En España, durante esta primera quincena de julio, hemos conocido y sufrido diversas noticias que claman al cielo: sobre los ‘presuntos trapicheos’ borbónicos; declaraciones infaustas de Pedro Sánchez sobre la ‘conveniencia’ de retrasar el diálogo con Catalunya; la aceptación de la junta electoral central para que los infectados por el covid-19, no pudieran votar en las elecciones autonómicas de ayer en Galicia y el País Vasco; la instancia de la fiscalía, aprobada esta madrugada a las 01.00 horas para prohibir el confinamiento de la región sanitaria del Segrià (Lleida y otras poblaciones), decretado por el president de la Generalitat de Catalunya; etc. Pero el que me parece que es más relevante destacar ahora es el cumplimiento, anteayer, once de julio, del cumplimiento ya de 1000 días de prisión de Jordi Cuixart (presidente de Òmnium Cultural) y Jordi Sánchez (en su momento, presidente de la Assemblea Nacional Catalana).
Todas estas noticias son de extrema gravedad y algunas, ‘presuntamente delictivas’ y claramente inmorales y faltas de toda ética.
Y que la justicia prohíba el confinamiento de una zona de Catalunya, decidida por Quim Torra, president de la Generalitat, pero, en otras zonas de España, no hayan puesto ninguna objeción, demuestra, una vez más, que la Injusticia española siempre es a la carta cuando va contra los catalanes. No olvidamos que el anterior ministro del interior Jordi Fernández Díaz (del PP), dijo ‘eso la fiscalía te lo afina’; demostrando, de ese modo, los intereses del estado profundo español. E incluso, en casos en los que hay en juego vidas humanas y la salud de muchos trabajadores inmigrantes que vienen a trabajar para la temporada de recogida de las frutas. Es una decisión cruel.
No hay que olvidar que Pedro Sánchez, en la campaña electoral prometió detener y traer a Carles Puigdemont (president en el exilio) para ser juzgado por sedición y malversación de fondos, y a una pregunta del periodista, Sánchez dijo: ¿la fiscalía de quién depende?, y el periodista dijo: ‘del gobierno’. Y Sánchez contestó ‘ya está’ (Marisol Hernández, 6/11/2019; el mundo). Pues bien, para interferir contra Carles Puigdemont, todo vale, fiscalía mediante; y ahora, contra la salud de los catalanes, igual.
Pero, volviendo al tema que quiero resaltar aquí, los mil días de prisión de los dos líderes sociales, y pronto también cumplirán esos días los otros presos políticos; y los exiliados, creo que es preciso destacar que son mil días de injusticia del reino español. Una vergüenza más, irreparable, ya que la vida de estas personas represaliadas injustamente nunca podrá recuperarse. Y mil días es toda una eternidad, y aún les quedan muchos miles más por cumplir.
El president Carles Puigdemont, en el exilio, en un tuit del día 11, dirigido a los dos Jordis, dijo: “Estimados amigos, tengo bien presente las horas previas a vuestra detención injusta y arbitraria. Cada minuto, cada hora, cada día, cada año hemos recordado porqué luchamos y contra qué. La injusticia hace 1000 días que dura, pero no os han vencido. Ni os vencerán”
Es evidente que los independentistas, en general, podemos estar desmotivados y desmovilizados, a nivel psicosocial es comprensible; pero no es justificable, no debemos caer en la desmotivación. No podemos olvidar que nuestros representantes políticos y sociales están represaliados por hacer lo que más de dos millones de catalanes les pedimos que hicieran.
Obviamente, tener a nuestros representantes en prisión o en el exilio, con las limitaciones que eso comporta, tiene sus consecuencias. Pero deberíamos ser capaces de mantenernos unidos. La división es, precisamente, lo que ha buscado el estado profundo español, como dijo en su día José Mª Aznar.
Por eso, me parece muy interesante hacer un paralelismo con el final del imperio de Alejandro Magno; un paralelismo un poco forzado, pero me ha parecido interesante, no por la complejidad de Alejandro, para conseguir el trono, a la muerte de su padre, pero, si, sobre todo, por la desmembración final del imperio:
“Alejandro III de Macedonia (356 a. C. – 323 a. C.), conocido como Alejandro Magno, rey de Macedonia desde 336 a. C.; hegemón de Grecia y faraón de Egioto, desde 332 a.C.; gran rey de Media y Persia, desde 331 a. C.” (Wikipedia).
“Alejandro el Magno no dejó instrucciones escritas sobre su sucesión y, aunque lo hubiera hecho, el poder quedó tan fragmentado entre sus generales que hubiera sido imposible cumplir su voluntad póstuma. Así y todo, las últimas palabras de Alejandro a los hombres que se congregaban en su lecho de muerte, entre ellos Pérdica -comandante de la caballería macedonia – , pudieron haber arrojado legitimidad a su sucesor. ‘¿Cuál es tu testamento? ¿A quién se lo dejas todo?, a lo que respondió según proclamaron los presentes: ‘Al más fuerte’. Los investigadores, sin embargo, se detienen en que la palabra “Krat’eroi” (‘al más fuerte’) guarda gran similitud con “Krater’oi” (‘a Crátero’). Esto es posible porque la pronunciación griega difiere sólo por la posición de la sílaba acentuada.
