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La polarización política y la consecuente confrontación social (o viceversa, pues de todo hay en el contexto internacional), se sustentan en la desmemoria, a la que he hecho referencia en diferentes escritos, y éste será otro en esta línea, para contrarrestar los discursos ditirámbicos (alabanzas exageradas) de los unionistas españolistas.
Y, sobre el particular, hoy (09/11) he encontrado las siguientes referencias, que me parece interesante resaltar:
Jordi Muñoz, en su artículo titulado ‘Contra la política de la nostalgia’ (Ara), comenta que: ‘(…) No puede haber política de la nostalgia sin olvido. Y como la memoria es un ejercicio de poder, lo que se olvida suele ser la historia de los vencidos, de los subalternos y de los marginados. Y por eso, la política de la nostalgia siempre es profundamente reaccionaria (…)’
Esther Vera (directora del Ara), empieza su artículo titulado ‘El vaso, el fuego y la escuela’, con la siguiente cita: ‘La educación no es llenar un vaso, sino encender un fuego’ (Platón, ‘La República’, 370 a.C.)
Y Joan Minguet Batllori, su artículo titulado ‘La dictadura de los que opinan sin saber, sin querer saber’ (publicado en Vilaweb, el pasado miércoles, lo inicia con la cita: ‘El ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona’ (Aristóteles, 384 a.C. – 322 a.C.), y sigue comentando que:
‘Un personaje del escritor italiano Erri De Luca, en su libro ‘Imposible’, es interrogado por un fiscal y, de súbito, dice: ‘Desde mi punto de vista, usted no sabe nada. Pero tiene el poder de decidir incluso sin saber nada. Este es el objetivo máximo del poder, llegar al grado máximo de incompetencia y decidir sobre cualquier cosa’ (…) la judicatura española nos demuestra que, desde la ignorancia total y el odio, como el caso que describe De Luca, ejerce un poder despótico. No me entretendré a dar ejemplos, salvo uno, Pablo Hasel (*).
Pero no quiero hablar de la judicatura española. Creo que la cita del escritor italiano nos permite avanzar hacia un aspecto más grave de esta coronación del no saber nada. Y más grave todavía, regocijarse en esta condición del ignorante. El sistema en el que vivimos está consiguiendo que nuestra sociedad se haya inclinado hacia la extensión generalizada de este fenómeno ulterior a la postmodernidad: el descrédito del conocimiento. En pocos años, se ha establecido un modo de funcionar según el cual, en las redes, y en según qué medios periodísticos (la ofensa a la razón que suponen tantas y tantas tertulias), todos opinan sobre casi todo. Y se hace sin la necesidad de tener ninguna formación específica sobre muchas de las materias sobre las que dejan ir sentencias para todo. Como si se tuviese razón a pesar de no tener ninguna base para formular juicios.
Fijémonos que este es un cambio de paradigma respecto del mundo del que venimos: la formación valía para alguna cosa; y la transmisión de conocimiento, también. En las escuelas y en las universidades, la educación debía servir para preparar personas instruidas. Y habían de ser esas personas las que participasen en el futuro de las generaciones que van llegando.
Pero este modelo ilustrado está en crisis. Ahora, llega un jugador de fútbol y se atreve a decir que la tierra es plana, que nos fumigan para inocularnos no sé qué virus. Y unos le ríen las gracias y otros deben pensar que tiene razón. Pero, si llegamos a saber estas creencias nauseabundas, es porque alguien le hace preguntas o multiplican impúdicamente lo que ha dicho ces a saber dónde.
(…)
El científico Asimov ya lo advirtió hace muchos años, en un artículo publicado en la revista Newsweek en enero de 1980: ‘En los EUA hay un culto a la ignorancia, y siempre ha estado. La tensión del antiintelectualismo ha sido un hilo conductor constante que se ha ido abriendo camino a través de nuestra vida política y cultural, alimentado por la falsa idea que la democracia significa que ‘mi ignorancia es tan buena como vuestro conocimiento’.
(…)
Que conste: donde Asimov decía EUA, ahora podemos poner España o Catalunya, que aquí no se salva nadie. En el Principado hemos tenido presidentes sin formación universitaria y que apenas saben hablar catalán. Y ha habido otros, en todos los países, que quizás tenían estudios, pero no lo parecía. Porque, desgraciadamente, muchas veces el poder no se ejerce desde el conocimiento, sino desde la mentira.
(…)
El problema me recuerda la teoría de la cultura de mosaico que planteó Abraham Moles en la segunda mitad del siglo XX: antes de la aparición de internet, él ya describió un nuevo modelo de conocimiento, hecho con fragmentos (las teselas del mosaico), enfrente del conocimiento de la Ilustración, que suponía un aprendizaje sólido, holístico. La cultura del mosaico suponía que el indivíduo aprendía cosas de manera desordenada, fruto de la sociedad masificada.
(…)
No querría que se entendiera este escrito como una reivindicación del pasado en términos absolutos. En el modelo de la Ilustración, el conocimiento estaba secuestrado por las clases dirigentes; era el poder (la iglesia, la nobleza, la burguesía) el que administraba quién podía estudiar y quien no (…)’
(Vilaweb, 5 de nov. 2025)
(*) Pablo Hasél (Pau Rivadulla i Duró), un rapero y poeta de 37 años, que está encarcelado desde el 16 de febrero del 2021, por el delito de enaltecimiento del terrorismo y calumnias e injurias contra la corona; y acumula cuatro condenas que suman 6 años y medio de prisión, siendo el primer músico del reino español que cumple condena por las letras de sus canciones, que, como se ha sabido, no eran calumnias ni injurias, eran verdades sobre la corona y, especialmente, sobre el rey emérito; pero le hacen pagar por ser independentista catalán. Otra muestra de la INjusticia española, elogiada, ditirámbicamente, por gente que no sabe o no quiere saber nada de nada.
