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El rey Felipe VI incumple la constitución una vez más

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

El ‘juez’ Llarena manifestó ayer que mantendrá la orden de detención de Puigdemont, Puig y Comín, aunque el tribunal constitucional avale la ley de la amnistía. Tras doce meses de trabas, el tribunal supremo se mantiene en la línea marcada por el ‘juez’ Marchena, de incumplir la ley de la amnistía (olvido penal), aprobada por el congreso de diputados. ¿Qué espera el rey para cumplir su obligación, fijada por el artículo 56.1 de la constitución?, pues ese artículo le determina su papel de árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones. 

Sabemos que Pablo Llarena y Manuel Marchena son la punta del iceberg para combatir, por tierra, mar y aire, la ley de la amnistía aprobada por el poder legislativo; y, desde ese momento, han buscado todo tipo de elucubraciones, como la malversación, para incumplirla.

Así, hemos visto que el tribunal supremo, y diferentes instancias judiciales, han aplicado la ley para, mayoritariamente, ‘beneficiar’ a los policías y guardias civiles agresores y, en menor medida, a independentistas de base.

Pero, en conjunto, el poder judicial está prevaricando, para perjudicar a Carles Puigdemont, Toni Comin y Lluís Puig, en el exilio; pero también a Oriol Junqueras, Jordi Turull, Raül Romeva y Dolors Bassa, que continúan inhabilitados, así como otros, pendientes de juicio con acusaciones de ‘terrorismo’. Y lo prevarican impunemente, pues hace años que vienen actuando como ‘la toga nostra’, pero, a diferencia del comportamiento mafioso, no actúan de forma clandestina, si no, a plena luz del día y con total impunidad.

Algunos medios de comunicación consideran a esos magistrados como ‘la crostra nostra’, pero no me parece apropiado, el problema no se reduce y limita a la corteza exterior, a la epidermis del poder judicial, pues es todo su organismo, salvo escasas excepciones, el que muestra esa metástasis. 

Y no pasa nada, así es el reino español, pues su rey es el primer incumplidor de sus funciones arbitrales, como vimos por su nefasto y anticonstitucional discurso del 3 de octubre del 2017. Actúa de parte, de la parte más carpetovetónica y neofranquista, y ninguna instancia le exige responsabilidades, como en el siglo pasado, que, en algunos momentos, el parlamento criticó esa forma de borbonear, que tanto les gusta a esa familia.

El poeta chileno Enrique Lihn (1929 – 1988) escribió el poema ‘Este no querer ser lo que se es’, podría ser adaptado (tergiversándolo) a Felipe VI, que no quiere ser un rey democrático, ya que no cumple tampoco con el artículo 1 de la constitución, que fija que ‘España es un estado social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político’.

Es sabido que ‘nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro o querrá mucho a uno y despreciará al otro (…)’ (Mt 6:24-34)

Por eso, Felipe VI, y todos, sí, todos, los políticos, medios de comunicación, policías, etc., en fin, todos los poderes que privilegian, protegen y anteponen, ante todo, la unidad de su gran señorona España), están actuando de parte, despreciándonos a los otros, a los que no pensamos como ellos; pues su ‘señor’ es la unidad de su España. 

Y con esa mentalidad y forma de actuación, no dudaron en acusar a los independentistas de rebelión, que después pasó a ser sedición (y aún podrían haberlos acusado de traición), pues son especialistas en tergiversar las leyes e inventarse violencia, o lo que les conviene en cada momento), confirmándose la afirmación, por lo tanto, de que no se pueden servir a dos señores. Y no se puede servir, al mismo tiempo, esa maldita y forzada unidad española y, también, la democracia.

Pero nadie se atreve a acusarles por delitos de dejación de funciones y, por lo tanto, los políticos y parlamentarios están incumpliendo, asimismo, con sus obligaciones, haciéndose cómplices del delito de la omisión del deber de perseguir delitos de los que tienen conocimiento (art. 408 del cód. penal)

Por todo eso, los independentistas catalanes no podemos seguir soportando ese putrefacto régimen que nos imponen, desde 1714, tras la conquista por el primer Borbón (Felipe V), y confiamos que su descendiente actual, Felipe VI, cierre el circulo vicioso que tanto nos hace sufrir.

Estamos cansados de soportar unos gobiernos estocásticos (del gr. stochastikós, hábiles en conjeturar), no queremos seguir estando sometidos a actuaciones gubernamentales estocásticas (acciones predecibles y otras aleatorias)

Queremos gobernantes comprometidos, que se ajusten a la expresión etimológica del término ‘compromissus’ (de ‘cum’, junto, y ‘promissus’, promesa)

Por eso no podemos confiar, ni seguir manteniendo, a personajes como el represor Salvador Illa, que tiene, como único señor, el rey español, con lo que comporta.

