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Es evidente que los atributos del poder, potenciados por los privilegiados medios de comunicación subvencionados, acaban configurando el imaginario colectivo, que, inconscientemente, asume, acríticamente, el statu quo imperante, confirmando, de ese modo su conformismo, su comodidad, con el lema ‘sostenella y no enmendalla’.
Esa expresión de ‘sostenella y no enmendalla’ (sostenerla y no enmendarla) tiene su origen en las ocasiones que un hidalgo caballero podía desenvainar su espada, sosteniéndola en alto, mostrando su disposición a pelear con su contrincante, y prefería no rectificar (corregir), guardándola, envainándola de nuevo.
Y a mi modo de ver, pensando en las pasadas elecciones de la Generalitat de Catalunya, esa postura es la predominante en la ciudadanía en general y de ERC, que difícilmente reconocerán su error inicial de haber otorgado la presidencia al represor Salvador Illa (PSC/PSOE).
Y, asimismo, Salvador Illa (155), después de un año de ejercer la presidencia de la Generalitat, considera consolidado su papel de líder, viendo que la oposición no podrá revocarlo, por la ‘imposible’ unión de los partidos independentistas, que siguen obcecados en sus propias rencillas, más que en la defensa de la idea de trabajar por el movimiento independentista.
Por eso, Illa, incluso pretende presentarse como el gran avalador, el adalid, en la defensa de la ‘convivencia’ en Catalunya, siguiendo, así, el mensaje de los poderes represores, que defendieron durante años, y siguen haciéndolo, la necesaria ‘normalización’ respecto a la división y enfrentamiento entre la ciudadanía catalana desde el 2017.
Es evidente que no puede haber normalización, teniendo un estado represor, que encarceló a nuestros líderes, y que impide el regreso del president legítimo, Carles Puigdemont, y de Lluís Puig y Toni Comín, que siguen en el exilio.
Pero la normalización, en todas las sociedades occidentales, comporta división, como vemos en todas las elecciones; y presuponer como exclusiva y predominante una única idea, es un claro error autoritario. Así que la división (pacífica) es la verdadera normalización, no hay otra posible.
Por eso me parece falso el discurso que repite estos días Illa sobre su normalización, diciendo que desde el minuto uno de su presidencia, pidió la aplicación total de la amnistía, y que desea una rápida solución, para que pueda volver Puigdemont y que a Oriol Junqueras (ERC) le revoquen la inhabilitación, para poder presentarse a las futuras elecciones.
Y eso no deja de ser una muestra de su infamia, ya que nunca reconocerá él estaba totalmente en contra de la amnistía, y que las elecciones pasadas, como las anteriores, estaban falseadas por esas limitaciones e impedimentos represores. Asimismo, Illa, defendiendo las tesis del estado español, pues en realidad actúa como su virrey, aplica su máximo esfuerzo en disminuir el papel de la Generalitat, reduciéndolo a una mera autonomía más.
He repetido varias veces que el artículo 155 de su constitución española, dice, exactamente:
- Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.
- Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.
Pero, en modo alguno, ese articulo contempla el poder cesar a todo un gobierno y a la presidenta del Parlament, como hicieron con Carme Forcadell; pues esas medidas contravienen los cimientos de la democracia, que se basan en la prevalencia del voto de la ciudadanía, pues la voluntad popular es y debe ser la base de la legalidad.
Ahora bien, al reino español, como a los tribunales europeos, esos cimientos les preocupan menos que nada, pues, justificándose en argumentos leguleyos, buscaron y mantienen la prevalencia de la lectura particular de sus leyes, retorciéndolas incluso, para ‘avalar’ sus sentencias preconcebidas. Y nunca veremos que esos poderes lleguen a retractarse. Y esa línea es la que defiende el fariseo Illa.
Por todo ello, que ahora nos hable de normalizar la convivencia, no es más que una nueva muestra más de su afán manipulador, ya que, para Illa, como para su jefe Sánchez, la única ciudadanía que cuenta, y que han de defender, es la de los unionistas catalanes; mientras que los más de dos millones independentistas iniciales, no contamos para nada, nos tienen olvidados (y perseguidos, mientras no se aplique, total e íntegramente la amnistía)
Y es comprensible que Illa piense así, que manipule y tergiverse todo lo que pueda, pues en ello le va su poder, y las infinitas prebendas para las personas afines. Pero es totalmente incomprensible, al menos para mí, que muchos teóricos independentistas, votaran e invistieran a un represor, como president de la Generalitat.
