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‘Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender, lo que quieres entender, lo que entiendes, existen nueve posibilidades de no entenderse’. Este es el caldo de cultivo en el que nos movemos, pensando que lo tenemos todo controlado.
Estos días vacacionales, entre tantas fiestas, vemos que los medios de comunicación extreman sus titulares para llamar la atención ante su vacuidad (como expresé sobre el ‘horror vacui’, de los medios, de los políticos y de los lectores). Y esa situación nos confirma el gran daño que nos provoca la infoxicación.
Hoy hemos visto la película ‘Father, Mother, Sister Brother’, dirigida en 2025 por Jim Jamusch, en la que nos muestra tres historias de incomunicación familiar, con diferentes personajes actuales (tranquilo, observacional y sin prejuicios); estereotipos que podríamos extrapolar a la sociedad en general.
Todos sabemos de la falta de comunicación y, aún así, estos días nos deseamos buenas fiestas y buen año nuevo; como frases huecas, meras formalidades, sin recordar la realidad del ‘óptimo de Pareto’, o el ‘dilema del prisionero’, que comenté en mi escrito de ayer, y que son la verdadera dinámica competitiva de nuestros pensamientos y acciones.
Según un meme que corre por las redes sociales, somos conscientes de las 12 verdades incómodas sobre las personas:
- Los más inseguros: atacan.
- Los más superficiales: hablan más.
- Los más insatisfechos: son envidiosos.
- Los inseguros: parecen arrogantes.
- Los más perdidos: usan máscaras.
- Los más fuertes: muestran amabilidad.
- Los más inteligentes: escuchan más.
- Los más ricos: se mantienen simples.
- Los más felices: necesitan poco.
- Los más sabios: permanecen tranquilos.
- Los más grandes: parecen discretos.
- Los más leales: tienen paciencia.
Y aún así, no somos conscientes que ‘las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en el triunfo personal’ (José Saramago).
Pues, ‘nuestro peor problema de comunicación es que no escuchamos para entender, escuchamos para contestar’, ya que ‘hablar constantemente no significa que nos estemos comunicando’, y ‘la incursión de todos, en todo, sin un bagaje que lo legitime, deriva en una conversación repetitiva de besugos’.
Por todo ello, y pensando en un personal y honesto balance de este 2025 y la realización de propósitos para el 2026, me parece que puede ser pedagógico recordar y repensar el siguiente fragmento del citado José de Sousa Saramago (1922 – 2010) (que también mencioné en mi escrito de ayer), en el que relata algunos aforismos interesantes y estimulantes:
- ‘Las palabras no son inocentes:
- Pueden ser fugaces y rápidas como el viento, pero dejar las huellas de un huracán.
- Pueden construir o destruir una ilusión en un segundo.
- Pueden estimular o desmotivar a una persona.
- Pueden llevar alegría o tristezas.
- Están ahí para enaltecer o hundir.
- A veces no da lo mismo una palabra que otra, por mucho que el diccionario nos diga que son sinónimos.
- Las palabras pueden ser objeto de apropiación indebida y en vez de decir lo que significan puede inducir a errores.
- Con su uso incorrecto los discursos pueden cometer crimen de lesa verdad al manipular las palabras, forzándolas a ir más allá de la idea que ellas connotan.
- Las palabras no son adornos, son los materiales de nuestro pensamiento.
- Decía Kapuscinski: que el comienzo de las guerras no lo marca el primer disparo con un arma de fuego sino el cambio del lenguaje. El lenguaje del odio llega antes que las bombas.
- Las palabras no son inocentes ni impunes, por eso hay que tener muchísimo cuidado con ellas, porque si no las respetamos, no nos respetamos a nosotros mismos.
- Las palabras no son una cosa inerte, de la que se pueda disponer como a uno le venga en gana.
- Hay que decirlas y pensarlas de forma consciente. No hay que dejar que salgan de la boca sin que antes suban a la mente y se reconozcan como algo que no sólo sirve para comunicarse.’
(https://share.google/FJZkyKToVWXnuAQxF)
En definitiva, que, en primer lugar, debemos racionalizar incluso nuestras felicitaciones, para que no sean meros ejercicios vacuos. Y después, ser conscientes de nuestros deseos y formularlos de forma sincera, honesta y mesurada, para que no sean olvidados, o pospuestos, el mismo 1 de enero.
Y esos mismos consejos deberíamos tenerlos presentes como colectivo y, en concreto, como ‘movimiento independentista’, pues sólo así podremos materializarlos positivamente y, al mismo tiempo, ver la banalidad de las promesas y acuerdos con personajes y partidos políticos que incumplen, incluso, el principio ‘pacta sunt servanda’ (lo pactado obliga).