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A pesar de su distancia geográfica e histórica, su biografía, en cierto modo, les unió contra el franquismo, y el azar les unió en el día de su muerte (11 de abril), pero la segunda muerte, que es el olvido (‘sólo se muere quien es olvidado’, según escribieron Pablo Neruda y el rapero Canserbero), espero que no les llegue a Guillem y Blanca, pues su vida debe ser recordada, tanto por la pedagogía que comportan, como por el respeto y el deber que les debemos y deberían tenerles las futuras generaciones.
Es cierto que ambas muertes son muy diferentes:
- Guillem (1974 – 1993), asesinado, por grupos de extrema derecha, con apenas 19 años de edad y, por lo tanto, con toda una potencial vida por delante, vida que no pudo experimentar, ya que el asesinato le arrebató sus sueños, sus esperanzas, sus amores, su descendencia, etc.;
- Blanca (1943 – 2026), lingüista, docente, historiadora y activista política independentista (fue la primera víctima de torturas del franquismo en la comisaría de la policía de Via Laietana, Barcelona, que las denunció), ha fallecido tras una larga vida.
Pero, como he comentado, les une ser víctimas del franquismo y de la transición (traición), pues en 1993 gobernaba Felipe González Márquez (PSOE); y la extrema derecha siguió y sigue ‘protegida’ por el estado.
Y, como decía Blanca: ‘demasiados jóvenes desconocen lo que significaba vivir bajo un régimen autoritario sin libertades, bajo el miedo y la represión’. Y la penosa realidad es que muchos adultos, también han ‘olvidado’ esos años de hierro, en los que se produjeron centenares, miles, de asesinatos de estado, y también han ‘olvidado’ la represión que sigue dominando la política actual.
Entre esos asesinatos del estado, tenemos presentes a los cinco ‘últimos ejecutados por el franquismo’ procesados en el consejo de guerra de Burgos (regimiento de artillería de campaña núm. 63, Castillo de Val, Burgos), Jon Paredes Manot, Txiki, de 21 años, Ángel Otaegui Etxeberria, de 33; José Luis Sánchez Bravo, de 22 años; Ramón García Sanz, de 27 años; y Xosé Humberto Baena Alonso, de 14 años, acusados de pertenecer a ETA o al FRAP (frente revolucionario antifascista y patriota), ejecutados el 27 de setiembre de 1975 y, como escribió el único civil presente:
‘Además de los policías y guardias civiles que participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para ovacionar las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando pedí la extremaunción a uno de los fusilados que todavía respiraba, se acercó el teniente que mandaba el piquete, le dio el tiro de gracia, sin darme tiempo a separarme del cuerpo caído. La sangre me salpicó’.
Ese era y es el odio.
Y tampoco olvidamos ni olvidaremos la ejecución del joven anarquista Salvador Puig i Antich (1948 – 1974) mediante el garrote vil; ni a otros muchos, como a Teresa Claramunt i Creus (1862 – 1931), conocida como ‘la virgen roja barcelonesa’, anarcosindicalista y pionera del feminismo obrerista. Pero los asesinatos fueron muchísimos (25.000, entre el final de la guerra incivil (1939) y 1945), y centenares o miles después, hasta la muerte en la cama del asesino; y, desgraciadamente, muchos han sido olvidados, pues el asesino Franco murió matando, por su patológica obsesión contra el ‘contubernio judeo-masónico’.
Y, ese olvido, es su segunda muerte; aunque sabemos que su dura vida no fue en vano, pues cada uno de esos sacrificios ha sumado para poder llegar al momento actual, que, en realidad, sigue sin ser democrático, como sabemos por la continuada represión, ya que la actual pseudodemocracia no deja de ser un mero teatro, como vimos, por ejemplo, con las acusaciones de Núria Parlon (consellera de interior) y José Luis Trapero (director general del cuerpo de los mossos d’esquadra), contra el activista Albert Forcadas, por su acción en Monserrat, en protesta por la visita de los reyes, en 2025. Ambas ‘personalidades’ acusaron a Albert de llevar un arma extensible, como palo de su bandera, cuando, en realidad era una caña de pescar. Y, finalmente, Parlon, ha rectificado, pero Trapero no, ni ha sido cesado por Salvador Illa (155), por haber mentido ante un tribunal, ni la fiscalía actuará de oficio.