Así, la mayoría de los historiadores afirman que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales, sin lugar a dudas hubiera elegido a Crátero, porque era el comandante de la parte más grande e influyente del ejército, la infantería, porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque siempre fue el más cercano a Alejandro, sólo superado por el ya fallecido Hefestión.
Sin embargo, Crátero no estaba presente en el lecho de muerte y no guardaba ambiciones de ocupar el puesto de Alejandro. No así el rtesto de los generales que, en las siguientes décadas, se repartieron los territorios en la llamada Guerra de los Diádocos (o los Sucesores). Y aunque Seleuco fue el que más cerca estuvo de conseguirlo, ninguno fue capaz de unir todas las piezas conquistadas por Alejandro. Por el contrario, tres dinastías se perpetuaron en los restos del imperio macedonio: la fundada por Ptolomeo en Egipto, la que estableció Antígono y su hijo en Grecia, y la que Seleuco sembró en el corazón de Asia, hasta su destrucción por los romanos, siglos después.
La mayoría de los generales de Alejandro perecieron durante el conflicto, entre ellos Crátero en una batalla contra Éumenes (el antiguo secretario de Filipo II en Asia Menor), y muchos de los territorios conquistados se perdieron.
Pero si hubo un grupo especialmente perjudicado por la ambigüedad de las palabras del conquistador macedonio, ese fue el que formaba su familia. El primer damnificado fue el único hermano vivo de Alejandro. Filipo Arrideo era hijo ilegítimo de Filipo II de Macedonia y una bailarina de Tesalia. Su hermano no le había asesinado, como era costumbre (para reducir las intrigas palaciegas) porque tenía mermadas sus capacidades mentales y se le consideraba una reencarnación de la diosa Gaia.
En el 317 a. C., el rey Filipo III Arrideo y su esposa Eurídice fueron mandados asesinar por Olimpia de Epiro (esposa de Filipo II y madre de Alejandro)
La madre de Alejandro Magno, que a su vez seria asesinada por influencia de Casandro, el hijo de Antípatro, buscaba con la muerte de su hijastro despejar el camino al único hijo legítimo del conquistador. Alejandro había muerto sin saber que su esposa Roxana estaba embarazada de un varón, Alejandro IV, cuya tutela fue disputada encarnizadamente por los sucesores. Pese a todos los esfuerzos, Casandro preparó su muerte y el de su madre en 309 a. C.
El otro hijo de Alejandro, Heracles, resultado de su relación extramatrimonial con Barsine – hija del sátrapa Artabazo II de Frigia- también fue liquidado a manos de un diádoco antes de que alcanzara la mayoría de edad”. (www.abc.des, 12 nov. 2016).
Todos sabemos que la historia no se repite, siempre hay múltiples variantes, pero deberíamos aprender y huir de disputas entre “Krat’eroi” y “Krater’oi”; deberíamos tener un único objetivo, movilizarnos democrática y pacíficamente, para demostrar que no olvidamos ni olvidaremos la injusticia española, nunca perdonaremos que el PSOE y Podemos (Pedro Sánchez y Pablo Iglesias) no hayan aplicado una amnistía al minuto uno de su mandato. Pero, está claro que no tienen ni la convicción, ni el valor, ni la empatía, para esto. Y, consecuentemente, deberíamos mandarlos a casa, a todos ellos, no vale la excusa que la alternativa será peor. También la deberíamos hacer caer. No nos han de valer los personajes tristes y aprovechados como la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau o Miquel Iceta, el títere de los socialistas catalanes, que sólo buscan sus intereses personales.
Y eso deberíamos manifestarlo en la próxima ‘visita’ de los reyes, el día 17, para visitar el museo Dalí de Figueras, y otro lugar de Barcelona, no publicitado, por miedo a una manifestación. Pero que vengan a pasearse, a comerse un helado de turrón, como gran gesto ‘popular’, con gran protección policial, ya que es una tierra conquistada. Como se vio en la visita de Pedro Sánchez, al Hospital de Sant Pau, de Barcelona, en octubre del 2019, que un escolta de su coche blindado mostró una ametralladora por la ventana del vehículo (Rufián, de ERC le llamó ‘pirómano’, por ese detalle). Todo esto son demostraciones de incultura, prepotencia y de desprecio al pueblo catalán, que siempre se ha caracterizado por su pacifismo, a pesar de que la injusticia, la fiscalía y la policía patriótica vayan persiguiendo a muchos alcaldes, miembros de CDR, etc.
Si ante un estado profundo, con todas sus cloacas, no hacemos nada y nos dividimos, no tendremos futuro.
Amadeo Palliser Cifuentes