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Tras el recorte del Estatut de Catalunya, por parte del tribunal constitucional, la masiva manifestación del 10 de julio del 2010, con el lema ‘Som una nació. Nosaltres decidim’ (Somos una nación. Nosotros decidimos), finalmente, tras arduas negociaciones, fue presidida por el president de la Generalitat, José Montilla (PSC/PSOE), en pleno gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero (PSOE). Pero, ahora, inmersos en la peor crisis sistémica (ferroviaria, sanitaria, educación, etc.), la ciudadanía catalana está aletargada, hibernada, anestesiada, como intento explicar a continuación.
En aquellos años, que ya nos parecen prehistóricos, la sensibilidad política era más diáfana, como lo refleja dicha manifestación, pues, si bien Montilla se negaba a participar tras la pancarta mencionada (pactada por CDC y ERC, y por el organizador de la marcha, Òmnium Cultural, entidad dirigida por Muriel Casals), pero llegó a la entente de poner dos pancartas con el lema citado y, en el centro, una gran senyera (la bandera catalana), y así, José Montilla, igual que Pasqual Maragall (alcalde de Barcelona, por el mismo partido), se sintieron más cómodos para asistir a la manifestación, que, según los organizadores, sumó a un millón de participantes.
Como se ve, la situación política de aquel momento es similar a la actual, pues la presidencia del gobierno central, de la Generalitat, y la alcaldía de Barcelona, estaban, como ahora, en manos del PSC/PSOE.
Pero ahora es impensable un acuerdo similar, ya que Illa y Collboni, son más españolistas que el citado Montilla y que El Chiquito de la Calzada (*), que ya es decir. Pero este no es el problema principal, pues me quiero centrar en la respuesta de la ciudadanía catalana, ya que me parece inverosímil que ahora, que la crisis infligida por el estado en Catalunya es mucho mayor y más evidente, la ciudadanía permanezca callada en el confort de sus respectivos sofás de casa.
(*) Gregorio Esteban Sánchez Fernández (1932 – 2017), cantante flamenco y humorista.
En estos momentos, la ANC (Assemblea Nacional de Catalunya), el Consell de la República Catalana (CRC) y Junts, han convocado una manifestación, para el próximo 7 de febrero, a las 12 h., en Barcelona, con el lema: ‘Prou! Gran manifestació de país contra el deteriorament dels serveis bàsics’ (¡Basta! Gran manifestación de país contra el deterioro de los servicios básicos). Veremos qué respuesta tendrá esa llamada, pero, vista la frialdad y desconexión / desmotivación de la ciudadanía, y la división política, ya que, Illa y Collboni, no asistirán, ni borrachos, a esa convocatoria; ausencia lógica, pues éstos son parte del problema, como ERC y los Comunes. Y, por todo ello, mucho me temo que no será masiva, y será criticada y ridiculizada por las mencionadas instituciones, que se oponen.
Efectivamente, la ciudadanía, en gran parte, está dolida y decepcionada tras el cierre en falso del 1 de octubre del 2017. Y me comprensible. Pero, asimismo, a mi modo de ver, es una gran muestra de un cierto infantilismo, ya que, callarse ahora, es asumir las políticas actuales y, obviamente, respaldar al represor Salvador Illa. Si Pedro Sánchez es un maestro de tahúres del Mississippi, Salvador Illa es el gran adormecedor de la ciudadanía, el sistemático desmotivador de la población, a pesar de que sus eslóganes repetidos acríticamente, y con gran abuso de poder partidista (con fondos estatales): ‘el govern de tothom’ (el gobierno de todos) y su mantra sobre ‘privilegiar la gestión’, han sido repetidamente desmentidos por la realidad.
