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El integrismo, ignorando a Polibio, ha rematado a Montesquieu

Notas históricas:

Polibio (205 a 120 a. C.), militar e historiador griego nacido en Megalópolis (Grecia), famoso por su obra ‘Historias’, que cubre el período del 264 al 146 a. C., finalizando con la destrucción de Corintio, también es conocido por sus ideas sobre la separación de poderes en el gobierno, así como por otras numerosas obras sobre tácticas militares.

Estudió la anaciclosis (anakyklosis), o la sucesión de regímenes políticos que empiezan por la monarquía (con el riesgo de que cuando una persona asume todo el liderazgo, acaba en una tiranía); más adelante surge la aristocracia (cuando el rey se rodea de amigos privilegiados que acaban compartiendo el poder; con el riesgo de que estos nobles asuman la totalidad del poder, y se convierta en una oligarquía); y posteriormente, cuando más personas reclaman acceso al poder, se da la democracia (la corrupción de este sistema desemboca en la oclocracia (ojlokratía) (populismo de carácter caótico, que hace necesario un nuevo dirigente que reinicie el ciclo).

Presentó a Roma como un estado en el cual los elementos monárquicos, aristocráticos y populares estaban en equilibrio estable, lo que le permitía poder escapar del ciclo de revoluciones eternas (anaciclosis).

Pensaba que, para hacer una narración de los hechos históricos, era preciso tener una información de primera mano y conocer la geografía, escenario de los hechos.

En su obra ‘Historias’ citada, captó una variedad de elementos de la conducta humana relacionados con la historia, que otros no habían tratado: el sentimiento nacionalista, la xenofobia, la duplicidad en política, aspectos que influyen en una guerra, como: brutalidad, lealtad, valor, inteligencia, capacidad de razonamiento e ingenio.

Polibio era muy exigente con la tarea de los historiadores, decía que sólo se debían narrar hechos demostrables (apodeiktike). Pero aún siendo un gran defensor de la objetividad, en algunas ocasiones no pudo evitar dejarse llevar por su punto de vista (…) y no fue imparcial cuando se refería a los oponentes de los Escipiones, pues tenía una gran amistad con el general.

Tenía la firme creencia que un líder político actuaba siempre con dignidad.

Una de las observaciones políticas de Polibio que ha trascendido es la que expresa en su frase: ‘El senado depende del respeto de la multitud y no puede descuidar los sentimientos de la gente’.

Otra idea transmitida por Polibio, es que los gobernantes debían estudiar historia, para no repetir errores de otros, y poner en práctica las estrategias que habían demostrado ser adecuadas.

Fue un gran criptógrafo, y perfeccionó un sistema, llamado el cuadrado de Polibio, situando las letras en una parrilla de 5×5 casillas, en las que colocaba las letras por orden alfabético horizontal, para sustituirlas por números, o para enviar mensajes mediante antorchas, similar al moderno sistema Morse.

Charles Louis de Secondat, barón de la Breda y de Montesquiu (conocido internacionalmente bajo el nombre afrancesado de Montesquieu (1689-1755), en su ‘El espíritu de las Leyes’ (1748), consideró que ‘para prevenir el abuso del poder y para preservar la libertad política, era necesario que el gobierno estuviera regulado por diferentes poderes que se observasen el uno al otro.

Propuso una división de poderes en tres ramas, que llamó la ‘tria politica’: la rama legislativa, la ejecutiva y la judicial.

(Fuente: Wikipedia)

En la anaciclosis de Polibio se diferencia entre la democracia, etimológicamente, el gobierno del pueblo, que con su voluntad legitima el poder estatal; y la oclocracia, es decir, el gobierno de la multitud, la masa, que, por sus desmesuras, no conserva los requisitos necesarios para se4r considerada como un pueblo.

Como los menos jóvenes recordamos, Alfonso Guerra, el todopoderoso vicepresidente del gobierno de Felipe González, en el año 1985 comentó que ‘Montesquieu había muerto’, pues reconoció que el poder judicial seguía estando en manos del régimen franquista.

‘En aquel momento, los jueces elegían a la mitad de su cuerpo, y la otra mitad quedaba en manos del ejecutivo. Guerra cambió y logró que el poder judicial estuviera en manos de los dos partidos para los que fue hecha la constitución. Así, durante 45 años en España el poder judicial ha estado en manos de los dos partidos, turnándose según quien ganaba.

(…)

En España, una vez más, nos ha pasado factura la Transición Gatopardista, y nos encontramos que sin acuerdo del PSOE y del PP, NO HABRÁ REFORMA JUDICIAL’.

(elcomercio.es)

Esta frase de Alfonso Guerra, muy comentada en su momento, y que él ha negado reiteradas veces haber dicho, según las hemerotecas, la pronunció después der la reforma de la ley del poder judicial, por la que pasaba a ser el parlamento, el que designaba a los miembros del poder judicial, con el riesgo de aproximarse a la ‘democracia orgánica’, de tan funesto recuerdo, si no se respetaban escrupulosamente la traducción del voto popular.

