Buscar

El reino español, perfecto discípulo del mítico Saturno devorando a sus hijos

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

El día 28 de diciembre se celebrará el día de los Inocentes, y los niños harán inocentadas; ayer, 20 de noviembre, fue el día de los culpables, y éstos lo celebran realizando ‘cabronadas’, así es el ‘toma y daca’ de la política española, como vimos ayer, con el avance de la condena del fiscal general, que ya comenté en mi escrito de ayer.

Pedro Sánchez y los portavoces del PSOE, no dejan de repetir el mantra de que ‘acatan la sentencia, pero que no la comparten’. Pero ya ven venir las condenas a la esposa y hermano del presidente.

Pero, si hicieran un mínimo de análisis de sus decisiones y acciones contra el movimiento independentista, y se vieran en el espejo aplaudiendo al mismo tribunal supremo condenando a nuestros líderes retorciendo las leyes a su gusto y modo, se darían cuenta que el bicho que han mantenido y alimentado desde la transición / transacción / traición, es así, y ahora, como Saturno, acaba devorando a sus hijos que le muestran que, con el paso del tiempo, le podrían poner en peligro.

Por eso, que el monstruo empiece a autodevorarse, no es una mala noticia, aunque es evidente que, como dice el refrán, ‘cuando peor, peor’, pues las fieras descontroladas, son muy peligrosas.

Por eso, prefiero dejar reposar esta noticia, ya que, como apunté ayer, es para ‘orinar y no echar gota’; así que, ahora aterrizo un poco el problema de las confrontaciones entre rivales, competidores y enemigos, pues, en un momento u otro, todos sentimos el deseo (y falsa necesidad) de superar al otro, a los otros, de vencerlos, ya sea en aspectos profesionales, deportivos, académicos, etc. Una situación utópica ‘buenista’ se basa en la colaboración; mientras que en la vida cotidiana predomina la competición, en diferentes niveles, sentidos y grados. Y es sabido que la competencia sana es estimulante, mientras que la rivalidad desmedida es totalmente negativa, en todos los sentidos, como intentaré explicar en este escrito.

Hace unos días vimos la exposición (por llamarlo de algún modo) ‘El desafío inmersivo: Leonardo versus Michelangelo’, un espectáculo basado en la realidad virtual de 360 grados, metaverso y espacios expositivos e interactivos.

Pedagógicamente, no me parece muy didáctico montar una exposición para ‘continuar la rivalidad, la batalla más grande de la historia del arte’, entre los dos artistas geniales:  Leonardo di ser Piero da Vinci (1452 – 1519) y Michelangelo di Lodovico Buenarrotti Simoni (1475 – 1564), tuvieron hace 500 años. En esa exposición se dice que ‘podemos hablar del arte del Renacimiento con propiedad, pero pasándonoslo bien (…) fomentando una rivalidad como la de Messi y Ronaldo o Magic Johnson y Larry Bird (…) y toda la experiencia fuerza al visitante a hacer una progresiva selección para ir votando al genio predilecto, en cada momento’.

En el presente escrito no pretendo describir a ambos genios del arte, ni señalar sus características personales, ni su rivalidad artística, ni la competición de sus respectivas familias protectoras. He traído la experiencia de esta exposición, para comentarla, pensando en el momento presente.

Ahora bien, en primer lugar, me parece que es preciso destacar que no me parece pedagógico fomentar la rivalidad, ni en la búsqueda del confort y el disfrute. La sociedad está suficientemente crispada como para que, encima, añadamos más rivalidades y confrontaciones, aunque tengan un pretendido sentido lúdico – didáctico.

Sabemos que incluso ser fan o seguidor de un equipo deportivo, musical, político, religioso, etc., llevados al extremo, hacen aflorar sentimientos más profundos, debido al efecto de desinhibición y anonimato al formar parte de una masa, como la definió José Ortega y Gasset (1883 – 1955), en su ensayo ‘La rebelión de las masas’ (1929). Este filósofo hizo famosa la expresión ‘yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo’ (‘Meditaciones del Quijote’, 1914) Y es evidente que gran parte de nuestra vida y experiencia, somos un ‘hombre masa’, y esclavo de las circunstancias, que nos imponen.

