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El caso de los exploradores de cavernas

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Hoy (23/12) Pedro Sánchez y Salvador Illa han hecho ‘sus’ respectivos balances del 2024, y claro, confirman su maravillosa gestión, a la vez que siguen repitiendo su mantra de que la sociedad catalana hemos girado página del 2017; por eso me parece interesante la exposición del experimento que he indicado en el título, y que explico en este escrito.

Un compañero de manifestación de la avenida Meridiana tiene como hobby la espeleología, y espero que nunca se encuentre en una situación así, y que se lo tome como una anécdota; si bien se trata de un experimento que puede ser ilustrativo y didáctico en muchos contextos y entornos.

Siguiendo con el experimento citado en mi escrito de ayer, planteado por el filósofo Carnéades de Cirene (214 a.C. – 129 a. C.), sobre los dos náufragos (A y B) y la única tabla de salvación, me parece que en este momento de balances, como los citados, y los que solemos hacer la mayoría al finalizar los años, puede ser didáctico analizar el siguiente experimento, planteado por Lon Luvois Fuller (1902 – 1978) en 1949, para la Harvard Law Review.

Fuller fue un filósofo jurídico estadounidense, profesor de derecho de la Universidad de Harward, autor del tratado ‘La moral de la Ley’ (1964).

En su experimento ‘El caso de los exploradores de cavernas’, se plantea los conflictos entre el positivismo jurídico y la ley natural.

A continuación, planteo el citado experimento:

‘El caso de los exploradores de cavernas (The Case of the Speluncean Explorers):

En este caso hipotético, un grupo de cinco exploradores quedan atrapados en el interior de una caverna. Estos habían llevado provisiones, y la caverna carecía de sustancia animal o vegetal que les permitiera subsistir. Tras un mes de esfuerzos por parte de las fuerzas de rescate, finalmente se logró remover los escombros que habían sellado el acceso. Una vez que los espeleólogos fueron rescatados, se supo que uno de ellos había sido asesinado y comido por sus compañeros (Whetmore)

El artículo escrito representa el examen que hacen los cinco ministros integrantes de la Corte Suprema al conocer el caso.

Y acuerdan es que cada uno de esos miembros de la Corte, personifica a sendas perspectivas teóricas acerca de lo que es el derecho, cuestión que repercute en la opinión sobre si los acusados son o no culpables y, en consecuencia, si deben o no, ser ejecutados como culpables por el delito de homicidio.

Punto de vista de los jueces:

Ministro / escuela o principio que decide el caso / voto

  • Keen / iuspositivismo / culpables
  • Truepenny / textualismo; escepticismo ético / positivismo lógico / culpables
  • Tatting / doctrina del razonamiento con la moral / abstención
  • Foster / derecho natural / inocentes
  • Handy / realismo jurídico / inocentes 

(https://search.app/fCLftZ3SoDrDEbFY9)

Este experimento de Fuller fue ampliamente debatido y contestado por Herbert Lionel Adolphus Hart (1907 – 1992), también filósofo jurista, en la misma Harvard Law Review, mediante su ‘Revisión de la moral de la Ley’.

‘Fuller sostenía que el propósito de la ley es que ‘la conducta humana esté sujeta al gobierno de las normas’; mientras que Hart considera que ‘es inadecuado llamar morales a los principios de eficacia, pues se podría muy bien hablar tanto de la moral interna de la actividad de envenenar a otros, como de la moral interna de la ley, pero, por supuesto, nos encontramos con esta idea absurda’.

Hart señala, asimismo, que, ‘en cierto punto parecería compatible y con gran iniquidad, con el argumento de que los malos regímenes tendrían buenas razones prudenciales para el cumplimiento de la ley, (cuando) la adhesión al imperio de la ley tiene un valor en sí mismo, dando a los ciudadanos una libertad para actuar como les plazca y de ajustar su conducta a las reglas y saber que si usan la fuerza más allá de los prescrito, no será utilizado contra ellos por el Estado. Malos regímenes tendrían todas las razones para operar fuera del Estado de Derecho y ‘chill’ a la población en el cumplimiento, en lugar de usar el imperio de la ley para sus propios fines, como sugieren Matthew Kramer (‘Lobo Feroz’, 2005) y, el mismo Kramer con Nigel Simmons (‘Law a Moral Idea’, Oxford University Press, 2007)’

