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Donald Trump la antítesis de Woodrow Wilson

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

El último capítulo de la obra de Stefan Zweig (1881 – 1942), ‘Moments estel.lars de la humanitat’ (1927), que he citado repetidamente, se titula ‘Wilson fracassa: 15 d’abril de 1919’, forzosamente me ha sugerido la comparación con Trump, que me parece la antítesis de Wilson, por lo que seguidamente expongo.

A Donald Trump ya le conocemos, por eso, a continuación, me limito a reproducir una breve reseña de Wilson:

Thomas Woodrow Wilson (1856 – 1924), 28 presidente de los EUA, galardonado con el Premio Nobel de las Paz en 1919, miembro del partido demócrata, fue conocido, entre otras cosas, por su idealismo wilsoniano, basado en 14 puntos en los que exponía la voluntad de un mundo donde se respetase la autodeterminación de los pueblos y el libre comercio. Esos 14 puntos debían ser la base de la Sociedad de Naciones (organización internacional predecesora de la ONU, creada en el Tratado de Versalles en 1919. Wilson pretendía un mundo que protegiese a los ciudadanos corrientes contra el poder absoluto de las grandes corporaciones. Su influencia fue clara en Franklin D. Roosevelt. Wilson, anticipándose a su tiempo, fue un estadista que se opuso al imperialismo europeo, y contra la dominación económica que se conoce como imperialismo informal.

(información de Wikipedia)

Zweig, entre otras observaciones, efectúa las siguientes:

‘(…) en la ausencia de Wilson, los militares son los que habían trabajado de manera más enérgica y peligrosa. Todos los mariscales y generales, que durante cuatro años han estado en el centro de interés, que, con sus palabras, con sus decisiones y su arbitrariedad han hecho esclavas centenares de miles de personas durante cuatro años, ahora no están dispuestos de ninguna manera a retirarse humildemente., Un Covenant que les quiere quitar su instrumento de poder, los ejércitos, amenaza su existencia, ya que pide abolir el servicio militar obligatorio. Así, este disparate de la paz eterna, que haría que su profesión no tuviese ningún sentido, se había de eliminar sin falta o desviarlo hacia una vía muerta. Exigen con amenazas el rearmamento en lugar del desarmamiento de Wilson, nuevas fronteras y garantías nacionales en lugar de la solución supranacional. Sólo se puede garantizar el bienestar de un país si se arma el propio ejército y se desarma el del enemigo, y no con catorce puntos escritos en el aire.  Detrás de los militares, presionan los representantes de los grupos industriales, que mantienen en marcha sus empresas bélicas, y los intermediarios, que quieren ganar dinero con las reparaciones de la guerra. Los diplomáticos, siempre amenazados por los partidos de la oposición, están cada vez más indecisos. Cada uno de ellos quiere ampliar su país con un buen trozo de tierra. Solo es preciso teclear con destreza un par de botones del teclado de la opinión pública y todos los diarios europeos, apoyados por los americanos, hacen variaciones sobre el mismo tema en todas las lenguas: que Wilson con sus fantasías pacifistas, está retardando la paz. Las utopías, por sí mismas muy loables y seguramente llenas de un espíritu idealista, impiden la consolidación de Europa. Ahora ya no hay más tiempo para perder con reflexiones morales y consideraciones supramorales. Si no se firma de seguida la paz, en Europa explotará el caos.

