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Donde dije digo, diego Diego

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Es sabido que, generalmente, todos somos volubles y, de forma patológica los políticos profesionales, ya que son verdaderos especialistas del ‘cuando yo digo Diego, digo digo y cuando digo digo, digo Diego’; con las correspondientes consecuencias positivas y negativas, como intento comentar a continuación.

Ayer supimos que ERC retirará su propuesta de ley en el congreso de los diputados, planteada para que la Generalitat recaudase la totalidad del IRPF; si bien Oriol Junqueras (líder de ERC) advirtió que ‘la recaudación de los impuestos en Catalunya continúa siendo una exigencia del partido y que no renuncian definitivamente’.

Asimismo, Junqueras aseguró que ERC negocia con el PSOE fórmulas para un posible acuerdo y para desencallar el consorcio de inversiones, el nuevo organismo, que todavía está en plena discusión, que deberá asegurar que se acaba invirtiendo todo lo que figura en los presupuestos.

Pero, claro, Junqueras había asegurado, por activa, pasiva y perifrástica, que la recaudación del 100 % del IRPF era una condición sine qua non (sin la cual no), para negociar los presupuestos; condición que figuraba en el acuerdo de investidura de Salvador Illa. Pero, ahora nos dice Diego.  

Que lejos quedan los ‘famosos’ pactos entre ERC y el PSC/PSOE, para la investidura del represor Illa, en los que se fijaba que:

‘Sea la Generalitat la que gestione, recaude, liquide e inspeccione todos los impuestos soportados en Catalunya y aumente substancialmente la capacidad normativa en coordinación con el Estado y la UE’.

y ya no digamos los acuerdos sobre la agencia tributaria catalana, la aportación a la solidaridad, etc.

Y de todo eso, nada de nada, pues ahora, parece que todo queda reducido a desencallar el futuro consorcio de inversiones, que todavía está por definir; y eso es la repera, pues crear un nuevo organismo para asegurar que el estado cumpla sus compromisos, no es que sea un chiste, es un recochineo. 

Y en este caso, como en muchos otros, Oriol Junqueras ha vuelto a engañar a sus votantes y, por extensión, a todos los independentistas, pues es un verdadero maestro del ‘cuando yo digo Diego, digo digo y cuando digo digo, digo Diego’. E, igualmente, el represor Salvador Illa y su jefe, Pedro Sánchez, que, sabiendo que incumplirían los pactos, siguen cómodamente instalados en sus poltronas, confirmando su falta de ética.

Obviamente, la falta de fiabilidad, la inconsistencia de la palabra dada y de los acuerdos pactados, nos demuestra que esos personajes no valen nada, ya que, como dice un refrán: ‘Un hombre vale lo que vale su palabra’.

Y me temo que todo ese desaguisado está buscado y organizado de forma expresa, para que todos esos políticos profesionales sigan en sus respectivos puestos y, a la vez, desmotivar y desmovilizar a la ciudadanía, que, finalmente, acabamos aceptando que es ‘igual ocho que ochenta’, que nada cambiará, por lo que no vale la pena preocuparnos, pues, al fin y al cabo, nos seguirán enredando con su verborrea, imitando a los hermanos Marx, en ‘Una noche en la ópera’ (1935), diciéndonos que ‘la parte contratante de la primera partes será considerada la parte contratante de la primera parte’

Y así, los ciudadanos desmotivados y cabreados, pensaremos como Groucho Marx (Julius Henry ‘Groucho’ Marx, 1890 – 1977), diciéndonos ‘que nunca pertenecería a un club que admitiera como miembro a alguien como yo’, pero, en nuestro caso, podríamos decir que nunca perteneceremos ni votaremos a gente, como los citados, que no tienen palabra, pues son como dijo el mismo Groucho Marx, que popularizó la frase: ‘Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros’; y también dijo: ‘Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente’; y en esas estamos la mayoría, pero, para más inri, seguimos incluso habiéndonos despejado esa duda definitivamente.

Y siguiendo con Groucho, también dijo: ‘Si eres capaz de hablar sin parar, al final te saldrá algo gracioso, brillante e inteligente’. Y eso me parece que podemos decirlo de Pedro Sánchez, que hoy, en la conferencia de seguridad de Múnich, ha dicho que:

‘(…) desde que es presidente del gobierno español, ha triplicado el gasto en seguridad’; y, seguidamente, ha pedido que ‘pongan freno al rearmamento nuclear, que el rearmamento nuclear no es el camino, que es una inversión demasiado costosa y peligrosa (…) en el pasado ya nos acercamos al desencadenamiento de una guerra nuclear entre Occidente y la antigua URSS, (…) la humanidad les juzgará si no lo hacen. Y, citando a John F. Kennedy: ‘las armas de guerra han de abolirse antes de que estas nos abolan a nosotros’. 

Estoy totalmente de acuerdo con Pedro Sánchez, y me parece que es la primera vez; pues no hacen falta muchas luces para ver que la carrera armamentística nos llevará al desastre final, a la destrucción de la actual civilización. Pero, no solo las armas nucleares, todas, pues la destrucción de Ucrania, Gaza, etc., nos lo confirman. 

Por eso, felicitaría a Pedro Sánchez, si su discurso fuera coherente y extensible a todo tipo de armamentos, pero vemos que él mismo alardea de haber triplicado el gasto militar en defensa, mientas que no ha efectuado ese mismo esfuerzo para cubrir las necesidades sociales (vivienda, educación, sanidad, etc.). Y, asimismo, sabemos que Pedro Sánchez se está labrando su futuro político en algún organismo de relevancia internacional, por eso marca ese tipo de perfil ‘socialdemócrata’, cuando sabemos que es culpable de la aplicación del 155, de la represión posterior y del espionaje a los líderes independentistas, así que de socialdemócrata tiene lo mismo que yo de astronauta.

En definitiva, ante este panorama, es comprensible la abulia, el pasotismo, el pesimismo, etc.; pero si caemos en esa trampa para dinosauros, les estaremos haciendo el juego, y nada cambiará; y así, haremos el papel del ‘tonto útil’, votándoles, como expresó el mencionado Marx: ‘hoy no tengo tiempo de almorzar, tráigame directamente la cuenta’, pues seguiremos siendo los cornudos y pagando la fiesta (de la monarquía, de los militares, de los banqueros, etc.)

Así que todo depende de nosotros, sin excusas, ni paliativos.