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En mis últimos escritos he hecho referencia a cierta controversia suscitada respecto a la falta de compromiso de los que erróneamente consideramos como ‘intelectuales’ (escritores, artistas, etc.), pues, en todo caso, son simplemente mediáticos; y a continuación profundizaré, tomando como base la respuesta de la cantautora Rosalía (Rosalía Vila i Tobella) a unas críticas recibidas, pero ampliando el angular.
Las críticas a Rosalía las inició el diseñador mallorquín Miguel Adrover i Barceló, consagrado como uno de los diseñadores de moda femenina más importantes en New York y Europa, que rechazó vestir a la artista por no haber condenado públicamente el genocidio en Palestina. Adrover, coincidiendo con el próximo estreno del documental ‘The Designer is Dead’ (el diseñador está muerto) previsto para mañana, 1 de agosto, en el Atlàntida Film Fest de Mallorca, en su red social remarcó que:
‘Haciendo lo correcto. El silencio es complicidad y más aún cuando tienes un gran altavoz que millones de personas escuchan cuando cantas. Es por eso que tienes la responsabilidad de usar este poder para denunciar este genocidio. Rosalía, esto no es nada personal. Te admiro por todo tu talento y por todo lo que has logrado’. Asimismo, el diseñador añadió que Rosalía es ‘mucho más’ que los artistas que solo se dedican al mundo del espectáculo y entretenimiento y la ha admirado a ‘hacer lo correcto’.
La respuesta de hoy (31 de julio) de Rosalía, por las redes sociales, ha sido la siguiente:
‘He seguido con gran tristeza lo que se ha venido diciendo estos días. Desde ya acepto que lo que escribiré aquí será incompleto e imperfecto pero es mi verdad y está escrito con la mejor intención.
El hecho de no haber usado mi plataforma de forma alineada con el estilo o expectativas ajenos no significa en absoluto que no condene lo que está pasando en Palestina. Es terrible ver día tras día como personas inocentes son asesinadas y que los que deberían parar esto no lo hagan.
No veo como avergonzarnos los unos a los otros sea la mejor manera de seguir adelante en la lucha por la libertad de Palestina. Creo que el señalamiento debería direccionarse hacia arriba (hacia quienes deciden y tienen poder de acción) y no en horizontal (entre nosotros).
En un mundo como el de hoy en día todos vivimos en constante contradicción, yo la primera, y aunque personalmente siempre intente hacer ‘lo correcto’, probablemente no siempre lo consiga, pero en el proceso trato de aprender y mejorar.
Lamentablemente este texto no es ni será suficiente en un contexto de violencia extrema como el que está aconteciendo, por ello querría finalizar con un profundo respeto y agradecimiento a las personas que realmente actúan como ONG’s, activistas, voluntarios, sanitarios, trabajadores, cooperativas, asociaciones y periodistas dedicando su vida a ayudar en esta causa y muchas otras’.
(www.eldiario.es, 31 de julio 2025)
Tanto la crítica de Adrover, como los argumentos de Rosalía, por sí mismos, me parecen muy válidos, pertinentes y didácticos, pues representan abrir las ventanas y dejar entrar aire fresco que permitan despertar conciencias.
En mi escrito de ayer critiqué a los personajes mediáticos (que no ‘intelectuales’), con gran difusión e influencia, que callan ante las injusticias (represión del independentismo, expoliación obras de Sixena del MNAC, genocidio en Gaza, etc.), y me ratifico, si bien, no debemos olvidar, también, que cualquier posicionamiento por su parte, les puede comportar repercusiones (críticas y beneplácitos, pero, también, negativas incidencias económicas, pérdidas de contratos, etc.). Todo es muy complejo en este mundo de capitalismo extremo, feroz, salvaje.
Pero claro, si ante esos peligros ciertos, los personajes que disponen de grandes altavoces mediáticos, y tienen miles y millones de seguidores, se limitan a opinar sobre temas de género (feminismo, LGTBI+, etc.), de cambio climático, etc., por ser más transversales y, por lo tanto, menos comprometidos, tendremos unos personajes sesgados, equidistantes y tibios en los temas más controvertidos.
El libro del Apocalipsis ya decía: ‘Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca’ (3:16)
Pero también tiene razón Rosalía cuando señala que las críticas, en primera instancia, deberíamos dirigirlas hacia los políticos, hacia los que tienen poder de acción y decisión, y son los que votamos y pagamos para que cumplan sus funciones y actividades con la máxima ética y moralidad. Y estos (con honrosas excepciones), por su acomodación, y por haber primado sus intereses personales y de partido, sobre sus deberes cívicos, son los máximos responsables, y en eso coincidiremos la mayoría.
Tenemos información más que suficiente para saber, de forma clara, que las instituciones, como la UE (y los diferentes estados), son y actúan como el Leviatán de Thomas Hobbes (1588 – 1679), un monstruo que solo respeta a quien le rinde pleitesía, y se rinde ante los poderosos (como Trump). Hobbes consideró que las sociedades, para no caer en la anarquía y la guerra, debían conformar estados fuertes y autoritarios, pues, según él, ‘Homo homini lupus es’ (el hombre es el lobo para el hombre). Pero cuando el lobo es el que está en el poder, como pasa con Trump, Putin, Netanyahu, etc., los que pretenden ser sumisos, o equidistantes, está claro que, siguiendo la cita apocalíptica, deberían ser vomitados.
Pero con todo, es preciso tener claro que debemos evitar que esos árboles, esos arbustos salvajes, no nos tapen la realidad; que, mirando el dedo, dejemos de mirar la Luna que señala. Y, por eso, considero importante resaltar que, además de criticar todo lo criticable, sólo faltaría, nos olvidemos de hacer una autocrítica, pues nuestra conformidad y complacencia, en definitiva, nuestro pasotismo, nuestro distanciamiento, nuestra desconexión, facilitan la labor de los nefastos ‘políticos’ profesionales, dejándoles total libertad de movimientos, avalándolos con nuestros votos.
Y autojustificarnos con el argumento de que ‘nos han fallado’ y por eso estamos desmotivados, así, encima, les damos más carta blanca, con la abstención o el voto de falso castigo…, pues esa forma de proceder no es más que una falacia, la aplicación incorrecta de un principio lógico.
Por eso, volviendo al refrán, ‘el que se pica, ajos come’, nosotros deberíamos volver a sentir ese picor, dejar de ser insensibles a él, y superar nuestro pasotismo, a costa de volver al desasosiego que conlleva la información y la crítica.