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Ya no nos sorprende que cada día tengamos peores noticias en diferentes ámbitos, parece que estemos resignados al declive, y ese conformismo nos muestra que somos parte del problema, pues nuestro orgullo (hybris) nos lleva a desafiar los límites, como intento explicar a continuación.
No es preciso recurrir al ‘Mito de Las Edades del Hombre’ de Hesíodo (700 a.C.), para verificar, con nuestra propia experiencia personal el ciclo de la vida (anakyklosis): nacimiento – vida – decadencia – muerte – nacimiento, aunque esta última etapa sea más discutible y no verificable.
Efectivamente, esa decadencia personal la observamos, de forma especial, cuando nos acercamos hacia el final de nuestras vidas, pues, hasta ese momento, nuestro propio orgullo (hybris) nos lleva a sobreestimar nuestras propias capacidades y derechos.
Asimismo, a nivel social, el historiador Arnold Joseph Toynbee (1889 – 1975), consideró que esa hybris política es una de las causas de la caída de los imperios a lo largo de la historia, y se da, cuando los líderes intentan abarcar más de lo que pueden asumir, por ejemplo, creando un imperio más extenso o entrando en guerras innecesarias, por el orgullo de vencer; también señala el ejemplo del papa Gregorio VII (1020 – 1085), acusándole de haber precipitado al protestantismo pos sus constantes acciones de reforma.
De acuerdo con todas estas premisas señaladas, y aterrizando a nuestra situación política catalana, me parece interesante resaltar que tenemos múltiples ejemplos del orgullo de los gobernantes del estado español y sus acólitos en Catalunya, pues todos ellos mantienen el histórico objetivo de degradar a nuestro pequeño país, de llevarnos a la decadencia, en todos los sentidos.
Un ejemplo de este mediodía, tras finalizar el consejo de ministros español, lo ha comunicado Carlos Cuerpo, ministro de hacienda, informando que el gobierno había aprobado la OPA del BBVA al BS (*), si bien con la premisa de que, durante los 3 primeros años, ambas instituciones financieras sigan manteniendo su personalidad jurídica, los patrimonios separados y la gestión del día a día de manera autónoma, para garantizar la defensa de los clientes.
(*) Banc de Sabadell, que no tuvo remilgos para trasladar su sede fuera de Catalunya, al toque de corneta del estado; y que su presidente, Josep Olius, formó parte de la comitiva que acompañó a Felipe VI en su profanación de Montserrat.
Y claro, el discípulo Salvador Illa (155), no ha tardado en dar su apoyo al gobierno de su jefe Pedro Sánchez, ‘celebrando el veto a la fusión, pues era preciso proteger un sistema bancario enraizado en el territorio, y garantizando la competencia equilibrada, los derechos de los trabajadores, de los clientes y de las empresas’.
Y la ciudadanía nos quedamos con la boca abierta ante tanta mentira, ¿cómo puede ser que Illa, que era contrario a la OPA, ahora esté satisfecho por la demora de 3 años?
Está claro que Illa, en su capacidad de mentir, es un alumno privilegiado de su maestro y jefe Pedro Sánchez, sólo hace falta recordar la penosa rueda de prensa en la Moncloa, de anteayer (sin público, y empezando con un ‘buenas tardes a todos los asistentes’), y anunciar que había llegado a un acuerdo con la OTAN, para que España sea tratada como una excepción en los costes (gastos) de defensa, que Donald Trump exige que sean del 5%. Según comentó, España tendrá la flexibilidad de mantener el actual 2,1% del PIB. Pero, inmediatamente, fue desmentido por la Casa Blanca y por Marc Rutte (secretario de la OTAN, y palanganero de Trump, con su eterna sonrisa falsa). Y claro, a Illa le faltó tiempo para comentar, este domingo: ‘el coraje, la valentía y determinación del presidente del gobierno, Pedro Sánchez, al oponerse al belicismo que plantea la OTAN con el aumento del gasto militar (…) con el objetivo de defender las políticas de seguridad, para evitar la guerra, no para provocar la guerra’.
Pero, todos sabemos el refrán que dice que ‘las mentiras tienen las patas cortas y los idiotas explicaciones largas’.
Muchos felicitamos que Pedro Sánchez se oponga al desorbitado gasto militar, que comportará recortes sociales de gran calado, pero, también, por considerar que la ley de la fuerza bruta no ha de ser el camino para conseguir solucionar ningún problema.
Pero, claro, que Pedro Sánchez juegue estratégicamente su negativa y, encima, mienta, únicamente nos demuestra que estamos llegando al final del mencionado ciclo (anakyklosis) y nos está arrastrando a la caída del sistema, pues la ciudadanía de cada vez desconfiará más de ese tipo de personajes, de perfiles camaleónicos, alejados de la problemática social, y que son unos irresponsables, pues nos acabarán abocando a un gobierno de derecha extrema / extrema derecha.
Pero tenemos los gobiernos que nos merecemos, y, ‘gracias’ a la traición de ERC, tenemos instalado en la Generalitat, a Salvador Illa, un gris funcionario español, dispuesto a servir de palanganero de Felipe VI, mostrando su bobalicona sonrisa, incluso en el momento de mancillar la historia del simbólico monasterio de Montserrat, haciendo de fiel perro faldero, para lo que le manden.
