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Fuego amigo y fuego enemigo

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Es lógico que de los enemigos no esperemos nada bueno, pero, desgraciadamente, en muchas ocasiones tampoco podemos esperar nada positivo de los pretendidos amigos o compañeros; como intento explicar a continuación.

Antes de pasar al tema del presente escrito, me parece interesante recordar las siguientes ideas:

Etimológicamente el término amigo, proviene del ‘amicus’ latino, que, a su vez, derivó de ‘amore’ (amar). Pero otros estudiosos consideran que proviene del vocablo griego, compuesto de ‘a’ (sin) y ‘ego’ (yo), por lo que amigo significaría ‘sin mi yo’.

Y el término enemigo viene del latín ‘inimicus’, que significa no amigo; es decir, el enemigo no era necesariamente un rival o agresor, era simplemente alguien que no era amigo. (la voz ‘hostis’ designaba el país, el ejército, el pueblo, o la persona enemiga. De la raíz ‘hostis’ (que etimológicamente significa extranjero, provienen palabras como hostil, hostilidades, etc.)  

Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.) reconocía tres tipos de amistad: la amistad por utilidad, por placer y por virtud.

Josep Pla i Casadevall (1897 – 1981) decía que ‘hay tres clases de personas con las que tratamos en la vida cotidiana: amigos, conocidos y saludados.

Giulio Andreotti (1919 – 2013) dijo: ‘Hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y … compañeros de partido’.

Y dada esta ensalada de pensamientos, no nos extraña ver la desconsideración y falta de respeto de determinados políticos, que, asimismo, muestran, con desparpajo, su falta de principios, de ética y de moralidad, pues cambian de opinión, según sus intereses puntuales, si bien cabe considerar que sus convicciones más íntimas siguen intactas (y mantienen esa mínima coherencia), aunque puedan estar tapadas, temporalmente, con otras caretas.

Y esos ‘personajes’ camaleónicos, a mi modo de ver, pueden ser óptimos y adecuados a las circunstancias y necesidades propias de su partido político o de la empresa que se trate. Pero es evidente que no son personas de fiar, ya que no se puede confiar en mercenarios, que actúan según el mejor pagador (económico, o de otro tipo de prebendas).

Por ejemplo, ayer vimos al represor Salvador Illa, desde Arnes (Terra Alta, Tarragona), pidiendo, nuevamente, que se aplique de forma efectiva la ley de la amnistía, para que los exiliados puedan regresar y normalizar sus vidas. Pero claro, todos recordamos que ese personaje, se había manifestado con Vox y el PP, en contra de la amnistía, y en su campaña electoral, repetía que ‘no habrá referéndum de autodeterminación, ni amnistía, ni nada de todo eso (…) pues no tienen encaje legalmente, ni en la constitución ni en las leyes europeas’. Y decía eso, repitiendo ese mantra, como su jefe de filas, Pedro Sánchez. 

Pero cuando Sánchez necesitó los votos de Junts y ERC, para su investidura, cambió de disco, y aprobó la ley de la amnistía, pues, por arte de birlibirloque, ésta pasó a ser positiva y necesaria para la convivencia.

Así que, de esos personajes, no podemos esperar nada más que hostilidad, puesto que nos consideran sus enemigos. Y no nos sorprenderán sus cambios de opinión transitorios, como las velas que son orientadas para encontrar el mejor viento; y, en consecuencia, tampoco nos sorprenderán cuando vuelvan a mostrar sus ideas iniciales y perpétuas, cuando no necesiten nuestros votos. Pues ese es el fuego enemigo, está claro.

Ahora bien, cuando el fuego es amigo, o aliado, la situación es más grave, ya que quiebra los lazos más afectivos e íntimos de la amistad. Y eso nos llevaría a discutir sobre la aplicación relativa de ese término, ya que todos conocemos personas, que al poco de conocerte ya te consideran un amigo, que alardean de su larga lista de amistades, etc., cuando, en realidad, volviendo a Pla, no pasan de ser meros conocidos o saludados.

Pero es verdad que los ataques originados por ‘amigos’, conocidos o saludados, son mucho más dolorosos. Por eso, como apuntó Joan Ramón Resina, en su artículo ‘La vida circular’, nunca olvidaremos que:

‘(…) No hay nada como la impotencia para remover la rabia contra uno mismo. El día siguiente de la proclamación autoimpugnada (del referéndum) explotaron las críticas y los golpes bajos ‘fraternales’. Las 155 monedas de plata de Gabriel Rufián solo eran la punta del iceberg de una competición descarnada entre unos partidos unidos efímeramente por una causa que seguramente no compartían. Y desde ese momento, la disgregación se extendió como un cáncer y ya no queda ningún partido ni ninguna asociación con la mínima capacidad de organización. Organizarse quiere decir ordenarse orgánicamente, subordinarse unas partes a las otras por razón de un objetivo común.

De la zancadilla infame de la CUP al president Mas, a la ‘infamísima’ zancadilla de Pere Aragonès al president Torra, pasando por la no menos infame obstrucción de Roger Torrent al president Puigdemont y la finalización del trabajo por Marta Rovira y no en cambio de 155 miserables monedas sino del doble en cargos confirmados (…)’

(Vilaweb, 29 de julio 2025)

Y la realidad nos confirma que todos esos personajes de ERC (Rufián, Aragonès, Torrent y Rovira) nunca fueron amigos del president Carles Puigdemont, pues, movidos por su interés personal y de partido, le consideraron un peligroso enemigo, un hostil, un extranjero, y por extensión a todo el partido de Junts.

Y entre todas esas guerras, no nos olvidemos de las internas de los propios partidos, como nos mostró recientemente ERC, haciendo buena la mencionada sentencia de Giulio Andreotti: ‘Hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y … compañeros de partido’. Y esas guerras fratricidas, más o menos larvadas, se dan en todos los partidos, sin excepción, pero no salen a la luz hasta que implosionan / explosionan.

En definitiva, que deberíamos valorar los refranes que dicen:

  • ‘más valen pocos y bien avenidos, que muchos y mal avenidos’; o, 
  • ‘más vale poco y bueno que mucho y malo’. 

y esas premisas deberían ser básicas, pero ERC, con su idea de ampliar las bases, las obvió, y así les fue y así nos va.

Por todo ello, si realmente los independentistas queremos recuperar la ilusión pre 2017, los líderes como Oriol Junqueras, deberían mentalizarse y asumir el mencionado significado etimológico del término amigo, en griego, compuesto de ‘a’ (sin) y ‘ego’ (yo), por lo que amigo significaría ‘sin mi yo’, y, así, dar cabida al yo del otro; y ese pensamiento debería imponerlo y exigirlo a todos los ‘personajes’ de su partido (que, por cierto, algunos de los mencionados, o todos, deberían ser cesados de militancia, por su actuación indecente e inmoral, como comenta Resines).

Pero sin olvidar que, en toda relación, no ha de haber sacrificios, pues toda relación adulta y honesta ha de ser equilibrada, con respeto a los dos ‘yos’ y con defensa de los intereses de ambos, máxime cuando comparten un objetivo común (que no sé si es el caso).