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Ayer (30/11) en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2025, el célebre catalán Eduardo Mendoza, escritor en castellano, fue presentado como el plato fuerte de la delegación de Barcelona (la ciudad invitada de honor) y en su exitosa exposición, ampliamente seguida, hizo un superficial e irónico repaso histórico de nuestro país, dejando caer, repetidamente, una afirmación que, a mi modo de ver, precisa un análisis y, a continuación, traslado mis observaciones al respecto.
Jordi Nopca, desde Guadalajara (como muchos corresponsales), hizo una crónica de la jornada, y la ha publicado hoy, en el diario Ara, titulada: ‘Los barceloneses y catalanes siempre hemos apostado por el bando perdedor’, con el subtítulo ‘Eduardo Mendoza da una lección de literatura en la feria, que también cuenta con un homenaje a Montserrat Roig’.
Y, en esa crónica, entre otras afirmaciones, se dice:
‘(…) con su ironía amable, el escritor añadió: ‘Los barceloneses y catalanes siempre hemos apostado por el bando perdedor’, e, inmediatamente, matizó sus palabras: ‘de las derrotas, Barcelona ha sabido sacar provecho: en lugar de desanimarse, prueba otro camino’.
Después de un repaso citando al Quijote de Cervantes y a Carlos Ruiz Zafón, referentes de literatura castellana,
‘Mendoza no olvidó la etapa anarquista, ‘tremendamente violenta’, que le valió (a Barcelona) el nombre lírico de ‘la rosa de fuego’. De allá pasó a la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, la Guerra Civil y la dictadura. ‘Como Barcelona se puso una vez más del lado de los perdedores, empezó una larga etapa de oscuridad que no se cerró hasta los años cincuenta (…)’.
Esa ‘visión’, o cuanto menos, esa ‘exposición’ de la historia, como si se tratase de una ruleta en la que primase la elección de una oportunidad estrictamente economicista, mecanicista, prescindiendo de los elementos como los derechos y libertades, me parece, además de simplista y superficial, un gran engaño, ya que.
Guerra de sucesión ‘española’ (1701 – 1715):
Tras la muerte, en 1700, de Carlos II de Castilla y Aragón, la guerra de sucesión debe enmarcarse en un conflicto bélico internacional entre dos bandos: Las dos coronas Borbónicas (Francia y Castilla, con el Reino de Hungría, Arzobispado de Colonia, etc.) y la gran alianza de la Haya (Gran Bretaña, Sacro Imperio germánico, Reino de Portugal, Estados Papales, el Principat de Catalunya, Reino de Valencia, Reino de Mallorca, etc.). El primer bando reunió 373.000 hombres, y el segundo, 232.000.
Así, la corona de Castilla dio soporte a Felipe de Borbón, heredero del centralismo francés; mientras que la corona de Aragón apoyó al pretendiente Carlos de Austria, que ofrecía mantener las libertades, los derechos y privilegios tradicionales.
Guerra INcivil del rebelde Francisco Franco y demás secuaces (1936 – 1939):
Fue un golpe de estado de los rebeldes, apoyados por la Alemania nazi de Adolf Hitler (1889 – 1945) y la Italia fascista de Benito Mussolini (1883 – 1945), contra la legal Segunda República Española. En la batalla del Ebro quedó derrotado el ejercito republicano, abriendo paso al final de la guerra incivil. Así, en España fue derrotada la izquierda y, en Catalunya, la izquierda, el catalanismo y la autonomía votada por el Estatut de Núria de 1932.
Por lo tanto, en ambos casos, Catalunya estuvo del lado de la defensa de los derechos y libertades, de la ideología moral, y no ‘una apuesta por el bando perdedor’, como dijo Eduardo Mendoza.
Pero, obviamente, la historia nos demuestra, repetidamente, que siempre suele ganar la fuerza bruta, como vemos hoy día en Gaza, Ucrania, y veremos en Venezuela.
Si se tratase de una simple ‘elección’ por la comodidad, la historia hubiera sido diferente, claro, pues nadie apuesta por la represión y la muerte, por la oscuridad. Pero, afortunadamente, siempre hay sociedades que defienden sus ideales de libertad y respeto de sus derechos tradicionales, al coste que sea.
Psicosocialmente, es cierto que hay mentalidades perdedoras, que se quedan paralizadas por el miedo, la fobia y que procrastina, retrasando sus decisiones. Los perdedores dan vueltas a sus problemas y, generalmente, nunca se comprometen. Pero este no es nuestro caso, como demuestra la historia.
Según Daniel Colombo, coach ejecutivo especializado en la motivación y el liderazgo, señala su ‘factor OVNIS’ (obsesiones y visiones negativas instaladas subconscientemente), ‘por el que la gente no logra los resultados que quiere (…) si vives en modo Factor OVNIS imagina lo que puedes lograr: le entregas todo el poder interno a esa fuente externa imaginaria, donde los fantasmas que te creas internamente son más grandes que la realidad’.
Y Colombo señala las principales características de una persona de mentalidad perdedora y las de una con mentalidad ganadora.
Una mente perdedora:
- Se enfoca en el problema y duda de todo.
- Cuestiona antes de avanzar en sus logros y piensa demasiado.
- Se queda paralizado por el temor o el miedo, o la fobia; utiliza excusas.
- Procrastina: posterga hasta las cosas más mínimas.
- Se queja. Se enfoca en el afuera y en qué van a decir los demás.
- No avanza; le gusta perder tiempo.
- No piensa en el logro: piensa en la imposibilidad de alcanzarlo.
Una mente ganadora:
- Pone entusiasmo y pasión permanente; tiene autodeterminación.
- Confía en sus propios recursos y busca ayuda cuando la necesita.
- Se siente seguro de alcanzar los objetivos. Supera el temor y los miedos, y los atraviesa como parte del proceso.
- Se hace responsable al 100% de todo lo que sucede en su vida, tomando acción con foco en el resultado.
- Pone metas desafiantes día tras día, y las va cumpliendo.
- Vive sin excusas.
- Trabaja su auto conocimiento permanentemente.
Haciendo un salto y volviendo a la sociedad catalana, por los ejemplos expuestos por Eduardo Mendoza (las dos guerras citadas), es evidente que no tuvieron una mentalidad perdedora, a nivel global, ni basada en una falsa ilusión. Otra cosa independiente, son los resultados. Y, aún perdiendo, siendo derrotados, creo que, en ambos casos, no se sintieron fracasados, ya que hicieron lo máximo que pudieron, incluso enfrentándose a fuerzas muy superiores, para defender sus ideales.
Es cierto que generalmente, se dice que las crisis son oportunidades, y que se aprende con las derrotas. Pero tampoco es el caso, ya que, las situaciones no son homologables ni extrapolables a lo largo de la historia.
Winston Leonard Spencer-Churchill (1874 – 1965) dijo: ‘El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal; lo que cuenta es el valor para continuar’.
Y, a mi modo de ver, ese debería ser el pensamiento que deberíamos tener los independentistas catalanes, a pesar de que gran parte de nuestros conciudadanos, desengañados con los políticos y la política en general, tras el 2017, haya asumido el papel de perdedor y, en ese caso, hasta pueden haber llegado a la conclusión citada por Eduardo Mendoza, es decir, que hasta el 2017, apostaron por el bando perdedor.
Por todo eso, y como dijo el citado Churchill, ‘lo que cuenta es el valor para continuar’.