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En mi escrito de ayer, sobre el solsticio de invierno, comenté su simbología como reinicio de ciclo vital. Hoy, ha empezado el invierno, la estación más fría, que, arquetípicamente, ha sido interpretada como un tiempo de recogimiento, de reflexión introspectiva, debido al cambio en el estado de ánimo por la disminución de la luz solar. Ahora bien, casualmente, en el reino español, hoy se inicia un ciclo electoral en diferentes autonomías: hoy en Extremadura; en Aragón, el 8 de febrero; en Castilla y León, el 15 de marzo; y en Andalucía, en junio. Y, en todas ellas, las encuestas pronostican la victoria del PP + Vox; pudiéndose prever el inicio de un período oscuro que puede provocar, asimismo, el adelanto de las elecciones generales, llegando, así, a la noche más larga (peor que la noche en los círculos polares Ártico y Antártico) y confirmando el giro trumpista que vemos en toda Europa, y en otros estados, de todos los continentes.
En general, los ciclos tienen 5 fases: inicio, planificación, ejecución, seguimiento / control y cierre; pero, en la política no se sigue esa estrategia, pues se rige por el movimiento pendular, cuando parecería más racional un movimiento oscilatorio en torno a un punto de equilibrio estable, en el cual un determinado desplazamiento con respecto a la posición de equilibrio (elongación) da lugar a la aparición de una fuerza restauradora que devuelve al punto de equilibrio.
Pero la influenciabilidad de los estados de ánimo, provocan el cambio drástico, pendular, pues la energía potencial que producen los partidos de la oposición, desbordan al gobierno de turno, que se ve incapaz de mantener el sistema de fuerzas conservativo.
Es sabido que, olvidando los programas electorales desde el minuto uno, los gobiernos tienden a seguir el consejo del gatopardismo o lampedusismo, ‘cambiar todo para que nada cambie’ (paradoja expuesta por Giuseppe Tomasi de Lampedusa (1896 – 1957)
En el actual momento español vemos que se confirma la teoría de que los gobiernos tienden a caer por el fuego amigo, interno, es decir, por errores propios, abuso de poder, prepotencia, narcisismo, etc.; ya que todos esos aspectos debilitan el liderazgo y desmotivan y desmovilizan a su respectivo electorado. Máxime, cuando esos aspectos son potenciados a la enésima potencia por los partidos opositores (apoyados por los verdaderos poderes, como el judicial y la ola trumpista) que, sin presentar una alternativa programática, se centran, exclusivamente, en la alternancia.
Por todo ello, y dada la ausencia de la elasticidad en los comportamientos en todos los niveles, nos vemos arrastrados por el tsunami mundial generado por Steve Bannon (Stephem Kevin Bannon), el estratega político de extrema derecha, que, materializado por Donald Trump, multiplica sus tentáculos con sus discípulos como el AfD (alternativa para Alemania) liderado por Alice Weidel, el Fidesz, formación húngara liderada por Viktor Orbán; VOX y PP, en España; etc.
El problema español es la tendencia del PP de querer suplantar y asumir las tesis de VOX, así, ya no se diferencian apenas, ambos son clónicos de extrema derecha, complicando el futuro electoral, pues, por un lado, muchos electores seguirán votando a Pedro Sánchez (PSOE) como mal menor; o, al contrario, otros abandonarán el barco, como las ratas, buscando la seguridad que da el poder, independientemente de su color e ideología, que han perdido valor, ya que lo que cuenta es el poder, las poltronas, y su influencia económica que generan.
Muchos achacarán el cataclismo del PSOE, a sus veleidades con el independentismo catalán, pero esa es una interpretación sesgada, errónea e interesada; yo creo que, en mayor medida, es debido a sus propios errores mencionados, a sus veleidades por querer hacer la cuadratura del círculo, es decir, querer aparentar ser progresista, pero sin perder su carácter institucional y preservador del régimen de 1978.
Por todo ello, muchos independentistas catalanes pueden asumir el mensaje de la canción ‘La vie en rose’ (La vida en rosa) escrita en 1945 e interpretada por Edith Piaf (Édith Giovanna Gassion, 1915 – 1963), con música de Louis Guglielmi. Pero otros estamos más próximos al mensaje de la canción ‘Non, je ne regrette rien’, de Charles Dumont y Michel Vaucaire, grabada en 1960 e interpretada magistralmente por la citada Édith Piaf, ya que, a pesar de que asumimos ciertos errores cometidos, en líneas generales estimamos que todo esto ya está descontado, purgado (barrido, pero no olvidado), como podemos ver en la letra de esta canción:
No, no me arrepiento de nada
No,
no me arrepiento de nada
no, nada de nada
ni de lo bueno que es lo que hago
ni del mal.
todo esto no me importa nada
no, nada
no me arrepiento de nada
está pagado, barrido, olvidado
no me importa el pasado
Con mis recuerdos
encendí el fuego
mis penas, mis placeres.
ya no los necesito
barrió los amores
con sus temblores
borrado para siempre
estoy empezando de cero.
No, nada de nada
no, no me arrepiento de nada
ni de lo bueno que es lo que hago
ni del mal.
todo esto no me importa
no, nada de nada
no, no me arrepiento de nada
porque mi vida
porque mis alegrías
hoy comienzan contigo
Así que, en definitiva, y al margen de la evolución del gobierno o, mejor dicho, desgobierno de Pedro Sánchez, y del ciclo electoral señalado, los independentistas catalanes deberíamos clarificar nuestras ideas, y conseguir, sobre todo, la unidad de acción y estratégica de todos los partidos independentistas, ya que, en caso contrario, seremos nosotros los que seremos barridos, olvidados.