
amadeopalliser@gmail.com
Ayer, en el consejo europeo, Pedro Sánchez volvió a efectuar un discurso muy duro contra Israel, por su genocidio en Gaza y Cisjordania. Y el gobierno israelí no tardó en emitir un comunicado, igualmente duro, diciendo que ‘el gobierno español estaba haciendo una cruzada antiisraelí y que estaba en el lado equivocado de la historia’. Y sobre este tema, traslado algunas observaciones.
El adagio de que ‘la historia la escriben los vencedores’, fue atribuida erróneamente a Winston Churchill, pues hay referencias anteriores, como el nazi Hermann Göring, en el consejo de guerra de Nuremberg: ‘el vencedor siempre será el juez, y el vencido el acusado’; pero hay referencias populares muy anteriores. O’Toole, respecto a la batalla de Culloden (1746), en Escocia: ‘es el vencedor quien escribe la historia y cuenta los muertos’. Y, también, el senador de Missouri, George Graham Vest, en 1891, escribió: ‘la historia la escriben los vencedores y la enmarcan según los prejuicios y prioridades. En todas las revoluciones, los vencidos son los culpables de traición, incluso por los historiadores’.
Con esta introducción no quiero evitar mi juicio moral al respecto, pues me parece claro que la actuación del ejército israelí contra el pueblo palestino, es un verdadero e imperdonable genocidio.
Ahora bien, centrándome en la atribución del concepto ‘historia’, me parece claro que todos, personal y socialmente, nos consideramos autoreferentes de los sucesos que vivimos, pues todos somos el centro de nuestra historia (y cuando morimos, se acaba todo nuestro mundo); pero, aún así, la historia transmitida la escribe el poder, el poder puntual, pero revisable con el paso de los años.
En ese sentido, es comprensible que todos, subjetivamente, nos podamos sentir en el lado correcto de la historia, aunque la realidad nos pueda indicar que estemos en el momento y lugar más inadecuado e inoportuno.
Y, en definitiva, si nuestro lado de la historia es el correcto, a nuestro entender, por deducción, los otros están en el lado equivocado. Esa es la lógica más chusca, que expresa muy bien el chiste: ¿qué cuentan las ovejas para poder dormir?
Centrándonos en el ejemplo de la amnistía, recientemente reconocida la ley como constitucional, vemos que el tribunal constitucional marcó su perfil político, ya que, en lugar de limitarse a borrar los actos, las infracciones, la persecución, etc., la ley iguala a los reprimidos con los represores; no reconoce los excesos cometidos por el estado. Y establece que los hechos cometidos por los independentistas comportaron una tensión social e institucional que cuestionaba la supremacía de la constitución y de la unidad del estado. En definitiva, establece que: ‘con la aprobación de la ley de la amnistía, la comunidad política no altera la valoración negativa que le merece la conducta amnistiada – abstractamente considerada – ni modifica su juicio general del rechazo penal (…) más bien, esta clase de conducta ha de continuar siendo castigada, en un contexto que se considera excepcional’.
Está claro que el poder del estado quiere seguir imponiendo su relato, que consideran ‘el relato’. Y, consiguientemente, se consideran en el lado correcto de la historia, mientras que los independentistas catalanes estamos en el lado equivocado de la historia, ‘de su historia’.
Joan Antoni Guerrero Vall publica una muy interesante entrevista al escritor Miquel de Palol, que critica duramente el procés, sosteniendo que es:
‘uno de los ridículos históricos más grandes de los últimos tiempos (…) pues, en realidad, ha sido una operación de los españoles para acabar de anular a Catalunya (…) España es un invento de las Cortes de Cádiz, no es una nación y para tener una esencia colectiva, el estado español necesita una causa de ser, pues no tiene suficiente coherencia interna para instituirse como nación. Y esta causa es tener un enemigo. Cuando se disolvió ETA, los españoles se quedaron cojos, les talaba la razón de existir y miraron hacia Catalunya, y nos tomaron el pelo con promesas que no tuvieron nunca la intención de cumplir, engaños para que los catalanes cayésemos de cuatro patas … y el procés fue una acción catastrófica provocada por España (…) dejándonos en una situación igual o peor que en los años 40 del siglo pasado. La ventaja de ahora es que no nos fusilan y el grado de violencia física es menor’ (…) hace cien años había una identidad catalana colectiva operativa; exiliada, perseguida, prohibida, pero la había, y ahora no. Las instituciones que teóricamente deberían defender la identidad catalana, su tradición, sus valores, están mandadas por auténticos inútiles que, además, son profundamente incultos, o el efecto es como si lo fueran (…)’
(Elnacional.cat, 26 de junio 25)
Con este ejemplo me parece que queda clara la dificultad que tenemos los débiles para controlar nuestro relato, pues, sibilina o inconscientemente, podemos caer en cuantas trampas planteen los realmente poderosos. Y así, los desfavorecidos siempre acabamos en el lado equivocado de la historia oficial. Y, finalmente, no tenemos autonomía ni para contar nuestros muertos, como he mencionado citando los adagios iniciales de este escrito.
Por todo eso, lo importante, a mi modo de ver, es que seamos conscientes de lo que somos y queremos ser, de nuestras debilidades y fortalezas, perseverando para conseguirlo; pero, sobre todo, sin dejarnos caer en las trampas para elefante de los relatos de la historia oficial que nos quieren imponer.
También sería un error sentirnos satisfechos con la versión de nuestra historia, y limitarnos a descalificar como errónea la del estado español; pues si no combatimos, sin compasión, la historia oficial que nos quieren imponer, será la que quedará fijada en la piedra.