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Es sabido que la ostentación del poder produce un efecto de atracción, si bien, como un gran agujero negro, también provoca un trastorno destructivo. Y sabemos que nada es gratuito, a ningún nivel, como vemos estos días en ERC y la CUP, e intento explicar a continuación.
El filósofo Charles Louis de Secondat, barón de Breda y de Montesquieu (1689 – 1755), en su obra ‘El espíritu de las leyes’ (1748) afirmó que ‘toda persona que tiene poder tiende a abusar de él, y no dejará de hacerlo, hasta que se encuentre con límites, que le supongan un cierto freno.
Y ese fenómeno lo podemos observar en todos los círculos y esferas sociales, incluso en los familiares.
Y claro, todo tiene un precio, un coste, como se explica de forma muy clara en la siguiente cita que hace unos días leí en el Ara, con el siguiente comentario de Sarah-Jayne Blakemore, catedrática de psicología en Cambridge, publicado en la red X:
‘Le explicaba a un colega de Ucránia el significado de la frase hecha ‘Nadie te hace la comida gratis’, y él me dio la versión en ucraniano: ‘El único queso gratis es el de la trampa para ratones’. Es mucho mejor’.
Y en esa trampa, hace tiempo que cayó Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el congreso (ahora ese es su nombre oficial, al haber suprimido la especificación ‘de diputados’, atendiendo a una exagerada política de igualdad de género), pues Rufián, al margen de su propio partido, defendió la creación de una gran plataforma de izquierdas periféricas. Pero, claro, eso no es más que el resultado de haber asumido la mentalidad mesetaria, ya que toda periferia requiere como referencia un centro, en este caso Madrid, como explicó de forma muy didáctica Jordi Cuminal (elnacional.cat, 25 de julio 2025)
Y esa visión periférica es el olvido (o la ignorancia y desprecio, en el caso de Rufián) de la importancia del Principat de Catalunya a largo de los últimos siglos; relevancia que la historiografía oficial española ha intentado borrar desde siempre y, de forma especial, en el siglo XIX, mediante el invento artificial y malintencionado del concepto de la Corona de Aragón, como ya he explicado en diferentes ocasiones, citando al escritor y filólogo catalán Martí de Riquer i Morera (1914 – 2013)
Tenemos muchos ejemplos del ejercicio del poder, por el poder y para los poderosos. Sin ir más lejos, ayer pudimos ver a Albert Dalmau, conseller de la presidencia de la Generalitat de Catalunya, presentando la organización de la Ryder Cup de golf del 2031, en Caldes de Malavella (Girona), destacando que España será ‘el primer país continental que ostentará dos veces ese honor’ (en 1997 se organizó en Cádiz); y esta es otra muestra de mentalidad españolista, pues, ¿por qué ‘punyetes’ siempre hacen prevalecer esa sumisión? Asimismo, Dalmau apuntó que la Generalitat de Catalunya aportará 30 millones de euros para esta organización, señalando que saldría de la tasa turística, para ‘elevar el nivel turístico’; aportación que se capitalizaría y revertería con creces en los sectores hoteleros y gastronómico.
Con relación a la citada tasa turística, es preciso señalar que no sólo la pagan los turistas extranjeros, pues también la pagamos nosotros, los catalanes, cuando nos instalamos en hoteles en nuestro país. Y como comentó ayer un compañero de Meridiana Resisteix, ¿con qué ética destinan ese impuesto que también pagamos nosotros, para beneficiar un deporte de élite? y, claro, para apoyar a un colectivo internacional que no precisa ningún tipo de ayuda ni soporte económico. Pero, el poder es el poder, ya lo vimos con la organización de la Copa América de Vela (America’s Cup), un fiasco económico que nunca reconocerá Jaume Collboni, alcalde de Barcelona.
Como he dicho, nada es gratuito, salvo el queso para cazar ratones, y los beneficiados siempre son los mismos, los poderosos de siempre, si no, que se lo pregunten al infame Cristóbal Montoro, el gran estafador del reino, como se ha sabido estas semanas.
También conocemos sus prácticas represivas, sus razones testosterónicas, y sus formas de marcar paquete, como vimos con el mosso francotirador en el terrado del Liceu, para ‘defender / proteger’ al rey en su visita a su colonia; o, también, con su defensa de la comisaría de la policía nacional en Vía Laietana 43, un gran contrasentido con la significación del edificio como memorial democrático, mostrándolo como símbolo de las torturas y la represión.
Y el ‘infeliz’ Félix Bolaños, ministro para todo, defendiendo la ‘necesidad’ de mantener esa fortaleza, para garantizar el orden. Cuando esas funciones están transferidas a los mossos d’esquadra, y la policía nacional tiene otras sedes más importantes y modernas en la ciudad de Barcelona, pero, claro, los cuerpos policiales y sus sindicatos, nunca aceptarán la entrega de ese edificio, lo considerarían una traición, una rendición y, como los funcionarios de hacienda, de la Renfe, etc., éstos son los que realmente mandan e imponen sus condiciones y ‘razones’, y los ministros de turno se someten a ellos, el estado profundo, como sabemos.
Y lo malo es que, ante estas evidencias, los independentistas catalanes estamos desorientados, divididos, anestesiados, desmotivados; y no nos faltan razones para ello, pero, el objetivo final debe prevalecer, no debemos arrinconarlo, por más difícil e imposible que nos parezca.
Esta mañana estaba comentando este punto con un amigo, mucho más joven y práctico que yo. Yo he defendido mi tesis de no seguir apoyando el mal menor (actual gobierno de Pedro Sánchez) por el temor al mal mayor (un futurible gobierno del PP y Vox), pues, a mi modo de ver, no es una apuesta por el ‘cuanto peor mejor’, ya que tengo claro que cuanto peor es peor, pero también tengo claro que el mal menor también es un mal; y, también tengo claro que, como he dicho, todo tiene un coste, y si queremos conseguir la República Catalana, nadie nos ayudará, nadie nos facilitará nada, debemos conquistarla, implantando el resultado del referéndum del 2017, u organizando otro, con más observadores internacionales independientes. Y llevando la situación hasta el final, de forma pacífica y democrática, pero contundente y asumiendo los costes, por más poderosos que sean nuestros opositores, que lo son, además de ser antidemocráticos, por acorazarse con unas leyes que tienen como máximo y único objetivo, salvaguardar la unidad de su sacrosanto reino y de su casa real.
Todo depende de nosotros.