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La guerra entre el DeepSeek y el Chatgpt por el dominio de la inteligencia artificial, ha demostrado que no todo es previsible, ni siquiera para la propia inteligencia artificial, pues la empresa americana no supo vaticinar la aparición del competidor chino, y eso tendrá muchas consecuencias en todos los niveles, pero siempre los ciudadanos seremos meros consumidores. En el presente escrito me centro en esa imprevisibilidad.
Los ciudadanos de todo el mundo, además de consumidores, somos simples hormigas productoras, ya que hemos regalado toda nuestra información, todos nuestros datos personales (nuestro nombre, edad, dónde vivimos, nuestros datos bancarios, nuestros gustos y opiniones, lo que leemos y lo que dejamos de leer, etc.), y todo lo hemos regalado por cuatro chucherías, por simples bagatelas de entretenimiento; engañados como los indios americanos intercambiando su oro por simples trozos de espejo y de cristales.
Y la inteligencia artificial ha alcanzado esa ‘inteligencia’, amasando toda esa información, así como la editada y archivada en las principales bibliotecas, y también, la publicada en todos los medios y redes sociales (lo que no deja de ser más que una redundancia)
Y, obviamente, todos los productos ‘informativos que nos ofrecen, están ‘debidamente’ manipulados en función de la ideología que hay en trasfondo de los respectivos sistemas.
David Streitfeld (The New York Times) titulado ‘Con las redes sociales aparecieron males que no había previsto’, publicado asimismo hoy en el Ara, comenta una entrevista a Bill Gates, y que es el autor de la frase que Streitfeld toma como título. En esa entrevista, Gates comenta que:
‘siempre había pensado que Silicon Valley era de centro izquierda (…) el hecho que ahora haya un grupo considerable de centroderecha me sorprende (…) han pasado cosas increíbles gracias al intercambio de la información en internet.
Cuando llegaron las empresas de redes sociales como Facebook y Twitter, aparecieron males que, he de decir, no predije (…)
¿División política acelerada por la tecnología? No lo preví.
¿La tecnología siendo usada como un arma contra los intereses contra los intereses colectivos? Tampoco lo predije’.
Streitfled considera que Gates es un ‘tecno-optimista’ que no estuvo de acuerdo con el filósofo israelita Yuval Noah Harari, que, en su libro ‘Homo Deus’ (2017) ya advertía sobre ‘un futuro potencial en el que la élite mejora a través de la tecnología y se deja que las masas se pudran’. Gates no estaba de acuerdo con el advertimiento del filósofo, y escribió: ‘este futuro no está predestinado’
Y el periodista comenta: ‘Ahora, Gates está leyendo el libro más reciente de Harari, ‘Nexus: una breve historia de las redes de información desde la edad de piedra a la IA’ que es un análisis crítico de nuestra dependencia de la tecnología. Gates se tomó Nexus como una cosa personal. Harari ‘se burla de le gente como yo, que veía la información siempre como una cosa buena’, dice Gates. ‘Básicamente diría que él (Harari) tiene razón y yo estaba equivocado’
Pero que quede claro: Gates no se está disculpando. Continúa creyendo en el poder y la bondad de la tecnología. Como multimillonario, los otros te confieren enormes poderes, dijo Gates. Cuando tienes éxito en una esfera, reflexiona ‘creen que eres bueno en muchas cosas en las que no lo eres’, y esto suena casi como una advertencia’.
(Ara, 2 de febrero del 2025)
Yo dudo que Bill Gates sea un tecno-optimista, y aunque es verdad que atribuimos poderes excesivos a los que consideramos ‘líderes’, y eso les hace endiosarse más, si cabe; por lo que creo que Gates más que optimista, no pudo o no supo prever las consecuencias de sus máquinas, como Albert Einstein (1879 – 1955) y otros científicos nucleares no previeron el uso criminal de las suyas.
Aunque otros, como Julius Robert Oppenheimer (1904 – 1967) desarrollaron esa aplicación para una finalidad destructiva.