Y me parece evidente que, por más que quiera disimular y aparentar, Illa no puede ser un fiel servidor a nuestro país, a Catalunya, (ni quiere) pues mantiene su fidelidad a los conquistadores, que nos siguen aplicando la ley de conquista. No puede tener dos señores, salvo que padezca de esquizofrenia. Pues, se beneficia a uno, perjudicando a otro, así son las leyes físicas de los vasos comunicantes; y, por más mentiras y subterfugios que va contando por su España, la financiación que queremos no es la que va publicitando en sus correrías.

No aceptamos más los compromisos a medias, ni el compromiso gallináceo de la siguiente fábula (que ya he utilizado en un par de ocasiones), que es lo que proponen el dúo de trileros Pedro Sánchez y Salvador Illa.

‘Fábula de la gallina y el cerdo comprometido o involucrado.

Una gallina y un cerdo paseaban, un día, por una carretera, cuando la gallina le dijo al cerdo: oye cerdo, ¿qué te parece si nos asociamos y abrimos un restaurante?, me parece buena idea, contestó el cerdo, y preguntó ¿cómo lo llamaríamos? La gallina pensó un poco y contestó: ¿porqué no le llamamos ‘huevos con jamón’? El cerdo se detuvo, hizo una pausa y contestó: pensándolo mejor, creo que no voy a abrir un restaurante contigo, pues, de ser así, yo estaría comprometido, pero tú solamente estarías involucrada.’ 

La diferencia es clara, el cerdo, para aportar el jamón o el tocino, debe sacrificarse; mientras que la gallina puede proporcionar los huevos sin ningún sacrificio. 

Y eso es lo que siempre ha querido el conquistador y colonizador reino español, exigir nuestro sacrificio; incluso sin apenas involucrarse, pues no es que nos den nada, es que ni nos devuelven lo que se llevan, incumpliendo el Estatut de Catalunya.

Utópicamente, en una sociedad ideal, predominaría el compromiso, con nuestros prójimos y con todos, pues esa es la mejor forma de expresión del respeto. Pero no somos ilusos, ni debemos serlo, pues somos conscientes que predomina la avaricia, la envidia, etc.; y esas son características que están en las antípodas de la democracia.

Y el respeto a todos los seres humanos brilla por su ausencia a nivel mundial, mejor dicho, nunca ha prevalecido. Constatamos su ausencia por las innumerables guerras, las hambrunas, y todo tipo de carencias, incluso en el ‘cuarto mundo’ (la miseria dentro del primer mundo) y, no lo olvidemos, por las desastrosas decisiones del alocado y desmedido Trump.

A nivel anecdótico, hoy, en el Ara, hay una gran fotografía, a doble plana central, en la que se ven unos soldados de la guardia del rey, en Londres, efectuando, pomposamente, la ceremonia del cambio de guardia. Y, en esa fotografía se observa un soldado caído al suelo, desmayado, tras pasar horas en posición de firmes, bajo el sol, altas temperaturas, y el uniforme. Y eso, que no deja de ser una simple anécdota, nos muestra la falta de humanidad, de los ejércitos, que anteponen las normas a las personas y, no digamos, de los turistas, que ‘celebran’ esa caída, por poder captar la fotografía. Supongo que, en más de una ocasión, el soldado desmayado, que no recibe la atención, ni la mirada de sus compañeros, al finalizar la ceremonia, lo pueden encontrar fallecido, pero es igual, todo sea a mayor gloria y pompa de los desgraciados reyes, jefes militares, turistas, periodistas, etc.

Lo veo todo muy negro, pues en el actual sistema caótico, no veo la ‘bifurcación’ que nos pueda llevar a otro estadio, a un nivel superior.

Según la teoría del caos, éste se diferencia del desorden, pues siempre hay patrones ocultos, pero, en este momento, para los independentistas, el patrón que nos muestre la bifurcación, está muy, pero que muy oculto, pues estamos dominados por la entropía.

Pero, aún así, no debemos perder la ilusión, y seguir buscando esa bifurcación para conseguir el compromiso, el acuerdo y, como me recordó una amiga mediante un meme:

‘Dijo un sabio que, para ser fuerte, no es necesario levantar mucho peso. Con levantar el nuestro cada vez que nos caigamos, es suficiente’.