‘En la teoría de juegos, el dilema del prisionero es un tipo de juego de suma nula, en el que dos jugadores pueden cooperar o traicionarse. En este juego, igual que en todas las situaciones de teoría de juegos, la única preocupación de cada jugador individual es maximizar sus beneficios, independientemente del beneficio del otro jugador.
En la formulación clásica de este problema, la estrategia dominante es la traición, de manera que el único equilibrio posible del juego es que todos traicionen. Es decir, independientemente de lo que haga el otro jugador, siempre se obtendrá un mayor beneficio traicionando.
La formulación clásica es: La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos y después de haberlos separado, les interrogan y les ofrecen el mismo trato:
· Si el prisionero A confiesa y el B calla, B será condenado a la pena total de 10 años, y A será liberado.
· Si A calla y B confiesa, el primero recibirá toda la pena y el B saldrá libre.
· Si ambos callan, la pena de prisión será de 6 meses de prisión para cada uno.
· Si ambos confiesan, los dos serán condenados a 6 años cada uno.
Las técnicas de análisis de la teoría de juegos contemplan diferentes estrategias:
· el equilibrio medio, de Nash, ambos jugadores obtendrían un resultado global mejor si colaborasen, buscando cada uno de ellos maximizar sus propios beneficios, sin más.
· la solución de Pareto subóptima, la elección racional lleva a ambos jugadores a traicionarse, a pesar de que si colaborasen tendrían mejor recompensa.
· el dilema del prisionero iterado (iterativo), aquí se repite sucesivamente el juego, y un jugador puede ser castigado por el otro jugador, por la no cooperación en el juego anterior.
(Wikipedia)
En el Ara de ayer, 9 de enero, reeditaron un artículo de Siobhan Roberts, titulado ‘La vacunación y el dilema del prisionero’, publicado en The New York Times, que me pareció muy interesante, que recomiendo buscar y leer, por cuanto explica de forma didáctica, las diferentes opciones ante la vacunación, y entre otras cosas señala que:
‘La estrategia egoísta que maximiza el beneficio individual recibe la denominación de equilibrio de Nash: ‘las decisiones en materia de vacunación basadas exclusivamente en el egoísmo pueden llevar a una cobertura de vacunación inferior a la más idónea para la sociedad en general’, afirma Alison Galvani, epidemióloga y directora del Centro para la Modelización y Análisis de Enfermedades Infecciosas de Yale. Las investigaciones más recientes de Galvani, que incluyen datos psicológicos, han demostrado que el altruismo puede influir en las decisiones en este tema, crece el índice de vacunaciones más allá del equilibrio de Nash y se favorece el bien común’.
Realmente, la teoría de juegos es muy compleja para mí, un profano en matemáticas, por eso no entiendo que en ese artículo se diga que la estrategia egoísta se denomine el equilibrio de Nash, ya que, buscando una explicación simplista, que aparece en la película ‘Una mente maravillosa’ (Ron Howard, 2002) sobre la biografía del matemático y premio Nobel de Economía 1994 John Forbes Nash (1928-2015), se observa la siguiente escena:
‘Nash y sus compañeros de doctorado están en un bar y ven un grupo de señoritas. Entre ellas destaca una rubia a la que todos quieren abordar. Pero Nash los interrumpe y les refuta la idea de que compitieran todos por la misma chica, ‘Si todos vamos por la rubia, nos obstaculizamos y ninguno de nosotros se la lleva, después vamos a por las amigas, y nos ignoran, porque no querrían ser la segunda opción. ¿Y si nadie va por la rubia? De esta manera no nos obstaculizaremos y no ofendemos a las otras chicas… ¡victoria asegurada!’
Machismos y estereotipos aparte, esta explicación simplista, pero entendible, expone que es preferible bajar el listón de las expectativas, para conseguir un beneficio común. Pero, este ejemplo, si es que está bien recogido en la película, pues sabemos que es frecuente que se introduzcan incorrecciones -por exigencias del guion-, a mi modo de ver, no cuadra demasiado con la situación comentada en el mencionado artículo respecto a la estrategia del egoísta.
Según David Axelrod (n. 1955), asesor de Barack Obama, estudió la teoría de juegos, llegando a la conclusión de que la estrategia es la iterativa, si bien se complica, ya que, en primera instancia, la mejor estrategia determinista para maximizar los beneficios era el ojo por ojo, pero mejor la del ojo por ojo con perdón (o estrategia cooperación – reciprocidad – perdón, Tit for Tat) de Anatol Rapoport (1911-2007).
Axelrod determinó diversas condiciones para que una estrategia obtenga buenos resultados:
· Amabilidad: la condición más importante es que la estrategia sea ‘amable’; es decir, que no traicione antes que lo haga el oponente. Esto quiere decir que, curiosamente, una estrategia óptima puramente egoísta, con objetivos totalmente egoístas, nunca traicionaría a su oponente antes que este lo haga.
