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Con la que está cayendo, como vulgarmente se dice, dedicar este escrito al intento de censurar una canción, la habanera ‘El meu avi’, en la 58ª. cantada de Calella de Palafrugell de ayer noche (6/7), puede parecer frívolo, es decir, irrelevante y superficial; pero tiene tantas aristas, tantos ángulos, que me parece conveniente comentarlos a continuación.
El tema de diferenciar el análisis de la biografía de todo autor respecto al análisis de su obra, ha sido muy tratado y defendido. Obviamente, hay ocasiones que ambos análisis deben estar muy unidos, para poder entender y justificar ciertas obras y/o comprender a su autor. Pero, en otros muchos casos, la información biográfica no deja de ser anecdótica, por no incidir ni determinar su obra.
Y esta segunda situación es la que debería enmarcar el caso de las habaneras compuestas por Josep Lluís Ortega Monasterio (1918 – 2004), un militar (llegó al grado de comandante, pero al ser descubierta su participación en la fundación de la Unión Militar Democrática, en 1976 fue expulsado del ejército; en 1984, revisado el juicio, fue readmitido con el grado de coronel, pero no se reincorporó) y, asimismo, fue un compositor, uno de los grandes maestros de las habaneras (*), con casi un centenar de composiciones, siendo la más popular ‘El meu avi’, de 1968 (que según los estudiosos, era una canción popular menorquina)
(*) género musical con origen cubano, del siglo XIX, típico canto de taberna, introducido en España con las zarzuelas. En 1967 se efectuó en Calella de Palafrugell una cantada de habaneras, organizada, entre otros, por el propio Ortega, siendo el embrión de su popularización. Y ese tipo de canciones va unido al ‘rom cremat’ (ron quemado), confirmando la raíz cubana de ese género musical.
Pues bien, el pasado 2024, el documental ‘Murs de silenci. Gran Escala 2000’ (muros de silencio), de 3cat, mostró la presunta implicación de Ortega Monasterio en una red de tráfico y explotación sexual, entre los años 1970 y 1990. La familia del compositor criticó el documental y señalaron que faltaba información referente a dos sentencias judiciales de la audiencia nacional y del tribunal supremo, que habían declarado inocente a Josep Lluís de esa trama. Asimismo, la familia instó una demanda civil el 2 de abril del 2025, pidiendo una indemnización de 1 millón de euros, que la familia destinará al fomento de las habaneras.
Pues bien, la alcaldesa de esa localidad, Laura Millán, del PSC/PSOE, anunció hace unos días, que el consistorio municipal, dominado por su partido, alegando la supuesta implicación del autor en la red de proxenetismo, había decidido impedir el canto de ‘El meu avi’, que tradicionalmente cerraba esa cantada en Calella de Palafrugell, y en otras localidades.
Es decir, una decisión, esta sí, frívola, mezclando la biografía (todavía pendiente de la última decisión judicial) con la obra.
Pero, como he señalado, esa decisión tiene muchas aristas, muchas lecturas, así:
La alcaldesa, del PSC/PSOE, ‘aprovechó’ la ocasión, para suprimir la habanera más popular, que, entre sus versos, está el grito de ‘Viva Catalunya y Viva el ‘Català’ (el barco de guerra narrado en la canción); y esa habanera, realmente es la más popular, la que sabemos todos, y que siempre era tomada como un canto por nuestro país, especialmente durante el final del franquismo y los primeros años de la transición (traición).
La televisión catalana, 3cat, que retransmitió en directo esa cantada, hizo esfuerzos para ‘ignorar’ esa censura, y enmarcó la ausencia de ‘El meu avi’ como una renovación del propio acto. Una desvergüenza más del giro represor del ‘pacificador’ Salvador Illa y su gobierno de todos.
Finalmente, el público gritó pidiendo la canción en cuestión, y los diferentes grupos subieron al escenario para cantarla, como era habitual. Por lo visto, la alcaldesa les había comentado que si era reclamada, que hicieran lo que mejor les pareciera, como muestra de libertad de expresión. Pero la policía municipal, previamente, había identificado a varias personas que repartían la letra de esa habanera, y animaban a reclamarla. El argumento de la identificación policial fue por ‘atentar contra el órden público’.
Y ese puzle de aspectos no puede ser más ilógico y antidemocrático, pues la represión de todo elemento simbólico catalán, por pequeño que sea, aprovechando cualquier excusa, es propio de nacionalistas españoles y muy españoles, como decía el nefasto M punto Rajoy.
La estrategia del españolizador Illa está clara, la vimos con la desnaturalización de la Diada de Sant Jordi, celebrándola, en paralelo, en Madrid. Y esa censura, vestida de moralismo, por su lucha contra la discriminación femenina, es un insulto a la razón, pero les es igual, como sabemos. Quieren machacarnos y no pararán de hacerlo. Su objetivo es desnacionalizar todo vestigio, todo elemento cultural de nuestro país. Y, en este caso, obviando que la canción narra una guerra española (que acabó con la colonización de Cuba), pues, por encima de todo, para los españoles prevalece la censura al grito de Viva Catalunya y Viva el Català, pues eso les recuerda que somos una nación, mal que les pese.
Para finalizar este escrito, me parece oportuno reproducir ‘El meu avi’, traducido al castellano:
El meu avi (letra y música de Josep Lluís Ortega Monasterio):
Mi abuelo fue a Cuba
a bordo del Català
el mejor barco de guerra
de la flota de ultramar.
El timonel y nuestro amo
y catorce marineros
habían nacido a Calella de Palafrugell.
Cuando el Català salía a la mar
los chicos de Calella hacían un cremat,
y con la guitarra, solían cantar:
Viva Catalunya, Viva el Català.
Llegaron tiempos de guerras,
de perfidias y traiciones
y en el mar de las Antillas
retronaron los cañones.
Los marineros de Calella
y mi abuelo en medio de todos
murieron en cubierta
al pie del cañón.
Cuando el Català salía a la mar
gritaba mi abuelo:
chicos, que es tarde.
Los valientes de a bordo no volvieron:
tuvieron la culpa los americanos.