Por todo ello, me parece oportuno recordar la canción ‘The Sound of Silence’ (el sonido del silencio), del dúo Simon & Garfunkel, escrita por Simon, en 1964, tras el asesinato de John F. Kennedy (el 22 de noviembre del año anterior). Canción que inicialmente apareció en plural: ‘The Sounds of Silence’, pero fue cambiado al poco tiempo, por el singular; y que se popularizó al ser parte de la banda sonora de varias películas, entre ellas, ‘The Graduate’ (El Graduado) (dirigida por Mike Nichols en 1968)
‘Esta canción explica la paradoja de como el silencio ‘suena’ y es molesto porque sentimos su presencia. La canción habla de como las personas no se inmutan, o guardan silencio, cuando permiten que algo malo siga pasando solo porque no les perjudica (…) También se interpreta simbólicamente para denotar la alienación cultural asociada con gran parte de la década de 1960. La primera estrofa presenta al cantante encontrando cierto consuelo en la paz que asocia con la ‘oscuridad’, sumergida ‘dentro’ del ambiguo sonido del silencio (…) la canción se compuso en 1964, durante el mayor movimiento contra la guerra contra Vietnam (…) y era una llamada a la acción, animando a la gente a alzar la voz’.
(Wikipedia)
La letra de ‘El sonido del silencio’ es la siguiente:
Hola oscuridad, mi vieja amiga,
he venido a hablar contigo otra vez
porque una visión arrastrándose suavemente
dejó sus semillas mientras estaba durmiendo,
y la visión que fue plantada en mi cerebro
todavía permanece
dentro de los sonidos del silencio.
En sueños sin descanso caminé solo
por estrechas calles de empedrado,
debajo del halo de una luminaria
me levanté el cuello al frío y la humedad
cuando mis ojos fueron apuñalados
por el flash de la luz de neón,
que resquebraja la noche
y acaricia los sonidos el silencio.
Y en la luz desnuda vi
diez mil personas, quizás más.
gente hablando sin conversar,
gente oyendo sin escuchar,
gente escribiendo canciones que las voces jamás compartirán
y nadie osó molestar
a los sonidos del silencio.
‘Tontos’, dije, ‘no saben
que el silencio es como el crecimiento de un cáncer.
Escuchen mis palabras, que podría enseñarles,
tomen mis brazos que podría alcanzarlos’.
Pero mis palabras, como silenciosas gotas de lluvia cayeron,
e hicieron eco
en los pozos del silencio.
Y la gente se inclinó y rezó
al dios de neón que crearon.
Y el cartel encendió su advertencia
con las palabras que estaba formando.
y los carteles decían que las palabras de los profetas
están escritas en las paredes del subterráneo y en los conventillos
y murmuradas en los sonidos del silencio.
Me parece que esa descripción es una correcta fotografía de nuestro momento actual, ‘gente hablando sin conversar, gente oyendo sin escuchar, gente escribiendo canciones que las voces jamás compartirán y nadie osó molestar a los sonidos del silencio’.
Ayer, 24 de enero, fue el 49 aniversario del atentado terrorista de ultraderecha en Atocha, matando a 5 abogados laboralistas del PCE y CCOO. Han pasado décadas, muchos años, y vemos que la derecha extrema y la extrema derecha, suben en las encuestas de opción de voto; las izquierdas están en plan autista, en lugar de organizarse para plantarles cara, y la ciudadanía ausente. Por eso, me parecen oportunos, también, los siguientes versos de la canción citada: ‘Tontos’, dije, ‘no saben que el silencio es como el crecimiento de un cáncer. Escuchen mis palabras, que podría enseñarles, tomen mis brazos que podría alcanzarlos’. Pero mis palabras, como silenciosas gotas de lluvia cayeron, e hicieron eco en los pozos del silencio’.
Parece que en este momento no hay nada que la ciudadanía considere suficientemente relevante, como para animarse y volver a salir a las calles, pues:
Y la gente se inclinó y rezó
al dios de neón que crearon.
Y el cartel encendió su advertencia
con las palabras que estaba formando.
y los carteles decían que las palabras de los profetas
están escritas en las paredes del subterráneo y en los conventillos
y murmuradas en los sonidos del silencio.
Ojalá me equivoque, y la convocatoria del próximo 7 de febrero sea un gran éxito, y que la ciudadanía no lo tome como un simple hecho aislado, si no, como el inicio de una nueva fase en nuestro proceso hacia la independencia. Pero soy muy pesimista, y me temo que todo siga siendo un gran sonido del silencio.