A Einstein se le prohibió trabajar en el Proyecto Manhattan (1942 – 1946), por sus críticas al respecto y por haber enviado una carta crítica al presidente Franklin Delano Roosevelt (1882 – 1945), avisándole de las consecuencias.
Y me parece que el paralelismo entre la energía nuclear y la inteligencia artificial es muy oportuno y clarificador.
Oppenheimer, tras el estallido de la primera bomba nuclear en 1945, dijo: ‘Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos’.
Yo creo que la pregunta adecuada es si ¿Bill Gates es un ‘Einstein’, o un tecno-optimista como Oppenheimer?
Einstein reconoció los efectos nefastos, y Gates, al final, también reconoce que ‘quizás’ Harari tenía razón, y él estaba equivocado; pero eso más bien me suena al reconocimiento de Oppenheimer al ver la destrucción causada por su obra. Pero Gates no se reconoce como destructor de nada.
Sea como sea, la realidad es que estamos en plena guerra de intereses espurios, es decir, ilegítimos, y, claro, ocultos.
Por eso me parece claro que, como dice el Salmo 22:20: ‘Libra mi alma de la espada, mi vida del poder de los perros (…)’
Y también me parece evidente que, ante este problema mundial, nuestros políticos no tienen ningún poder ni influencia, pero, tienen la cara dura de beneficiarse, de aprovecharse, de las migajas, de los subproductos del nefasto sistema.
Por ejemplo, y como señaló David González en su artículo ‘Palantir, la tecnocasta que cobra de Pedro Sánchez’:
‘(…) Pedro Sánchez continúa haciendo trampas que son alguna cosa más que retórica politiquería y enredos semánticos. La última consiste en erigirse como bastión europeo contra la ‘tecnocasta’, es decir, los multimillonarios tecnológicos encabezados por Elon Musk.
(…)
Sánchez engaña porque en el mundo aficionado por la tecnología, todos trabajan para la megamáquina, que dijo Lewis Mumford, o el engranaje, ‘das Ge-stell, como lo caracterizó Heidegger. Sánchez también. Y así, elm peor de la tecnocasta, la que representa el cofundador de Paypal Peter Thiel, opera empresarialmente en el estado español con una filial desde hace años y cobra del gobierno de Pedro Sánchez. En plena presidencia española del Consejo de la UE, en octubre del 2023, el ministerio de defensa adjudicó un contrato por valor de 16.540.000 euros a Palantir, la principal empresa de Thiel. ¿Y a qué se dedica Palantir? Pues no precisamente a defender la democracia.
El objeto del contrato, para tres años, según reveló en su día el digital Newtral, es una solución informática para que las fuerzas armadas españolas puedan utilizar Gotham, un software de análisis de datos e inteligencia militar. El espionaje, no se podía saber, es la especialidad de Palantir, relacionada desde sus inicios en 2003 con la CIA y el Pentágono y considerada una de las tecnologías más opacas y rentables del mundo.
Gotham es un sistema operativo desarrollado por IA que sirve para crear perfiles únicos de personas agregando datos de diferentes registros, públicos y privados. Amnistía Internacional acusó a Palantir de violaciones de los derechos humanos después que el 2017, la primera administración Trump utilizase Gotham para detener a padres y cuidadores de niños inmigrantes no acompañados. El 2020, en plena pandemia, Palantir ofreció sus servicios al gobierno Sánchez para luchar contra el Covid-19.
Feo, Pedro, Feo. Porque, además, la tecnocasta que contrata con el ministerio de defensa español es la peor de las peores. Peter Thiel, el malo más malo de la galaxia de archimillonarios techies que rodea a Trump, fue el único tecnomagnate de Silicon Valley que el 2016 apostó por el ahora presidente por segunda vez. También financió la carrera como senador del no menos siniestro J. D. Vance, quién, oh casualidad, acaba de convertirse en el vicepresidente de Trump.