Como vemos, tenemos numerosos ejemplos de que esa separación de poderes es más teórica que efectiva, pues:

·       Donald Trump, proponiendo en el último momento de su mandato, a una miembro conservadora, para el Tribunal Supremo de los EUA (ahora ya son 6 conservadores de los 9, y con un carácter vitalicio), en previsión de ‘ser necesitado’ en este momento de litigios post electorales. Esos miembros, propuestos por el presidente, deben ser confirmados por el Senado. Pero, es sabido que el Senado, dominado por el partido republicano, sigue las consignas del presidente del ejecutivo. Y así, el poder judicial, se ve formado por decisión de los otros poderes.

·       O ese mismo personaje, Trump, pidiendo a los jueces que hagan parar el recuento de los votos enviados por correo; es decir, que el ejecutivo desprecia la decisión popular. Eso no es un problema de separación de poderes, es una tergiversación de los valores, olvidar que, teóricamente, el gobierno tiene su legitimidad en la votación de la ciudadanía.

·       Asimismo, otro ejemplo lo tenemos con Pedro Sánchez, presidente del ejecutivo español, que, a la vez, dirige y decide, unipersonalmente, el PSOE, y, por lo tanto, él mismo es el que decide sobre la conveniencia o no de las comisiones parlamentarias, las sesiones de control del ejecutivo (pues son autodefendidas), etc.

·       Y respecto al independentismo catalán, hemos tenido múltiples muestras de que el poder judicial acaba estando por encima de los poderes legislativo y ejecutivo, pues han impedido, encarcelado o inhabilitado a miembros de ambos poderes. Es decir, la ‘tiranía’ judicial se ha acabado imponiendo por encima de la decisión popular; ratificando, así, la actuación del tribunal constitucional cargándose notablemente el Estatut aprobado por el Parlament (y el congreso, y firmado por el rey) y refrendado por el referéndum.

Por eso, justificar la separación de poderes, cuando les interesa, no es más que una burla más a la ciudadanía. Por eso, firmaría ya para que concluyese el ciclo de Polibio, aunque para eso tuviéramos que pagar el ‘precio’ de la oclocracia, del populismo en su peor expresión. Pues los independentistas tenemos claro que la ‘democracia orgánica actual’, nunca nos permitirá realizar un referéndum legal y acordado. Por eso, tenemos que romper la baraja, sólo la confrontación democrática e inteligente, como pidió Carles Puigdemont, puede ser efectiva. (Claro que, en esta tiranía judicial, Joan Coma, concejal de la CUP en Vic, fue imputado por decir la popular frase: que ‘para hacer una tortilla se han de romper unos huevos’).

Realmente, estamos en un momento muy complejo, supongo que como todos, pero en el actual, al estar tan intercomunicados, cualquier problema de otra parte del mundo, nos llega y lo vivimos como si fuera nuestro; una buena muestra la tenemos con las actuales elecciones americanas, cubiertas aquí con grandes medios de comunicación y espectaculares despliegues informativos, en los que todos los tertulianos se consideran expertos, cuando la mayoría somos incapaces de situar geográficamente los diferentes estados de la unión, y mucho menos, los gobernadores respectivos. Claro que muchos desconocen que Úrsula von der Leyen, es la actual presidenta de la Comisión Europea.

Todos nos movemos por intereses primarios, esta es la realidad; pero nos ponemos la careta de ser multiculturales e internacionalistas.

Una buena prueba de esa primariedad la tenemos en un ejemplo citado por Xavier Bosch (Ara 6/11): en una encuesta a pie de urna, después de votar, en la que resultó que un 66% habían votado a Trump por convencimiento, mientras que un 34% lo habían votado para que no ganase Biden. Mientras que entre lo votantes de Biden, era al revés, 2/3 partes admitieron que le habían votado para que no ganase Trump, y sólo 1/3 lo habían hecho por convencimiento.

Esto, mucho lo hemos hecho algunas veces, es lo que se llama ‘el voto útil’, pues con ese nombre positivo, intentamos justificarnos y tranquilizar nuestra conciencia.

Y una muestra de la complejidad del citado internacionalismo, la tenemos con el ejemplo de Abiy Ahmed, pues:

‘Hace un año, el primer ministro etíope ganó el premio Nobel de la Paz. La comunidad internacional se lanzó a los brazos del que consideraba el ejemplo del nuevo líder africano. Ahmed tiene 44 años, en un continente acostumbrado a líderes ancianos (…) en unos meses revolucionó Etiopía (…) pero, solo un año después de ser reconocido como un hombre de paz, ha llevado al país al borde de la guerra civil.