Y esos personajes que no saben ni quieren saber, son los que nos gobiernan y copan todos los estratos de los diferentes poderes públicos y privados. Pues si tuvieran conocimientos y un mínimo de ética y de moral, corregirían, de forma inmediata, la situación represiva de la sociedad catalana, en todos los aspectos: de libertades, de derechos, económicos, etc.
Pero vemos que no hacen nada para revertir esa situación de represión y en infrafinanciación, salvo poner paños calientes para simular que hacen lo que no quieren hacer, pero se ven forzados a aparentar que hacen.
Y en éstas están todos, desde Pedro Sánchez hasta Salvador Illa y Jaume Collboni, pues todos ellos se deben, de forma prioritaria, a su partido (el PSOE) y al sistema propugnado por el régimen del 78.
Pero también están los líderes del PP, Vox, y todos los partidos sistémicos, unionistas españoles.
Pero lo grave es constatar que la ‘incultura’ voluntaria, también abarca a buena parte de la población catalana; ya que así pueden vivir en su actual estado de narcotizador confort.
Pues es impensable que alguien con conocimientos históricos objetivos, y con una amplia visión de la situación actual, sobre derechos, libertades, economía, etc., continuase siendo unionista del represor y colonizador reino español.
Y más impensable sería que un president de la Generalitat (como Salvador Illa) o el alcalde de Barcelona (Jaume Collboni), actuasen dando cobertura y respaldando al gobierno colonial español, como vienen haciéndolo, por lo que demuestran unos bajos niveles de ética, moral y … de aptitud para el cargo.
Para justificarse, nos dicen que procuran el bien común de todos los españoles, por igual; pero cuando, década tras década, se observa que ese tratamiento igualitario no se aplica para los catalanes, que nuestra lengua está perseguida y minorizada, que su mordaza de constitución nos mantiene colonizados a la fuerza, que podemos votar partidos independentistas, con un programa al efecto, pero que es impracticable, si no lo decide toda la población española, y su judicatura española, que es española, pero no judicatura, como sabemos.
Así, mantienen hibernado el conflicto entre España y Catalunya, pues no les interesa resolverlo, máxime, cuando está constatado que ir contra los catalanes es muy rentable electoralmente, pues les da muchos votos, dado el odio generalizado que nos tiene la sociedad española, potenciado y multiplicado tras el desastroso mensaje de Felipe VI el 3 de octubre del 2017.
Y ese conflicto es como el elefante de George Philip Lakoff (n. 1941), ‘aquél en el que no se ha de pensar, pero es imposible no hacerlo’; pues, según este lingüista cognitivo y filósofo americano, ‘las vidas de las personas están significativamente influenciadas por las metáforas conceptuales que utilizan para explicar fenómenos complejos’, y, claro, imponiendo el marco mental de su sacrosanta unidad española como bien máximo y último del reino e, ignorando todo tipo de críticas, disensiones o razonamientos adversos, quieren conseguir que el conflicto acabe como la mencionada metáfora del elefante, que Lakpff sintetizó en su libro ‘No pienses en un elefante’.
En ese libro, el autor explica que:
‘(…) los conservadores estadounidenses han invertido billones de dólares desde los años setenta en think tanks, en financiar investigaciones y encuentros dedicados a estudiar la mejor forma de estructurar y comunicar sus ideas y de destruir las posibilidades de su adversario. Y lo lograron. Consiguieron definir las grandes cuestiones políticas en sus términos y etiquetar a sus opositores desde su lenguaje y sus valores. Los demócratas estaban claramente a la defensiva, al menos hasta que, gracias en parte a la decidida contribución de Lakoff, éstos, a su vez, han conseguido recientemente, afirmar una posición alternativa a la de los neoconservadores’.
(Cristina Peñamarín, autora de la presentación del mencionado libro de Lakoff)
En definitiva, la situación histórica del conflicto español – catalán o catalán – español, me recuerda el microrrelato de Augusto Monterroso (1921 – 2003): ‘Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí’, y así seguirá, si los independentistas catalanes seguimos tomando los narcóticos que nos prescriben los poderes colonizadores y sus cipayos; y seguiremos viendo el dinosaurio en nuestra habitación catalana, a pesar de todas sus políticas y sus medidas (y zanahorias).
Y si queremos romper esta dinámica, los independentistas deberíamos seguir el mencionado pensamiento de Platón: ‘La educación no es llenar un vaso, sino encender un fuego’, y sobre el particular, deberíamos esforzarnos para superar las informaciones, las esporádicas píldoras sobre nuestra historia y represión, y pasar al estadio superior, el de encender el fuego, las ganas y la necesidad de saber respecto a los derechos humanos, los derechos fundamentales de la libertad, igualdad, etc.; derechos que están por encima de cualquier ley o constitución formulada en una situación irregular y atípica, y acorazada para blindar la herencia de la sacrosanta unidad española, que sigue atada y bien atada, como lo dejó el dictador y asesino Franco, del que el próximo día 20 se cumplirán 50 años de su fallecimiento en la cama, y que la corona y el estado español blanqueó y sigue blanqueando.