El mencionado Leonardo da Vinci escribió que:

  • ‘Verdaderamente el hombre es el rey de las bestias, pues su brutalidad sobrepasa a la de aquellos’, 

y para ello, siempre es preferible ser el líder de la respectiva masa, obviamente, como sabemos todos. 

Pero también escribió otros aforismos que sí que deberíamos atender:

  • ‘Es digno de compasión el alumno que no supera a su maestro’,
  • ‘Así como el hierro se oxida por falta de uso, también la inactividad destruye el intelecto’.

Hoy hemos tenido otra muestra de rivalidad extrema, de verdaderos enemigos, es decir, entre:

  • el tribunal supremo (compuesto por los de siempre. Los 5 jueces que han votado a favor de la condena son: Andrés Martínez Arrieta, Manuel Marchena, Juan Ramón Berdugo, Antonio del Moral, Carmen Lamela. Mientras que las juezas Susana Polo y Ana Ferrer, han emitido sendos votos particulares, y 
  • Pedro Sánchez, mediante su personaje interpuesto, su ‘hombre de paja’, el fiscal general Álvaro García Ortiz, que ha acabado condenado por su no demostrada filtración, si no, por su apoyo a la ley de la amnistía. Y, para no desaprovechar una ocasión de hacer daño, el morbo de esos jueces no solo está en la inhabilitación y multa al fiscal, sino, hacer que éste ‘compense’ al ‘afectado’ (la pareja de la presidenta Ayuso); en un claro mensaje: ‘Ayuso es intocable’.

Todos los poderes del estado y sus ‘habitadores’ y vividores, tienen. asumido el mensaje que proclamó, a toque de corneta, en 2024, el infame José María Aznar: ‘el que pueda hablar, que hable; el que pueda hacer, que haga; el que pueda aportar, que aporte; el que se pueda mover, que se mueva; el que pueda intentar …’ (me parece que estos puntos suspensivos fueron más que significativos y sugerentes)

Y en este contexto, todos sabemos que el archirrival, el archienemigo por excelencia, del estado español, es nuestro President legítimo, Carles Puigdemont.

Ya hemos visto que la rivalidad puede aumentar la motivación, pero sabemos que en el caso que nos ocupa, esos funcionarios españolísimos ya ejercen sus mayores esfuerzos, para dificultar la vida de los independentistas catalanes y, obviamente, para detener al president, al primer momento que se les presente. Y ese esfuerzo de esos equipos funcionariales, incrementan el riesgo y rompen la convivencia, que dicen promover. Ahora, incluso prefieren que se note el cuidado al conseguir su efecto (en contra de lo que estableció el conde duque de Olivares: ‘que surja el efecto sin que se note el cuidado’, 1624)

Y ese riesgo y nervios, comporta que podamos adoptar decisiones precipitadas y equivocadas, como sabemos y hemos sufrido; si bien, independientemente, por nuestra parte, también nos hemos visto forzados a equivocarnos, pues la rivalidad entre los partidos independentistas, más que engrasar, arrasa.

Asimismo, es preciso destacar que para que haya rivalidad, ha de haber un cierto equilibrio entre las partes competidoras; así que los independentistas no podemos rivalizar con los unionistas españoles, que tiene todos los poderes a su favor e, incluso, a los quintacolumnistas en Catalunya, empezando por el propio president de la Generalitat, Salvador Illa.

En definitiva, que debemos dejar de gastar energías y fuerzas en batallas que no podemos ganar, o que no nos convienen (Sunzi (Sun Tzu, 544 a.C. – 496 a.C.), en su ‘Arte de la guerra’, escribió ‘si tu enemigo te supera en fuerza, evítalo’, pues ‘toda guerra se basa en el engaño) ; y tampoco debemos caer en la rivalidad estéril entre independentistas (iba a escribir entre similares, pero no sería cierto). Pues lo racional y responsable sería que consiguiéramos nuestra unidad, para disponer de más fuerzas, que nos puedan garantizar mayores beneficios y la victoria final.