Y así, tenemos a Illa, con su hábito de president, con todos sus atributos y prebendas, haciéndonos creer que es un verdadero monje; y aunque es cierto que, en gran parte, el hábito hace al monje y, de ese modo, la ciudadanía independentista acrítica, incluso llega a considerarlo un ‘buen gestor’, pues esa ciudadanía, desmotivada y desmovilizada, bajó los brazos y se rindió, se conformó y conforma ante esa evidencia y, tristemente, se autoconfirma con esas simples apariencias.
Etimológicamente, el término ‘monje’ deriva del griego ‘mònos’ (solo), es decir, la persona que se aislaba del mundo para buscar el camino de la espiritualidad, a través de la renuncia y la oración. Pero no nos engañemos, el hábito externo puede ocultar todo tipo de defectos internos. Por eso, el refranero también mantiene que ‘el hábito no hace al monje’, pues puede ocultar su verdadero carácter e identidad; ya que las apariencias pueden engañarnos.
Así, Illa, ‘investido’ con el hábito, se considera distinguido, incluso para darnos lecciones morales, imitando al president Jordi Pujol, en su momento.
Pero los hechos de Illa son más claros que sus comentarios ‘buenistas’, como en la entrevista que presenta hoy La Vanguardia, ya que una cosa es sembrar y otra dar trigo; y así, vemos que el gobierno de Illa, como el de Collboni, no pierden ocasión para desnacionalizar Catalunya. Un último ejemplo lo tenemos con la elección de los pregoneros de la próxima fiesta de la Mercè (24/09), ‘patrona’ de Barcelona, pues será el dúo catalán Estopa, de los hermanos David y José Manuel Muñoz Calvo, originarios de Cornellà de Llobregat, pero, con una discografía íntegramente en castellano (*) y, a pesar de eso, en el 2022 se les concedió la Creu de Sant Jordi. Y este ejemplo nos demuestra la forma de entender la defensa del catalán que tienen Collboni e Illa.
(*) su única canción en catalán es ‘El quarto dels trastos’, escrita por Albert Pla, para ser incluida en el disco benéfico del Maratón de TV3 del 2008.
Efectivamente, gran parte de la ciudadanía es castellano parlante; pero la lengua propia de Catalunya es el catalán. Y como lengua minorizada (que no minoritaria) debemos y deben defenderla en todos los momentos y ocasiones. Y nunca, defender el bilingüismo, ya que esa idea no es más que una aberración, un concepto introducido interesadamente, para justificar la imposición de las lenguas mayoritarias, como el castellano.
Y estamos hartos de tantas imposturas, por eso, en defensa de la lengua, deberíamos tener siempre la espada desenvainada y bien alta, para ‘mantenella y no enmendalla’; y desenmascarar a los actuales dirigentes del PSC/PSOE y a todos sus acólitos, paniaguados, conocidos y saludados.
Hoy he leído un artículo basado en la frase de Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844 – 1900): ‘conviértete en quién eres’, que defiende la importancia de la acción consciente en el proceso de autodescubrimiento (…) para vivir auténticamente, y eso requiere esfuerzo, reflexión y compromiso con nuestro propio desarrollo’. Y me ha parecido que ese pensamiento y ese compromiso que requiere, deberíamos aplicarlo y asumirlo todos los independentistas catalanes, para desvelar, en todo momento, a los falsarios como Sánchez, Illa, Collboni, etc., que dicen blanco, para quedar conseguir sus propósitos y acuerdos, pero hacen negro, para no tener disonancias cognitivas con su ideología y con sus fieles partidarios.
En definitiva, deberíamos despertarnos del letargo inducido en el que estamos, y hacernos las preguntas precisas y concisas, sin caer en las preguntas interrogativas retóricas, ni en las preguntas de respuesta múltiple, etc., que nos imponen; si no, centrarnos en preguntas con respuestas contundentes, evitando, por lo tanto, las preguntas retóricas (erotemas), pues la erotesis no se basa en preguntas para obtener una respuesta concreta, si no, para generar un efecto en la otra persona o audiencia; y ese es el juego predominante entre los políticos y medios de comunicación alimentados en su pesebre.