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In vino veritas

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Ojalá los políticos españoles sustituyeran su borrachera de poder, ambición y prepotencia, por una de vino, pues así tendríamos garantizada su sinceridad, como dice la primera parte de la clásica expresión latina ‘In vino veritas, in aqua sanitas’. Pero viendo el tsunami de falsos currículos, dudo que el vino fuera la solución, como intento explicar a continuación.

Falsificar su propio currículo no es un deporte nuevo en el reino español, ya vimos casos sonados, como el de Luis Roldán Ibáñez (1943 – 2022), del PSOE, que llegó a director de la guardia civil, y que se presentaba, falsamente, como ingeniero industrial y economista, carreras que nunca pudo acreditar. Finalmente, tras ser condenado por corrupción y encarcelado, en la prisión sí que estudió ciencias políticas en la universidad nacional a distancia. 

Y todos recordamos los casos de Pablo Casado y Cristina Cifuentes, ambos dirigentes del PP, que también adulteraron sus currículos académicos. 

Pero recientemente, el pasado 23 de julio se descubrió que Noelia Núñez, del PP, tuvo que dimitir tras ser descubiertas sus falsedades académicas. Y claro, los partidos han ido investigando en los políticos de la oposición, para contraponer esas corrupciones y, de momento, también han dimitido José María Ángel (PSOE), Ignacio Higuero (Vox), Ana Millán, vicepresidenta de la comunidad de Madrid (PP), ésta, de momento, no ha dimitido; mientras que otros políticos se han apresurado a depurar sus historiales académicos, por ejemplo, Xavier García Albiol, alcalde de Badalona (PP), que ha borrado su licenciatura en derecho, rebajándola a grado, y Pedro Rollán, presidente del senado (PP) que tenia incorporada una diplomatura en marketing en una escuela superior, sin tener esas características.

Falsificar el propio currículo académico, incorporando títulos no conseguidos, para vestir a la propia burra, es una clara forma de corrupción, ya que demás de engañar a los electores, en el caso de funcionarios que consiguieron sus plazas previas gracias a esas falsas titulaciones, perjudicaron, de forma clara, a otros candidatos, que no tenían ese currículum ‘engrandecido’ truculentamente.

Esa es la España que Miguel de Cervantes Saavedra (1547 – 1616) describió en su obra ‘Rinconete y Cortadillo’ (incluida en sus ‘Novelas ejemplares’, 1613) personajes prototípicos de los miserables buscones y buscavidas.

En países democráticos, hemos visto que descubrir que se ha copiado parte de una tesis doctoral, es motivo de dimisión automática. Pero está claro, España no es una democracia al uso, es una democracia picaresca, y así nos va.

Un estado en el que la burda prepotencia es el arte mejor pagado, a costa de la transparencia, claro. Todo es ocultismo, incluso los patrimonios que los diputados y senadores deben declarar antes de tomar posesión de sus cargos, pues es sabido que, en muchos casos, no son un reflejo de la realidad, por más que firmen las actas juradas, esa es la ética de muchos de los padres de la patria que tenemos.

El afán de aparentar lo que no se es, inventarse personajes para mejorar su propia autoimagen, el afán de ‘titulitis’, etc., son claras muestras del complejo de inferioridad de esos sujetos que desprecian lo que realmente son; y esa falsificación de su currículum no deja de ser una clara agresión a su propio ser, a sus características, como la mencionada Ana Millán (PP) que se presentaba en los mítines políticos, ‘como una joven esforzada y concentrada en sus estudios, como muchos otros jóvenes que valoran el espíritu de sacrificio y sus futuras satisfacciones’; pero, claro, al ser todo falso, ese esfuerzo inexistente, no deja de ser más que una gran falla, un torpedo en su propia línea de flotación de su pensamiento liberal. Y, claro, sin bases, sin fundamentos sólidos, no hay construcción que se levante firme y segura.

Es evidente que, para alcanzar cargos políticos importantes, la titulación académica de nivel superior no es un requisito imprescindible, aunque estoy convencido de que sería muy recomendable que lo fuera. Todos recordamos casos como Miquel Iceta i Llorens, Patxi López Álvarez y José Montilla Aguilera, por citar tres casos del PSOE que, con una educación académica general básica, alcanzaron los cargos más relevantes del sistema institucional. Pero, esos personajes, para progresar en sus carreras, a mi modo de ver debieron ‘destacar’ en otras ‘habilidades’, más o menos inconfesables e inconfesadas (en la empresa privada he visto muchos, muchísimos, ejemplos en ese sentido).

En la antigua Roma tenían establecido el ‘Cursus honorum’ para describir la carrera política, los escalafones que debía cumplir cada candidato, marcando los plazos y tiempos para cada peldaño. Y cada uno de esos, comportaba un nivel de experiencia en cada escalafón de la jerarquía (cuestor, pretor, cónsul, censor, etc.). Un modelo que, con sus lógicas fallas, me parece que sería muy positivo implantar, pues no me parece adecuado, que, en plena campaña electoral, aparezcan los llamados ‘paracaidistas’, fichados por su imagen mediática en las redes sociales, pero sin el debido bagaje político. Un claro ejemplo negativo al respecto fue, y sigue siendo, Gabriel Rufián (ERC). Y claro, ese ‘cursus honorum’ también impedía la perpetuación en un cargo, como, por desgracia, vemos en políticos profesionalizados. 

En definitiva, los independentistas catalanes deberemos tener claro que la futura República Catalana se habrá de parecer como un huevo a una castaña con el actual reino español. Y para eso tenemos mucho trabajo, pues no es una labor rápida el ir forjando nuevos líderes, éticos, con la adecuada formación académica correspondiente a los cargos que se les asignen, y, claro, con un deseo de servicio público, por encima de sus intereses personales, que hablen de forma sincera sin necesidad del vino