(…)

El país se define como etnofederal y se organiza en diez estados regionales. En total al país hay 90 etnias reconocidas. La mayor es la oromo, a la que pertenece Ahmed, que representa un tercio de los etíopes. En segundo lugar, están los amhara, con un 27%, seguida de los somalí y los tigray. Estas dos últimas comunidades sólo son un 6% de la población, pero gobernaron el país hasta la llegada de Ahmed.

(…)

El error de Ahmed es intentar imponer un modelo que los etíopes no quieren. Las diferentes comunidades buscan convivir en una federación multiétnica, en la que el grueso del poder recaiga en los estados regionales, con un gobierno nacional mínimo. A pesar de eso, Ahmed sigue con su plan de unir el país por la fuerza. Ha cortado internet y cualquier conexión en la región de Tire, después de anunciar la ofensiva, igual que hizo en la región de Amhara después del golpe de estado y a la de Oromo, después de las protestas por la muerte del cantante y activista oromo, Hachalu Hundessa. En lugar de escuchar, Ahmed encamina Etiopía a una guerra civil’

(David Soler Crespo, Ara, 6/11)

Evidentemente, es muy difícil conocer lo que pasa justo delante de nuestros ojos, por lo que, intentar estar al día, mínimamente, de los problemas de otros países, ya nos es imposible. Por lo que estoy de acuerdo con Polibio cuando reclamaba objetividad a los historiadores. Pero sí que debemos reclamar que los responsables de dar los premios Nobel de la Paz, por seguir con este ejemplo, sean realmente objetivos, y que no den esos premios a la primera de cambio, como también hicieron con Barack Obama. Esos premios deberían ser el reconocimiento de una trayectoria vital. No deben ser los Óscar por una película, deben ser los Óscar por una carrera. Como los Nobel de literatura, que se dan por toda una carrera, no por una obra puntual.

Obviamente, si un científico descubre una vacuna contra la malaria, el virus del covid-19, etc., sí que requiere el máximo reconocimiento, aunque su obra se refiera a un hecho puntual.

Enlazando esta idea con la política actual, considero que debemos rechazar a los presuntos líderes que actúan puntualmente de cara a la galería, mediante leyes o actuaciones estelares, que incluso algunas no llegan a llevarse a la práctica, y se olvidan en el limbo de los justos. O, los presuntos líderes, como la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que estoy viendo ahora mismo en una entrevista que le hacen por TV3, que siempre critica a la Generalitat, y ella nunca, nunca, tiene ninguna responsabilidad de nada malo, pero sí de todo lo bueno. Todo lo malo es culpa de la ciudadanía irresponsable, y los buenos resultados, gracias a sus ‘excelentes’ medidas adoptadas.

Y enlazando la problemática etíope con la española, y a pesar de mi gran desconocimiento de todo, me parece que el intento homogeneizador de Ahmed y su etnia de los oromo, también reprimida, y su intento de diluir el poder regional, efectivamente, creo que es un claro ejemplo, del rodillo que aplican los poderes españoles, devaluando a las comunidades autónomas.

Y ese rodillo, aplicado de forma especial y más cruenta contra Catalunya, pues vemos que todo lo que les suena a independentismo, es machacado legal, alegal e ilegalmente, según les plazca. Y si para ello tienen que grabar miles y miles de horas de conversaciones telefónicas y por otros medios, para, después, filtrarlas de forma interesada, sin castigar al autor del sumario, el fabulador y falsario teniente coronel Baena, por estar haciendo una causa general indiscriminada.

Como he dicho muchas veces, necesitamos que la sinceridad y la transparencia se impongan, pero para eso es preciso romper muchos huevos, y poder hacer una buena tortilla. Pues así será la única forma de hacer un fuego nuevo.

Los independentistas catalanes tenemos muy claro que ese fuego nuevo, será la deseada república catalana. Y para esto, es preciso efectuar un buen análisis, pero, después, elaborar una mejor síntesis, que incorpore a todas las sensibilidades.

No podemos quedarnos en el análisis, y señalar las diferencias, pues así no avanzaremos.

Un buen ejemplo de síntesis, de esa transversalidad deseada, lo tenemos en la manifestación del corte de la avenida Meridiana de Barcelona, pues hay sensibilidades de todo tipo, ya que el motivo es la libertad de los presos políticos. Evidentemente, los unionistas, si es que los hay, son poquísimos, y más bien son los que nos insultan e increpan cuando pasan. Pero, entre los manifestantes, hay votantes de muchos partidos independentistas y hasta anarquistas, pero la voluntad que nos une es transversal, y más, ayer, el día del Anonymous Million Mask March, que, en Barcelona, se celebró en el cruce que desde hace un año nos venimos manifestando.

Pero eso sólo es un pequeño granito de arena, que debería fructificar y multiplicarse.

Amadeo Palliser Cifuentes

amadeopalliser@gmail.com