Pero a lo que iba, la muerte nos llegará a todos, de un modo u otro; pero las causadas por el estado o sus tentáculos, o las torturas realizadas por ese ente, que tiene como ADN el odio a los que no comulgan con su credo falangista y a los que no adoran a sus tótems: el rey y la unidad de su negocio familiar, esas muertes y torturas, no merecen el perdón ni el olvido.
Torturar y matar no tiene ni debería tener nunca ningún tipo de perdón, como he dicho; ni deberían ser ‘protegidas’ por la ley del olvido. Quitar la vida a una persona, privarle de sus ilusiones y esperanzas, para siempre jamás, merece el peor castigo de por vida.
Ni en la represión postfranquista, ni en las guerras, pues toda baja colateral es un delito, y también todo asesinato, todo crimen de guerra, toda eliminación, incluso de soldados enemigos, debería ser considerado delictivo. La única ‘justificación’ es la defensa propia y la defensa del país, ante una invasión o ataque externo. La de los invasores, bajo cualquier excusa, no tienen perdón.
Volviendo a la vida, me parece oportuno recordar los siguientes versos:
1 –
Pedro Calderón de la Barca (1600 – 1681), en su obra ‘La vida es sueño’ (1635), en la escena 19 ‘monólogo de Segismundo’, entre otros versos, escribió:
(…)
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
2 –
Canserbero (Tirone José González Orama, rapero venezolano (1988 – 2015), asesinado o suicidado tras cometer asesinato, su final es muy difuso.
‘El primer trago’ (2012)
(…)
A veces pienso que en las fechas en donde las fiestas
aparecen en cada esquinita por doquier
fueron todas hechas para dar tristezas
a personas que no pueden olvidar un ser.
Y en los cumpleaños, y en las navidades
y en los carnavales, yo pensándote
mientras todos ríen, mientras todos bailan
yo tomando, veo tu foto recordándote, pero
Estoy consciente que tú no habrías querido verme así hoy
tengo un nudo en la garganta cada vez que te recuerdo aquí (ay)
Si alguien conoce el número del más allá
hágamelo saber para poder llamar a quien no está
aunque sea un momentico, por un minutico
para calmar este vacío infinito, triste y maldito.
Que me carcome hasta la sien inclusive
como una gota de querosén en un pedazo de anime, dime
si sabes la forma de enviar una postal a un plazo espiritual
comunicar que me siento muy mal.
Me afecta pensar que no hay reencarnación
que no hay nada después de la muerte, la religión mintió
pensar que no verás más a quien se marchó
decir que nunca volverás a abrazar a quien ya murió.
Y espero estar completamente equivocado
y hablarte cuando mi tiempo aquí haya terminado
comentarte lo bueno, no recordar más lo malo y
vivir en paz, como el sueño de cualquier ser humano.
Sin enfermedades, ni dolores, ni traiciones
ni obsesiones, ni ansiedades, ni temores
quisiera tanto, poder verte de nuevo
y corroborar que te fuiste pa vivir en algún cielo.
El primer trago para el suelo
y una mirada para el cielo
un año más sin ti físicamente,
pero en mi mente siempre.
No sabes cuánto te quiero
y no se muere quien se va
solo se muere el que se olvida
al fin y al cabo, la muerte va tan segura de ganar…
(…)
En fin, que todo es muy complejo, la vida y la muerte, especialmente cuando la vida es arrebatada cruelmente.
Hay sueños (vidas) aceptables, mientras que otros, en realidad, son pesadillas.
Pero las vidas dignas (éticas) deberían ser recordadas, en primera instancia, por los familiares y amistades; pero, cuando esas vidas han transcendido al ámbito social, y su moralidad ha sido positiva comunitariamente, debería ser recordada, pues vamos escasos de buenos ejemplos. Y su recuerdo, asimismo, será pedagógico para la juventud.
‘No se muere quien se va, solo se muere el que se olvida’.