Ya nos lo recuerda nuestro himno nacional catalán, Els Segadors, en su versión antigua, en referencia a la Guerra des Segadors, o Guerra de Secessión (1640 – 1652), con nefastas consecuencias para Catalunya, pues tras el ‘tratado de los Pirineos (1659) entre España y Francia, perdimos el Rosselló, el Conflent, el Vallespir, el Capcir y buena parte de la Cerdanya:
‘(…) del pan que no era blanco / decían que era demasiado negro: lo daban a los caballos / solo para asolar la tierra.
Del vino que no era bueno, (abrían los grifos / lo tiraban por las calles / solo para regar las tierras.
En presencia de sus parientes / deshonraban las doncellas.
Dieron parte al virrey / del mal que aquellos soldados hacían
Licencia les he dado yo / mucha más, se pueden tomar (…)
Ya sabemos el papel de los virreyes, como el actual Illa, meros cumplidores de los deseos y órdenes del estado colonialista.
Y ante esta situación constatada, viendo de forma reiterada que Salvador Illa, por más que tenga como lema, repetido hasta la saciedad, que ‘es un gobierno de todos’, se refiere, única y exclusivamente, a todos los de su propia cuerda, a los catalanes españoles y españolizados. Pues nunca, y nunca es nunca, hará el menor gesto de aproximación o de respeto al colectivo independentista, ya vimos que, en sus repetidas visitas a Bruselas, no tuvo el valor, ni la deferencia de entrevistarse con el president Carles Puigdemont.
Y, desgraciadamente, en momentos tan difíciles, no tenemos líderes políticos que estén a la altura, ya vimos su ausencia, ayer, en Montserrat. Todos tenían otras ‘actividades’ como Xavier Antich, de Òmnium Cultural, en el parlament, en el acto de la ‘Flama del Canigó’; acto importante, pero que, en un momento como el de ayer, no debía haber sido una pantalla de comodidad y docilidad; y eso, el president Josep Rull debería haberlo tenido presente.
Parece que la ideología del abad de Montserrat, Manel Gasch i Hurios, de pasar página, se ha extendido como la peor pandemia.
Si bien, afortunadamente, seguimos tenido mentes éticas y dignas; un ejemplo lo he tenido esta mañana, al leer el mensaje (que me ha reenviado una compañera) de Josep María Boixareu Vilaplana, datado en Llerona (Vallès Oriental), el pasado 23 de junio, en el que:
‘(…) critica la visita de Felipe VI a Montserrat, argumentando que no se pueden utilizar las reglas benedictinas de acoger a todo tipo de personas, del signo o color que sean, pues, en este caso, no recibían a una persona, sino a una institución, la monarquía borbónica, que desde 1714 ha estado vituperando Catalunya con. leyes y por la fuerza de las armas. Y señala que, en este caso, el abad ha confundido el acogimiento con la rendición. Y creo, humildemente, que os habéis equivocado y aún que algún día lo podáis reconocer, porque sois un monje de Montserrat, ya no estáis a tiempo de evitar la profanación de la montaña, del monasterio y de la Moreneta por esa execrable persona. Cuando le deis la mano, os la mancharéis con los efluvios de la sangre borbónica que ha hecho derramar tanta a los catalanes. Yo tengo vergüenza ajena (…).
Por todo eso, los independentistas catalanes deberíamos replantear nuestra situación, y esperar que aparezca un nuevo Serrallonga (*), como narra la canción de Esquirols (1980):
(*) Joan Sala i Ferrer (‘Joan de Serralonga’, 1594 – 1634), un bandolero catalán que se enfrentó a las autoridades imperiales de la época, hasta ser capturado, torturado y ejecutado en 1634.
Vuelve, vuelve Serralonga
Del corazón de las Guilleríes
saldrá un gran estruendo
que sonará a guerra
en las paredes de Tabertet.
Desde Sau a la Cellera
desde el Far al Matagalls
el trabuco de Serrallonga
volverá a su escondite.
Vuelve, vuelve, Serrallonga
que la encina nos quemarán,
que nos arrancarán las piedras,
que la tierra nos robarán.
Pero, claro, si nos limitamos a cantar esas canciones, sin más, nunca conseguiremos nada.
Somos pacifistas, no queremos trabucos, pero debemos ser hostiles, para confrontarnos pacífica pero contundentemente con el estado español y sus tentáculos en Catalunya.
Tengo claro que no podemos seguir ‘nadando y guardando la ropa’, ya está bien de limitarnos a actos folclóricos como el mencionado de la ‘flama del Canigó’, intentar salvaguardarse con unos mensajes en X, como Oriol Junqueras, y seguir apoyando a Pedro Sánchez y Salvador Illa, pues son el anverso de la misma moneda que el PP. Ya está bien de acuerdos y pactos que siempre acaban mal (Rodalies, ampliación aeropuerto, etc.), pues, siempre, y siempre es siempre, acaban reforzando y rearmando al poder central.