional de la realidad catalana, y lo hace con todo el soporte del estado, y es una situación diferente de la del 1939, claro, pero con alarmantes puntos en común, pues quieren convertir el concepto del catalanismo emancipador, poco menos que en un crimen (…) pues la misma Generalitat y el imperio petainista y subvención-friendly ha sabido crear en su entorno, mediante personajes españolísimos como Jaume Duch, Cristina Farrés, etc. Y Strubell concluye diciendo que ‘Ciertamente, Franco no lo habría hecho mejor’.
Strubell tiene una clarividencia, honorabilidad, decencia, docencia y ejemplaridad, fuera de toda duda; como, personalmente, me demostró hace décadas, ayudándome en un problema burocrático académico. Y si supiéramos valorar a personas de esas características, las cosas nos irían mucho mejor.
Pero, dada nuestra cosificación, hemos asumido la maldita normalización mencionada; y, ante esa situación, nos excusamos de mil formas, diciéndonos: que si los líderes independentistas del 2017 hubieran…; que nosotros ya hicimos lo que pudimos …; que si fuéramos más jóvenes …; que ahora toca a otra generación…; etc.
Y dado nuestro estado depresivo (que ni siquiera reconocemos), nuestro pasotismo es tal, que incluso asumimos decisiones que, en otro momento, nos hubieran sublevado, como, por ejemplo, con estos dos casos de esta misma semana:
- que la Generalitat plantee un complemento salarial para evitar el éxodo de los jueces de Catalunya, dado el diferencial del coste de la vida; pero, claro, en el momento de establecer el nuevo sistema de financiación autonómico, el superior nivel de costes, del IPC catalán, no se tuvieron en consideración.
- que el director de la policía autonómica, José Luis Trapero, junto a la consellera de interior, Núria Parlón, mintieran en la comisión de interior del Parlament de Catalunya, para justificar la acusación de Albert Forcades, independentista que, en la manifestación convocada por la ANC ante el monasterio de Montserrat (en la vigila de sant Joan del año pasado), contra la visita de los reyes españoles, participase llevando una estelada (bandera independentista) izada en una asta extensible, como una caña de pescar. Y fue acusado de golpear con ella, en la oreja, a uno de los agentes de la brimo (antidisturbios). Afortunadamente, los vídeos confirmaron la realidad, es decir, que uno de los agentes policiales estiró la estelada, golpeando al otro agente; por lo que el juez Ramón Landa, titular del tribunal de instancia núm. 5 de Manresa, esta semana ha absuelto al acusado, desestimando la acusación y cerrando el caso, según la interlocutoria efectuada. Pero, que Trapero mintiera y exagerase en el Parlament, ante la aquiescencia de Parlón, y también en el atestado, diciendo que ‘aquello no era una caña de pescar, aquello era lo que yo le he dicho, un arma extensible (…) cuando acceda a las diligencias policiales, lo verá, era una defensa extensible que se utilizaba con esta finalidad (…) las diligencias dirimirán quién tenía razón (…)’. Pues bien, esa deplorable forma de proceder del poder debería ser censurada, criticada, castigada y abolida. Pero no pasa ni pasará nada, ya que, atacar al independentismo, da méritos ante el poder español; y eso es así. Pero lo que es más grave, todavía, es que la ciudadanía, y gran parte de los independentistas, asumamos acríticamente, esa forma de proceder.
Pero, como he dicho, no pasa nada, ni pasará, aunque veamos que el poder español aplique la estrategia y la táctica que Aesopus (Esopo, s. VII a.C.) reflejó en la fábula ‘El criado negro’:
‘Cierto sujeto tomó por criado a un negro, y como era la primera vez que empleaba a un hombre de color para su servicio, creyó que aquel color oscuro se debía a su falta de limpieza.
Metedle en una cuba de agua, dijo el amo a los otros criados, lavadle, restregadle cuanto podáis, hasta que se vuelva blanco como nosotros.
Los criados, poniéndose a la obra, enjabonaron y frotaron una y mil veces al negro, mas todo fue en vano: el criado seguía tan negro como antes.
Tan exagerado aseo provocó al infeliz una pulmonía fulminante, que se lo llevó al otro mundo’.
En definitiva, que mientras sigamos cosificados, como en la actualidad, seguiremos asumiendo que nos laven y depuren (el nefasto José Borrell, del PSOE, dijo que nos debían desinfectar), hasta que perdamos la más mínima esperanza e ilusión de conseguir la República Catalana.
Y asumir ese ‘trabajo’ del represor Salvador Illa, como representante del colonialismo español, con su falso lema del ‘govern de tothom’ (gobierno de todos) como identidad corporativa, es hacerse cómplice, pues no deja de ser un nuevo ejemplo de la banalización del mal, como explicó Hannah Arendt (1906 – 1975).
Pero quiero seguir confiando que, más pronto que tarde, a todos nos caiga la venda de los ojos, y veamos en el ‘cocido madrileño’ en el que nos están poniendo, como si fuéramos meros componentes más.