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Una de las costumbres de estos días de final de año, es desearnos buenos deseos para el próximo año, ya que todos, puntualmente, tenemos la ‘necesidad’ de reorganizarnos y de reenfocar nuestro destino, aunque, en realidad, ese propósito sea fulgurante y lo olvidemos casi inmediatamente.
Hace unos días, en el Ara, leí un artículo de Clàudia Rius, titulado ’5 consejos para que escribas definitivamente tu primer libro’, y el primero de esos consejos me pareció interesante, no sólo pensando en la escritura, si no, también, en otras áreas, como explicaré, después de transcribirlo:
Rius, en primer lugar, explicó que, en la reciente Feria del Libro de Guadalajara, moderó una mesa redonda con varias autoras catalanas: María Canelles, Montse Albets y Regina Rodríguez, y de todas las ideas que surgieron, algunas le parecieron útiles para aquellas personas que este final de año, planteen ponerse de verdad, ahora sí que sí, con la maldita novela:
El primero de los consejos es el siguiente (los otros son: ‘La familia no es una excusa (el trabajo, quizás sí)’; ‘Que tu idea sobre lo que es la buena literatura no te pese demasiado’; ‘No desprecies los cursos de escritura’; y ‘Lee, lee, lee’.
‘Descubre si eres jardinero o arquitecto
Un día, alguien dijo a Regina Rodríguez que era importante dilucidar si ella era más de estructuras fijas o de ideas que brotan. Son dos maneras de afrontar una novela: puedes ser arquitecto (tener los capítulos pensados y la trama planeada hasta el último detalle) o puedes ser jardinero (ir tirando y, como cantaba Lluís Llach, que nazcan las flores en cada instante). No hay ningún método infalible: si has probado hacer un esquema y te has quedado encallado, tírate a la aventura y después, si es preciso, ya podarás; y si te has adentrado directamente en el bosque y te has perdido entre la hojarasca, párate un momento y piensa qué historia quieres escribir. Sea como sea, una novela requiere paciencia e insistencia. Es preciso ir adelante, sin perder el paso, es necesario regar la tierra con el sudor del trabajo duro (…)’
Pues bien, trasladando ese consejo al ámbito de la política, me parece que tenemos claros ejemplos de esa diferente forma de actuar.
Así, Donald Trump, a pesar de sus vaivenes, actúa como arquitecto, ya que tiene una idea y una estrategia predefinidas, y las aplica contra viento y marea. Por el contrario, la UE, y la casi totalidad de estados, actúan de forma reactiva, intentando hacer de jardineros, improvisando, y … podando beneficios sociales, para armarse y rearmarse.
Igualmente, el estado español, desde siempre, y especialmente desde el 2017, sigue aplicando su política de represión de todo lo que les suena a catalán; y, por lo tanto, actúan como arquitectos a piñón fijo. Mientras que el movimiento independentista (si es que todavía podemos considerarlo así) vamos a reflujo del estado represor, ya que actuamos reactivamente a los flujos en cuestión, intentado no perdernos entre la arboleda legislativa que nos imponen, para desmotivarnos y desactivarnos.
Asimismo, el consejo en cuestión podemos aplicárnoslo a nivel personal, pues, como decía el oráculo de Delfos: ‘conócete a ti mismo’, es imprescindible, para afrontar nuestro futuro, en la medida que nos sea asequible y/o podamos influir.
Es verdad que también es muy importante y necesario dejarse fluir, dejarse llevar, y estar abiertos a lo que pueda pasar; pues la inteligencia líquida (*) nos permitirá ir adaptándonos; mientras que la inteligencia cristalizada (**), nos anclará.
(*) según Zygmunt Bauman (1925 – 2017), es la capacidad de resolver problemas de razonamiento novedosos, que dependen mínimamente del aprendizaje previo y la aculturación.
(**) según Raymond Bernard Cattell (1905 – 1998), es la acumulación de capacidades, estrategias y conocimientos.
En definitiva, que es importante ser previsores e intentar planificar nuestras estrategias, pero, para ello, es fundamental conocernos, como dice la citada Clàudia Rius, para saber si somos jardineros o arquitectos.
Y los independentistas catalanes, también deberíamos conocernos, saber qué y cómo somos; y, para ello, es imprescindible ir unidos, pues eso es básico para afrontar los continuos tsunamis que nos lanzan desde el represor estado español.
Por todo ello, y en puertas de estas Fiestas Navideñas e inicio del Año Nuevo, deseo la mayor felicidad a todos los pacientes lectores y, en la medida que sea posible, deseo, asimismo, que tengan un momento para conocerse e intentar ser arquitectos y jardineros, arquitectos paisajistas de su futuro, para contemplar los beneficios de ambos perfiles (*).
(*) por ejemplo, como Jean Claude Nicolas Forestier (1861 – 1930), diseñador de los jardines de Montjuïc y del parque del Guinardó, en Barcelona.