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Recién estrenado el 2026, aterrizamos a la rutinaria realidad, y los eufóricos propósitos de final del pasado año, quedan alejados, olvidados, ya que ‘las trincheras de ideas valen más que las trincheras de piedra’, como dijo el líder cubano José Julián Martí Pérez (1853 – 1895), apodado ‘El Apóstol’; y sobre todo esto va el presente escrito.
Es evidente que el cambio de año no deja de ser un mero formalismo, más folclórico y consumista que real, no es un rito de paso, ya que no se produce ningún cambio sustancial y seguimos atrincherados en las mismas ideas, a modo de corsés. A pesar de que el poeta Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia (1920 – 2009) escribiese que ‘defender la alegría como una trinchera, defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas’.
Gemma Aguilera, en su artículo titulado ‘El duelo moral’ expone que:
‘El independentismo (catalán), atrapado entre el miedo a la derecha española y la falta de un nuevo embate, corre el riesgo de convertirse en gestor pasivo de un tiempo muerto.
El 2026 será el año de la resistencia agónica en Madrid y de la indefinición peligrosa en Catalunya (…) Pedro Sánchez no gobierna, administra el tiempo (…) con la estrategia de convertir la política española en un duelo moral entre él y el monstruo PP-Vox (…) sin agenda, sin energía y sin voluntad real de resolver el conflicto catalán. La amnistía ya está cobrada, el diálogo está amortizado y la reforma territorial ha desaparecido del mapa. El mensaje implícito es brutalmente sincero: no habrá nada más. Solo silencio, dilaciones y una apelación constante a la responsabilidad de los socios para que ‘no vuelva la derecha’. Pedro Sánchez confía salvar los muebles con un falso plebiscito: o él o el caos.
(…) ERC y Junts gestionan la pasividad del PSOE de maneras diferentes, pero con el riesgo común: acabar normalizándola.
(…) ERC ha asumido que el estado casi no dará más de sí (…) y cuando no hay nuevas concesiones, cuando el diálogo se agota y cuando la legislatura se convierte en simple supervivencia socialista, la política de la paciencia deja de parecer pragmatismo y empieza a parecer impotencia.
(…) Junts, por su parte, ha optado por la confrontación selectiva y la presión constante. Pero presionar a un gobierno que solo quiere resistir puede acabar siendo un ejercicio estéril si no hay un plan de ruptura del marco. Tensionar sin salida es solo ruido. Y el 2026 obligará a Junts a demostrar si su estrategia es alguna cosa más que una suma de vetos y advertencias.
El problema no es solo qué hace Madrid, sino, qué acepta Catalunya. (…) el 2026 no será un año de decisiones valientes en el estado. Será un año de bloques, de trincheras y de discursos vacíos. (…) Madrid resiste porque no tiene alternativa. Catalunya, en cambio, todavía ha de decidir si quiere resistir, esperar … o volver a incomodar de verdad’.
(elmon.cat, 30 de diciembre 2025)
Ahora bien, Alexandre Solano, revisando las situaciones de Quebec, Escocia, Gales, Alberta, Bougainville, Nueva Caledonia, Irlanda del Norte y Somalilandia, es más optimista, en su escrito titulado ‘Los procesos independentistas reviven en todo el mundo y abren un nuevo ciclo político en 2026’:
‘Elecciones decisivas, posibles referéndums y discursos renovados reactivan proyectos de autodeterminación que hace poco parecían agotados’.
(Vilaweb, 31 de diciembre del 2025)
Pero, ‘curiosamente’ no dice nada sobre Catalunya, por lo que puede deducirse que no está en la mencionada ola eufórica, comparándola con las realidades de los otros países citados.
Los independentistas catalanes nos fijamos más en hechos más utópicos, como la proclamación de independencia unilateral efectuada en París el pasado 14 de diciembre, por parte del movimiento para la autodeterminación de la Cabilia (MAK), con la consecuente tensión del estado argelino y la prohibición administrativa del estado francés.
La Cabilia (*) (Tamurt n Iqbayeliyen, Tamurt Idurar, ‘Tierra de las montañas’, en amazigh), es una región montañosa del Magreb, al norte de Argelia, con una extensión de 25.000 km2,
(*) del árabe Bilad al-qabä’il (Kabail) (las tribus)
El mencionado partido MAK, con una ideología federalista, secular y amazigh, fue creado en el año 2001, y en esa fecha, formó en París un gobierno provisional de la Cabilia (GPK) en el exilio, con Ferhat Mehenni, arrestado diversas ocasiones en Argelia, como presidente.
Y Marruecos da soporte al MAK, a cambio de su soporte en el conflicto del Sáhara Occidental; es decir, siempre acaban pagando los platos rotos los más débiles y, los saharauis se han visto traicionados y vendidos en sucesivas ocasiones, sólo hace falta recordar la traición de Pedro Sánchez.
Y en base a todo ello, me parece, más que evidente, que los ‘líderes independentistas’, fundamentalmente, se inclinan por procrastinar (cras: mañana, al día siguiente), es decir, diferir, aplazar, ‘no hacer hoy lo que podrás hacer mañana’.
El filósofo y pedagogo Gregorio Luri, en su artículo titulado ‘El erizo de Navidad’, explicó que:
‘El erizo es una bestia que, por naturaleza, tiende a encorvarse en ella misma y a convertir su ombligo en el único objeto de su interés. No encuentra nada en el exterior más atractivo. Por esta razón, san Agustín veía en el erizo la triste imagen del hombre narcisista incapacitado para querer lo que no lleve su imagen. Et hombre ama reflexivamente, ‘incurvatus in se’, hecho un manojo de autocomplacencia. Un amor así, dice san Agustín, traiciona la verdadera naturaleza del amor, que es altruista (…)’.
(Ara, 27 de diciembre del 2025)
Pues bien y, en definitiva, los partidos teóricamente independentistas, deberían (deberíamos) salir de nuestra trinchera de confort, dejar de actuar como los erizos ‘incurvatus in se’, y obrar en consecuencia, si es que, realmente, queremos conseguir la República Catalana.
Por eso, este inicio de año podríamos (deberíamos) considerarlo como el punto de inflexión y, para ello, es preciso (justo y necesario) romper las rutinas de confort en las que nos hemos instalado desde el 1 de octubre del 2017, y salir de nuestras actuales trincheras, nada más y nada menos.