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Hay momentos, como el actual, que me parece que todo va mal, y que no hay solución; y por eso es preciso recordar, de nuevo, la famosa leyenda anónima, de la que he tomado el título del presente escrito.
Ayer, el ministro de cultura Ernest Urtasun, en una entrevista a RAC1, y ante la pregunta del periodista Xavier Bundó, sobre su consideración respecto a la declaración institucional del Ajuntament d’Alacant, pidiendo a las Corts Valencianes la modificación de la ley de uso y enseñanza del valenciano (LUEV) para que considere zona castellanoparlante en detrimento del catalán, el ministro reconoció que: ‘no estaba al caso, que no tenía esta noticia, pero, en cualquier caso, somos un ministerio de Cultura absolutamente volcado en la defensa de la diversidad lingüística en nuestro país (…) la verdad es que lo deberé mirar con detalle, porque no conozco lo que ha aprobado dicho ayuntamiento (…) yo no tengo competencias en temas educativos, pero en todo aquello que sean mis competencias, la defensa de las lenguas cooficiales será una prioridad’.
Y eso es una vergüenza más, que nos demuestra el escaso interés que tiene la defensa del catalán por parte del estado, ya que hace muchas semanas, y meses, que el PP / Vox están librando una batalla de acoso de nuestra lengua. Y, en este caso, Urtasun, portavoz de la coalición de Sumar, liderada por Yolanda Díaz, hizo un ‘Errejón’ que, en junio del 2019, y ante las elecciones, al ser preguntado por la suspensión de los derechos de participación de los presos políticos catalanes, el infame Iñigo Errejón (líder de Más Madrid), respondió: ‘me pilla muy lejos’.
Claro, claro, los 600 kms entre Madrid y Barcelona son una distancia sideral, cuando no les interesa definirse respecto a temas que para los catalanes son cruciales, pero que les pueden restar votos en las otras comunidades, manifiestamente anticatalanas.
Pero, claro, en el caso de las obras de Sixena del MNAC, Urtasun no tardó en repetir que las sentencias judiciales deben cumplirse. Más unilateralismo españolista es imposible.
Como he dicho, es vergonzoso e indignante que esos ‘pijos progres’ muestren esa desfachatez (que no ignorancia) y, lo grave, es que esos dos personajes son jóvenes con amplio currículo académico y político; y si esos especímenes han de conformar el futuro político español, los catalanes lo tenemos realmente crudo.
Por eso me parece interesante recordar de nuevo la mencionada fábula anónima:
‘Esto también pasará
Cuenta la leyenda, que un rey pidió a los sabios de su corte un anillo especial: Quiero que fabriquéis un anillo precioso que oculte un mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación. Este mensaje ha de ser muy breve para poder inscribirlo.
Aquellos eruditos habían escrito grandes tratados, pero no sabían cómo darle un mensaje de dos o tres palabras que pudiera ayudar al rey en estos momentos en los que consideraba que esa ayuda podría marcar la diferencia.
El monarca tenía un anciano sirviente, que le dijo: no soy un sabio, ni un erudito, pero conozco el mensaje que buscas, porque lo compartió conmigo un sabio hace tiempo. El anciano escribió tres palabras en un pequeño papel, lo dobló y se lo entregó al rey con la advertencia: no lo leas, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo solo cuando sientas que todo ha fracasado y no encuentras salida a tu situación.
Cuando hayas fracasado, esto también pasará. El momento llegó cuando el país fue invadido y el rey tuvo que huir a caballo para salvar la vida mientras sus enemigos le perseguían. Llegó a un lugar donde el camino se acababa al borde de un precipicio. Y entonces se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró el siguiente mensaje: ‘Esto también pasará’. Mientras leía aquella frase, los enemigos que le perseguían se perdieron en el bosque al errar el camino, y pronto dejó de oír el trote de los caballos.
Tras aquel sobresalto, el rey logró reunir a su ejército y reconquistar el reino. En la capital hubo una gran celebración que se prolongó durante varios días.
El monarca quiso compartir la alegría con el anciano, a quien agradeció aquella providencial perla de sabiduría. Le contó cómo aquellas palabras le habían ayudado a no descubrir su posición o a no tirarse por aquel precipicio cuando todo parecía perdido.
El anciano, mientras sonreía porque entendía la alegría del rey, le pidió: ahora vuelve a mirar el mensaje. Al ver la cara de sorpresa del rey, que le costó ver la idoneidad de aquel momento para aquel mensaje, el anciano le explicó: No es solo para situaciones desesperadas, sino también para las placenteras. No es solo para cuando estés derrotado, también sirve cuando te sientes victorioso. No es solo para cuando eres el último, también para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: ‘Esto también pasará’. Entonces, y solo entonces, comprendió la profundidad de aquellas palabras. Recuerda que todo lo circunstancial pasa, ya sea porque se queda atrás o porque te habitúas -le reconoció el viejo sirviente-. Solo quedas tu, que permaneces por siempre. Solo queda el cambio’.
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Efectivamente, en momentos tan negros como los actuales, en todos los sentidos, ese mensaje puede facilitarnos una relativa ayuda; ahora bien, debemos huir del conformismo que eso puede conllevar. Es decir, siempre debemos mantener viva la esperanza, pero acompañada de la perseverancia y la proactividad, pues no hay nada más iluso que conformarse con simplones consejos anestesiantes de autoayuda.