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Ideología de conveniencia

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Ayer (2/09) vimos las fotografías de la reunión entre Salvador Illa (155) y Carles Puigdemont, en la delegación de la Generalitat en Bruselas, mostrando una total asepsia simbológica, ya que únicamente se veía, como toda decoración, unas plantas. Y esa asepsia, pactada por los equipos de ambas partes, es una clara muestra, a mi modo de ver, de la truculenta españolidad del represor Illa, como intento explicar en este escrito.

Es sabido que, en las entrevistas con los otros presidentes de la Generalitat, tampoco se vio ninguna bandera; pero, en el transcurso del año, hemos ido viendo cómo ha ido ‘apareciendo’ la bandera española en los lugares de la Generalitat, y en los momentos más inesperados, pues cualquier ocasión le parecía adecuada a Salvador Illa, para mostrar su españolidad, y la sumisión institucional que representa; y así, la bandera española ha ido ganando relevancia, reforzando de forma clara el mensaje del delegado vasallo Illa.

Ahora bien, en la reunión de ayer, para obtener la fotografía deseada con Puigdemont, se arrinconó incluso la bandera española que, desde la llegada de Illa al gobierno, también preside el vestíbulo de la delegación en Bruselas.

Inmediatamente después de la entrevista, Illa y el abad de Montserrat asistieron a una exposición en el parlamento europeo, organizado por el PP, en el que la bandera española presidió ostentosamente el acto.

Y esa teatralización, incluso de los símbolos más preciados, como la bandera, me parece que es una muestra de la conveniencia y necesidad del acto y de la ideología de quita y pon, que denota la importancia en cuestión. 

Es evidente que Puigdemont no hubiera aceptado una fotografía con la bandera española en la delegación de la Generalitat de Catalunya. Y, por otro lado, Illa no hubiera aceptado una fotografía con la única presencia de la senyera, la bandera catalana, y eso sí que es triste.

Para Illa, poner la senyera, sin más, hubiera sido una muestra que hubiera alimentado, todavía más, la carnaza que la reunión, de por sí, ya ha generado. Por eso, se hubiera visto ‘obligado’ a poner al lado, la española, la europea, la galáctica, etc., para, de ese modo, descafeinar la presencia de se senyera.

Asimismo, hemos visto cómo de las escasas fotografías facilitadas, los diferentes medios de comunicación han seleccionado las más ‘oportunas’ y afines para su propio mensaje; así vemos que en las portadas predomina una en la que se ve a Illa con un gesto de dar paso, indicando a Puigdemont el camino hacia la sala de reuniones. Está claro que ‘el medio es el mensaje’ como dijo Marshall McLuhan (1911 – 1980)  

Y si la simbología formal es importante, no lo es menos el fondo de la reunión, que Illa vistió, en todo momento, como muestra de la normalización y de la necesidad del diálogo como motor de la democracia; pero, claro, cuando este motor funciona a conveniencia exclusiva de Pedro Sánchez, y se aplica como estrategia diseñada por el trio de la bencina (Sánchez, Rodríguez Zapatero e Illa) veraneando en Lanzarote, se hace evidente que dicho motor de combustión está gripado, por un sobrecalentamiento que hace bloquear diferentes piezas, y el motor, en su conjunto, quede bloqueado. Y la prueba clara de la falta de normalización, es la necesaria realización de esa reunión fuera del reino español.

Y un motor gripado no arrancará, sin una reparación de determinadas piezas y la sustitución del aceite y líquido refrigerante.

El sobrecalentamiento que sufre el gobierno de Pedro Sánchez, en buena parte, tiene su origen en el poder judicial, desbocado y desmelenado tras la aprobación de la ley de la amnistía. Y claro, ese sobrecalentamiento, todavía se incrementó, con la entrevista de ayer, que la derecha ha mostrado como la sumisión al ‘prófugo independentista’.

Todo cuadra, excepto la ideología de conveniencia de Illa, pues, como los soldados de fortuna, que luchaban sin bandera, al mejor postor; ayer, demostró que todo vale, cueste lo que cueste, si al final el jefe Sánchez consigue tirar adelante el nuevo curso legislativo, y, el premio gordo sería que pudiera aprobar los presupuestos generales del 2026, claro (los de Catalunya son pieza de caza menor).

Y es evidente que un conductor como Pedro Sánchez, no es de fiar, ya que ha provocado ese sobrecalentamiento por falta de la debida atención, la falta de las revisiones precisas y, especialmente, el oído, necesario. Y ante un personaje como Pedro Sánchez, ofuscado por su desmesurado narcisismo, hasta el extremo de considerarse heredero mental del Rey Sol francés, ha perdido toda noción de realidad, como explica Elisa Beni, en su artículo titulado ‘Una gorra para Pedro Sánchez’, que, resumiendo la entrevista pactada entre la Moncloa y TVE, y gestionada por la periodista Pepa Bueno, el pasado lunes 1, empieza diciendo:

‘Ningún problema. La corrupción no es un problema. La falta de presupuestos no es un problema. La falta de soporte para tirar adelante las leyes no es un problema. Haber dicho una cosa y después la contraria no es un problema. Nada de esto importa. Importa el proyecto, su proyecto. Los jueces no cumplen la ley. Hay una persecución contra su persona. Él no insulta ni degrada el sistema, son los otros. Todo es contingente, sólo él es necesario. Las elecciones paralizarían el país; la falta de gobernabilidad, no. La finalidad es gastar los fondos europeos que no son ya un medio para salir de la crisis pandémica; esto lo deja a los obligados presupuestos del estado. Ningún problema. No hubo culpa in vigilante. No hay corrupción estructural. No polariza, eso lo hace la derecha. No ha prometido cosas que no ha cumplido. Rajoy debía dimitir por no tener presupuestos, pero no en su caso. Los jueces no hacen su trabajo salvo cuando me viene bien y le fue bien, cuando quería traer a Puigdemont y sentarlo al banco de los acusados. Ningún problema. No me iré. Pase lo que pase, no me iré (…)

(Elnacional, 3 de setiembre 2025)

Y en una situación así, si el objetivo era ‘suavizar’ la posición de Carles Puigdemont y Junts, de cara al curso legislativo que empieza, todo vale, incluso el sacrificio de la bandera española, por más dolor que le causase a Salvador Illa, pues para ellos, ‘el fin justifica los medios’.