(https://search.app/fCLftZ3SoDrDEbFY9)

Nota:

Me parece preciso puntualizar que la vivencia expuesta en ese experimento no tiene nada que ver con la situación vivida por los supervivientes del accidente en los Andes, del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, producido el 13 de octubre del 1972, que transportaba un equipo de rugbi uruguayo con destino a Santiago de Chile, del que sobrevivieron 16 de las 45 personas que iban a bordo (40 pasajeros y 5 tripulantes). La sobrevivencia duró 72 días, hasta ser rescatados. Y, claro, el canibalismo, en ese caso, fue de cadáveres del accidente. No se trató de ningún asesinato, como plantea el anterior experimento, y es lo que ‘complica’ la decisión, claro.

Pues bien, en el planteamiento y discusión teórica anterior, me parece que queda evidente que la interpretación de las leyes por parte de los jueces concretos, nunca es objetiva ni automática, ya que el pensamiento, ideología y moral de cada profesional, incide (consciente o inconscientemente) en las sentencias que dicte.

Incluso si se estableciera una justicia basada en la inteligencia artificial, las sentencias dependerían de los algoritmos programados al respecto; y, claro, en ese caso, la incidencia residiría en el pensamiento, ideología y moral de los programadores de esos algoritmos, o de los accionistas de sus empresas. Y encima, no serían ‘imputables’ a personas concretas y conocidas, por lo que las responsabilidades serían más lejanas, desconocidas, ocultas y difusas.

Y si tenemos esa complejidad en el poder judicial, a nadie se le puede escapar que, refiriéndonos al poder político, en el que la presunción de ‘justicia’ brilla por su ausencia, y está sustituida, totalmente, por los intereses personales y partidistas, por lo que las responsabilidades y la ‘razón’, se fundamentan en la ley del más fuerte, así como del más astuto, perspicaz, avispado y abusador.

Por todo ello, la mayoría vemos, pasivamente, decisiones como la de hoy del tribunal superior de justicia de Valencia, descartando investigar al presidente Carlos Mazón, por sus responsabilidades tras las muertes por la gota fría (DANA), en su comunidad autónoma valenciana.

Y vemos, también, pasivamente, que Sánchez e Illa, definan el momento actual como un cambio de etapa, y que no hay que mirar atrás. Y eso es para que olvidemos sus malas artes en la represión del independentismo.

Ayer tuvimos noticia de que, finalmente, el juez había archivado definitivamente, la causa abierta en mayo del 2019, contra nueve profesores del Institut El Palau de Sant Andreu de la Barca (situado a pocos metros de un cuartel de la guardia civil de la localidad; es preciso señalar, asimismo, que ese colegio fue un centro de votación del referéndum, y la guardia civil lo cerró e impidió la votación). Esos profesores fueron acusados tras el 1 de octubre del 2017, de haber humillado en las aulas a los hijos de guardias civiles. Todas las acusaciones han sido siendo archivadas, antes de llegar a juicio.

Estos nueve profesores sufrieron un ataque mediático intenso, en todos los medios de comunicación unionistas, incluso el infame Albert Rivera (en aquel momento, líder del partido Ciudadanos, hoy, afortunadamente extinto) publicó las fotos de esos profesores, haciéndose viral la persecución mediática y física, llegando al extremo que ocho de ellos pidieron el traslado de centro educativo, e incluso, algunos de ellos se replantearon un cambio de profesión. Y ahora exponen que, en su momento se habló mucho de los hijos de los guardias civiles (basándose en mentiras, pues todos los profesores actuaron profesionalmente) pero nadie habló de los hijos y familiares de los docentes.

Uno de los profesores apunta que ha habido mucha autocensura por parte del profesorado, mientras que la parte contraria ha expresado una excesiva verborrea, que ha manchado el nombre e historial de los mencionados profesores, acusados por delito de odio y contra la integridad moral.

Y este caso, es un nuevo ejemplo del daño que durante siete años han sufrido esos profesores y sus familias, como la de muchos otros independentistas imputados, y que ahora, por arte de birlibirloque, Pedro Sánchez y Salvador Illa, quieren que olvidemos, que no miremos atrás, que no pidamos responsabilidades, que incluso no se lleven los casos a tribunales de justicia internacionales.

