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Efectos Mateo y Matilda

Amadeo Palliser Cifuentes

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

En el presente escrito ‘utilizo’ los efectos Mateo y Matilda, aplicándolos al momento histórico del independentismo catalán y, por lo tanto, realizando una lectura libre de los procesos psicosociales específicos que les corresponde, ya que entiendo que esa aplicación generalizada, con las pertinentes salvedades, también es válida para explicar la situación social actual.

El efecto Mateo es ‘la denominación sociológica de un fenómeno de acumulación de bienes, riqueza o fama; simplificado por la frase de Percy Bysshe Shelley (1792 – 1822): ‘el rico se hace más rico y el pobre se hace más pobre’’; pensamiento profundizado por el sociólogo Meyer Robert Schkolnick (Robert King Merton, 1910 – 2003).

(…)

El término tiene su origen en la parábola de los talentos, de los evangelios de Mateo (Mt 125, 14-30) y Lucas (19, 11-27): ‘porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado’. 

(…)

En esas parábolas se explica que Dios confía sus dones o talentos a los hombres con la obligación de que los desarrollen, que espera una respuesta fructífera por parte de cada hombre, y que la inactividad -por miedo, exceso de precaución o cobardía, pereza, o simple omisión consciente- en hacer rendir los talentos recibidos es criticada por el propio Jesús.’

(fuente: Wikipedia) 

La versión de Mateo es la siguiente:

‘El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó.

Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente, el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio, el que había recibido uno fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. 

Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos siervos y se puso a ajustar cuentas con ellos. 

Se llegó el que había recibido cinco talentos y presentó otros cinco, diciendo: ‘señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: bien, siervo bueno y fiel; ya que has sido fiel en lo poco, voy a ponerte al frente de mucho. Entra en el gozo de tu señor.

Se llegó también el de dos talentos, y dijo: señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado. Su señor le dijo: bien, siervo bueno y fiel, ya que has sido fiel en lo poco, voy a ponerte al frente de mucho, entra en el gozo de tu señor.

Se llegó también el que había recibido un talento, y dijo: señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso, me dio miedo y fui a esconder bajo tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo. Más su señor le respondió: siervo malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí, debías haber entregado mi dinero a los banqueros, de ese modo, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por lo tanto, el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’. 

Nunca he acabado de entender, totalmente, esa ‘dura justicia’, pues, además de avalar el capitalismo, la acumulación, no atiende las debilidades humanas, los condicionantes psicológicos de sus siervos. Y, por lo tanto, me parece contraria al espíritu cristiano, pero allá ellos con sus creencias.

La derivada social actualizada de este fenómeno tiene muchas vertientes, una de ellas es que las personas que son más citadas, lo serán todavía más, por el efecto bola de nieve.

Y un ejemplo lo tenemos ahora con el caso del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, que copa todos los periódicos, tertulias y, en definitiva, todos los medios de comunicación. Y esa bola de nieve, a mi modo de ver, va generando un poso negativo, de desconfianza y de duda, confirmándose, de ese modo, la llamada ‘condena del telediario’, y como refleja el refrán: ‘calumnia, que algo queda’.

Y podríamos sacar otros muchos ejemplos, como la condena social, acrítica e interesada, del independentismo, por parte de los españolistas, o, también, la bola de nieve favorable a Gabriel Rufián, que, en el fondo, tiene el objetivo de dividir y debilitar más, si cabe, el independentismo, aunque ERC no quiera ver esa derivada españolizadora, nada sibilina.

Por su parte, el efecto Matilda, es un sesgo cognitivo que invisibiliza y menosprecia a las científicas, atribuyendo sus descubrimientos a colegas masculinos.

Este fenómeno fue descrito por primera vez por la sufragista y abolicionista Matilda Electa Joslyn Gage (1826 – 1898); en su tumba, en el cementerio de Fayetteville, hay una placa conmemorativa con su lema: ‘Hay una palabra más dulce que madre, hogar o cielo. Esa palabra es Libertad’.