Ya hace unos cuantos años, el 2009, Thiel escribió en un artículo titulado ‘The Education of a Libertarian’: ‘ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles’. También afirmaba que la política y la tecnología están en una ‘carrera mortal’ y que ‘el futuro será mucho mejor o mucho peor, pero la cuestión continúa abierta’.
A Thiel se le ha vinculado con el movimiento de la Neoreacción (NRx) o Ilustración Oscura, que, abanderada por el filósofo británico Nick Land, promueve una manera de tecnocracia autoritaria que dirige los países como una empresa con un CEO al mando.
Curiosamente, NSO, la compañía israelí creadora de Pegasus, el software con el que espiaron a dirigentes y activistas del independentismo catalán, también ofreció sus serviciso al gobierno español durante la pandemia, como Palantir. En todo caso, la pregunta es si Sánchez revocará el contrato que firmó su ministerio de defensa con Palantir, la megacompañía de datos y espionaje de Thiel. Si tan coherente es, ya tarda en llamar al señor más oscuro de la tecnocasta. Lo contrario se deberá interpretar como un episodio más del lanzamiento continuado de bombas de humo para mantener en el congelador el incremento de los servicios sociales.
Thiel o Musk, a caballo de Trump son la expresión del problema de la época, la relación entre tecnología y democracia. Pero Sánchez, está más preocupado por hacer de imitador de Pablo Iglesias contra el tecnopoder global (…)’
(elnacional.cat, 27 de enero del 2025)
Me parece claro que estamos en un momento en el que la amenaza del ‘poder de los perros’ ya es real, aunque no lo percibamos; y, también me parece evidente que Pedro Sánchez, con su inconsistencia ética y moral, tiene vendida su alma al diablo, pues, para mantenerse en la poltrona, apuesta por la tecnocasta, aunque públicamente se presente como contrario a ella.
Y Sánchez es el subproducto actual del régimen del 78, ya que, aparentemente, el estado profundo está contra él, pero la realidad es que, es más teatro, más escenificación que otra cosa, ya que, el pasado 30 de enero, el tribunal supremo le confirmó una multa a Sánchez por haber efectuado una rueda de prensa desde la Moncloa (30 junio del 2023), en plena campaña electoral, exaltando los éxitos de su gobierno y desacreditando a sus adversarios, y, por lo tanto, infringiendo el deber de neutralidad de los poderes públicos.
Pero la multa ha sido de 2.200 €, es decir, una nimiedad, máxime cuando hacemos la comparativa con la inhabilitación del president de la Generalitat, Quim Torra, por una pancarta pidiendo la libertad de los presos políticos, en una campaña para unas elecciones generales, en la que no se presentaba el president, claro.
La diferencia de trato es abismal, y sólo puede entenderse por ser Sánchez, parte del sistema unionista español, y Torra, no, evidentemente.
Así que todo es una farsa, los diferentes poderes se autoprotegen, siguiendo diferentes estrategias, incluso efectuando contratos con empresas totalmente antidemocráticas.
Y los perjudicados somos toda la ciudadanía, y más concretamente, los independentistas catalanes.
Y sabemos que todo podrá ir a peor, a medida que se confirme la progresión de la derecha (secuestrada por la extrema derecha), pero, tal como comenté en un escrito anterior, esa derecha y la actual centro-democracia (ya no socialdemocracia) no dejan de ser dos caras de un mismo eje pendular. Y el ejemplo de los contratos con Palantir, son una simple constatación.
Así que, en definitiva, no nos dejemos engañar con la verborrea de Pedro Sánchez y sus monaguillos, pues nos han demostrado, por activa y pasiva, que no son de fiar. Y menos lo serán el PP y Vox. Por eso, sólo tenemos una salida: la independencia de Catalunya, pero eso será válido e interesante, si el resultado final es una República Catalana, democrática, laica, ética y moral, ajena a la tecnocasta, en definitiva, que nos libre tanto de la espada como del poder del perro. De no ser así, solo podremos confiar en la caída de un nuevo asteroide que reinicie el sistema, como dicen los informáticos.