Tristemente, se cumple el ritual, el poder siempre quiere hacer olvidar sus abusos e ilegalidades, recordamos que, tras el ilegal golpe de estado franquista, y tras los más de 40 años de franquismo; así como desde el 2017, todos los poderes quieren pasar página. Pero no debemos olvidar. Como dice un eslogan: ‘NI OLVIDO NI PERDÓN’.

Pasa lo mismo con la persecución de la lengua catalana, por poner otro ejemplo. Una lengua que, junto con todos nuestros derechos, fueron aniquilados en 1714, por el uso de las armas, de la sangre de la conquista. Y ahora, pretendiendo olvidar esos hechos, quieren que defendamos el castellano (la lengua del conquistador), para ‘facilitar la convivencia’.

Y eso no es más que avalar los asesinatos, las torturas, en definitiva, la ley de la conquista.

Sabemos que la memoria es muy fugaz, y que incluso la comodidad invita al olvido. Pero, si sucumbimos a esas trampas, demostraremos que no somos ni merecemos nada, pues no dejaríamos de ser más que unos traidores a nuestros antepasados.

Para finalizar, este escrito, y defender y luchar por la memoria, me parece interesante hacer referencia a una película que vimos ayer en TV3, sobre la vida de la cantante Eleanora Fagan Gough (Baltimore, 1915 – New York, 1959), conocida como Billie Holiday o Lady Day.

Esta cantante afroamericana (víctima de todo tipo de discriminaciones y agresiones sexuales) se hizo muy popular al cantar el tema ‘Strange Fruit’, escrita y musicada por Abel Meeropol (1903 – 1986), y que, en el año 1999, la revista Time consideró que era la mejor canción del siglo XX.

En esa canción (que yo había olvidado), se explica el asesinato y ahorcamiento de una joven negra, por parte de un grupo de blancos, caso que no llegó ni a ser juzgado.

El autor de la canción, en 1937, debió publicarla con el seudónimo de Lewis Allan, al estar perseguido por ser miembro del partido comunista americano.

Al estar prohibida la canción, el autor y la intérprete tuvieron que pagar todo tipo de acusaciones, prisión, multas, falsas acusaciones de trafico de heroína, etc.

Nada nuevo, ya sabemos y conocemos la inventiva de los poderes, para protegerse.

La letra de la mencionada canción es la siguiente:

‘Strange Fruit (fruta extraña)

Árboles sureños dan fruta extraña

sangre en las hojas y sangre en la raíz

cuerpos negros balanceándose en la brisa del sur

extraña fruta colgando de los álamos.

Escena pastoral del galante sur

los ojos saltones y la boca torcida

aroma de magnolias, dulce y fresco

luego, el repentino olor a carne quemada.

Aquí hay una fruta que los cuervos pueden arrancar

para que la lluvia junte, para que el viento succiones

para que el sol pudra, para que los árboles caigan

aquí hay una cosecha extraña y amarga.

En definitiva, que debemos intentar ser conscientes de la historia, especialmente de la historia de las injusticias, e intentar desvelar y acusar a los poderes (políticos, judicial, etc.) que quieren imponernos el olvido y sus relatos interesados, para, así, seguir manteniendo sus privilegios y continuar teniéndonos sometidos.

Por todo eso, tenemos que repudiar a personajes como los mencionados Sánchez e Illa, pues nos han demostrado, por activa, pasiva y perifrástica, que no tienen ética, y que su ‘relato’ es más de lo mismo: el poder de la sangre y de la represión, si bien, con modos aparente y convenientemente suavizados, para mantenernos engañados.

Y si caemos en la trampa de no mirar atrás, de pasar página o cambiar de libro, les estaremos siguiendo el juego.

Pero claro, cada uno es libre de hacer decantar la balanza a su gusto, y si para ganar, debemos ‘matar’ (aniquilar, ridiculizar, criticar) al prójimo (antiguo compañero), u olvidar, allá cada cuál con su conciencia; pero estaremos traicionando a los represaliados que fueron y siguen siendo ‘extraños frutos’ por defender nuestros derechos.