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La historiadora científica Margaret W. Rossiter (1944 – 2025) acuñó el epónimo ‘Efecto Matilda’ para identificar la situación social en que las mujeres no reciben el crédito que objetivamente merecen sus contribuciones científicas. 

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El efecto Matilda es un corolario del ‘efecto Mateo’ ya mencionado.

(fuente: Wikipedia)

Y, con las salvedades señaladas, me parece que también podemos observar ese efecto a nuestro movimiento independentista, ya que el estado español aplica la invisibilización y minusvaloración sistemática de las aportaciones económicas, culturales y políticas de los catalanes; es decir, atacan cualquier cosa que sea catalana, per se (por sí mismas). La perspectiva del estado está marcada, profundamente, por su ADN castellano – español, con su rancia y caduca mentalidad imperialista.

Y esa perspectiva, como sabemos y sufrimos, la multiplica y potencia el delegado Salvador Illa (155), un penoso personaje que tiene el máximo objetivo de desnacionalizar todas nuestras instituciones y, siempre, se presenta como el líder social por excelencia, aprovechando, para ello, cualquier momento y ocasión.

Por ejemplo, hoy hemos visto que Illa ha colgado en su red de Instagram, una selfi con el cantante puertorriqueño Bad Bunny, haciéndole de guía en el templo de la Sagrada Familia, con el siguiente mensaje: ‘Sagrada Familia. @badbunnypr. Gracias por escoger Barcelona para empezar el DtMF World Tour en Europa’. Y viendo la fotografía en cuestión, no deja de ser extraño que, dentro de la basílica, el cantante lleve puesta su gorra y capucha, como es habitual en él; pero, claro, tratándose de un centro de culto, es exigible descubrirse, además, también es obligatorio por seguridad. Pero, está claro que Salvador Illa, haciéndole de guía, y a pesar de presentarse como católico-apostólico y romano, ha despreciado esa falta de respeto, e, igualmente, los miembros de seguridad del templo también han hecho dejación de sus obligaciones.

Así, vemos un Illa que tiene tiempo para esas tonterías, mientras que no lo tiene para reunirse con los sindicatos de los maestros, de los profesores. 

Y así nos va. Esas son derivaciones de tener un president tan servil y simplón, que piensa que así conseguirá el voto juvenil e inmigrante. Es evidente que Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny) tiene muchos seguidores. Pero eso es desviar el foco de los problemas reales, que siempre dice atender Illa, con su lema ‘el gobierno de todos’.

En definitiva, con este simple ejemplo, vemos que Illa aplica el efecto Matilda, a los docentes; y, también, el efecto Mateo, multiplicando el eco mediático de este cantante multimillonario, en contraposición a cualquier apoyo similar a cantantes y artistas nuestros, que están más necesitados de promoción.

Y ante esta tesitura, el que no quiera ver ni entender esa estrategia españolista y españolizante, allá él, pues será corresponsable de todos los males que tenemos y tendremos. Y a esos invidentes intencionados, les pasará como en la mencionada parábola de los talentos que, por miedo, cobardía, confort, etc., decidieron quedarse en el sofá, guardando el talento, en lugar de arriesgarse movilizándose en defensa de nuestra libertad, que, como dijo Matilda Gage: ‘Hay una palabra más dulce que madre, hogar o cielo. Esa palabra es Libertad’.

Y los independentistas catalanes, mientras nos limitemos a simular campañas tipo ‘No more Matildas’ (impulsado por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnológicas (AMIT), que destacan su campaña preguntándose ¿cómo habría sido la historia si figuras como Einstein o Schrödinger hubieran sido mujeres?); y, en concreto, en nuestro caso, limitándonos a poner el grito en el cielo ante cada nuevo engaño y escándalo español, pero, olvidándonos inmediatamente, al surgir cualquier otro nuevo moscardón, nunca conseguiremos nada, y confirmaremos el lema promovido en 1965 por el matemático H. Igor Ansoff (1918 – 2002): ‘PARÁLISIS POR ANÁLISIS’, y continuaremos bloqueados, paralizados, como estamos ahora.