(…) 

Pero Wilson, a pesar de estar cansado, exhausto, carcomido por la enfermedad y por los ataques de la prensa, que le acusa de retardar la paz, abandonado por sus propios asesores, asediado por los representantes de los otros gobiernos, no se rinde. Siente que no puede renegar de su palabra y que solo conseguirá de verdad esta paz si la hace coincidir con la paz no militar, la paz duradera, futura, si intenta hasta el último extremo conseguir la ‘world federation’, un orden mundial que salve a toda Europa. Tan pronto como puede levantarse de la cama, da el golpe decisivo (…) pero infructuosamente. (…) Por fin -un día fatídico para la historia-, el 15 de abril, Wilson, contra su voluntad y con mala conciencia, acepta las pretensiones militares de Clémenceau sensiblemente rebajadas (…) se ha cerrado el primer acuerdo por parte de quien hasta entonces había sido intransigente. Y la mañana siguiente, la actitud de la prensa de París cambia como por arte de magia. Los diarios, que ayer todavía le acusaban de dificultar la paz, de destruir el mundo, ahora lo exaltan como el hombre de estado más sabio del mundo. Pero a Wilson, en el fondo de su alma, esta alabanza le quema como un rechazo. Sabe que quizás ha salvado la paz, la paz del momento, pero que la paz duradera en el espíritu de la reconciliación, la única salvadora, se ha perdido, se ha disipado. El absurdo ha vencido al sentido común, y la pasión a la razón. El mundo ha reculado en la conquista de un ideal que está por encima del tiempo. Y él, el director, el abanderado, ha perdido el combate decisivo, el combate contra sí mismo (…)

Desde aquel día, el poder de Wilson, un poder moral sin precedentes en su época, se ha roto, ha perdido el prestigio y, con él, toda su fuerza. Aquel que hace una concesión, ya no puede pararse. Los compromisos llevan irremediablemente a nuevos compromisos.

La deshonestidad produce deshonestidad. La violencia genera violencia. La paz que Wilson había soñado como un todo, como una paz eterna, se queda a medias, una obra incompleta, porque no se ha formado pensando en el futuro, ni se ha creado a partir del espíritu del humanismo y de la materia pura de la razón. Una oportunidad única, quizás la más decisiva de la historia, se ha desaprovechado de una manera lamentable. Y el mundo, desengañado, de nuevo sin dioses en los que pueda creer, se siente turbado y confuso (…)’

Como he señalado en repetidas ocasiones, el presente libro de Zweig es muy recomendable. Y como habrá podido comprobar el lector del presente escrito, el ideal humanista de Wilson, tuvo un gran problema, como lo seguiría teniendo en la actualidad, ya que el mundo, y todos, nos movemos con cortedad de miras meramente egoístas y avariciosas. Y a esa cortedad de miras le llamamos pragmatismo, mostrando, así nuestro cinismo y falta de razón.

Evidentemente, los comentarios de Zweig me parece que son totalmente válidos para el momento presente, dominado por ánimos guerreros, ya que, desgraciadamente, los militares y las industrias armamentistas que ganaron en abril de 1919, como apuntó el presidente Wilson, son los que siguen dominando el mundo.

Y asimismo, como señaló Wilson, el poder informal (no votado), de los medios de comunicación, siguen apostando por el mejor pagador, que, claro, siempre son los vencedores, los que ostentan el poder y pueden retribuir y distribuir prebendas a sus fieles plebeyos y servidores.

Por todo esto, me parece que la actual ONU, sucesora del la Sociedad de Naciones soñada por Wilson, y que ya nació coja, y siempre seguirá así, ya que los engendros engendran engendros, pues los grandes estados nunca querrán perder sus cuotas de poder, como pasó entonces, y como pasa ahora, y así, por más discursos que se hagan por la paz, los poderes permiten las guerras (Gaza, Ucrania, Etiopía, etc.)

En definitiva, si en 1919, todo un presidente de los EUA, como Thomas Woodrow Wilson, fue incapaz de impulsar un verdadero acuerdo, un compromiso (el llamado Covenant) por la paz duradera, y no tuvo el poder suficiente para imponer un ideal humanista; ahora, en 2025, con un presidente beligerante en todos los aspectos (militar, económico, etc.), ¿qué podemos esperar? Nada bueno, está claro, los militaristas seguirán dominando y los medios de comunicación aplaudiendo con las orejas. Y todos los políticos, obedeciendo como ovejas.