· Toma de represalias: la mejor estrategia no ha de ser ciegamente optimista, ha de tomar represalias cuando haga falta. Una estrategia del tipo ‘cooperar siempre’ da resultados muy malos, ya que las estrategias malvadas les ganan indefectiblemente.
· Perdón: la estrategia óptima ha de poder volver a cooperar si el oponente deja de traicionar. De esta manera se rompen los ciclos infinitos de revanchas y contra-revanchas y se maximizan los puntos conseguidos.
· Falta de envidia: la estrategia óptima no ha de intentar obtener más puntos que sus oponentes (es preciso recordar que el objetivo es maximizar los beneficios propios independientemente de cuales sean los beneficios de los otros)
(Wikipedia)
Si aplicamos esta teoría de juegos a la política española, vemos que se limita a la estrategia del ‘ojo por ojo’, pero modificado por el sistema judicial español: ojo por todo, ya que responde a una supuesta ofensa (así vieron ellos nuestro referéndum), con un ataque con todas sus armas de destrucción masiva, para arrasar a todos sus enemigos; por lo tanto, no responden ni a las expectativas de la teoría de juegos.
Les es indiferente perder lo que sea (es decir, su ya pésimo prestigio internacional, como hemos ido viendo con sus recursos ante la justicia europea); el estado español sólo busca un castigo ejemplar, como el que, según la Biblia, se aplicó a Sodoma y Gomorra, matando a todos sus habitantes, mientras que la familia de Lot huía (la mujer de Lot desobedeció, según la leyenda, y se giró a mirar, y se quedó convertida en una estatua de sal).
El estado español quiere que todos nos sometamos a sus leyes inmutables y, siguiendo con la leyenda bíblica respecto a la ‘cama de Sodoma’ (midat sodom) en la cual todos los visitantes eran obligados a dormir. Si los huéspedes eran más altos, eran amputados, si eran más bajos, eran estirados hasta alcanzar el largo de la cama.
Esta leyenda hace referencia al mito griego de Procusto (Procrustes), estirador, también llamado Damastes (avasallador o controlador) o Polipemón (muchos daños) y Procoptas. Según el mito, era hijo de Poseidón, y tenía una casa en las colinas, donde ofrecía posada a los visitantes. Allí lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes del cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si, por el contrario, era de menos longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo (de aquí viene su nombre). Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procausto poseía dos, una muy larga y otra demasiado corta.
(…)
Procausto continuó con su reinado de terror hasta que se encontró con el héroe Teseo, quien invirtió el juego, retando a Procausto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama. Cuando el posadero se hubo tumbado, Teseo lo amordazó y ató a la cama y, allí, lo torturó para ‘ajustarlo’, como él hacía con los viajeros, cortándole a hachazos los pies y la cabeza. Matar a Procausto fue la última aventura de Teseo.
(Wikipedia)
Y si el estado español juega ese rol de ‘ajustador a hachazos’, los políticos catalanes deberíamos actuar de forma más inteligente, pues no podemos esperar que nos llegue un nuevo Teseo salvador, ya que la UE nunca hará nada.
Según el citado Axelrod, respecto a la condición de ‘Toma de represalias: la mejor estrategia no ha de ser ciegamente optimista, ha de tomar represalias cuando haga falta. Una estrategia del tipo ‘cooperar siempre’ da resultados muy malos, ya que las estrategias malvadas les ganan indefectiblemente’.
De acuerdo con esa condición, si queremos que nuestra estrategia tenga un buen final, deberíamos abandonar la estrategia de cooperar siempre, que es la que ha adoptado ERC este último año, pues apoyar los presupuestos del estado y cualquier ley que se les presente, con la promesa de un futuro diálogo (que, si llega, será descafeinado y limitado a un intercambio de opiniones, sin más), ya que el estado español siempre actúa de forma egoísta y, como hemos visto, las estrategias malvadas ganan indefectiblemente.
Es evidente que, en todo diálogo, aunque ambas partes actúen de forma egoísta, incluso hablando, ninguno podría confiar en la palabra del otro, al menos nosotros no, pues los catalanes tenemos demasiadas afrentas y tenemos memoria de ellas.
Y el estado español quiere que confesemos nuestra culpa, y sabemos que esa es una opción, y que, según la teoría de juegos, así se reduciría nuestra pena, ya que, según ese juego, el que confiesa, siempre reduce su castigo, indiferentemente de la decisión del contrario (aunque eso no sería el óptimo de Pareto)
Y si callamos, y el estado español no calla, tendremos toda la pena. Y esa es la realidad que sufrimos.
Según Axelrod, los individuos egoístas, para obtener sus objetivos egoístas, tenderán a ser amables, y eso es lo que quiere aparentar el tándem Pedro Sánchez / Pablo Iglesias, pero no nos debemos dejar engañar, quieren ganar por goleada.
Por todo eso, sólo nos queda una opción: no confesar (no asumir ninguna culpa, que no la hubo) y no callar (si no, gritar, hasta dejarles sordos).
En caso contrario el Procusto estado español nos ‘ajustará’ a su cama constitucional, a sus leyes tergiversadas.
Amadeo Palliser Cifuentes