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Siempre me ha parecido sugerente el término ‘atzucac’, originario del árabe, que significa: callejón sin salida, ‘cul-de-sac’; y, en ajedrez, situación para un jugador, consistente en la imposibilidad de hacer una jugada, que está obligado a hacer, y que no le comporte un debilitamiento de su posición (zugzwang, en alemán), por lo que, forzosamente, debe elegir una concesión. Y esta es la imagen, el pensamiento, que me ha surgido al leer, hoy, la editorial de Vicent Partal en Vilaweb, titulado ‘Contra ‘l’attentisme’: la lección audaz del independentismo quebequés’, como intento explicar.
En esa editorial, Partal comenta que:
‘(…) el escenario internacional de los movimientos de independencia nacional vive un nuevo momento de efervescencia que merece nuestra atención más precisa. De Escocia al Quebec, pasando por el emergente dinamismo galo y la persistente ebullición corso (…) los vientos parecen soplar a favor de aquellos que aspiran a la plena soberanía.
(…) la propuesta es tan clara como provocadora: abandonar la obsesión por el tercer referéndum y abrazar la vía de la proclamación directa en la Asamblea Nacional, con la única legitimidad necesaria de una victoria electoral clara. Es, en esencia, la reivindicación de aquellas ‘elecciones plebiscitarias’ que cristalizaron en la victoria de JuntsxSi y la CUP en 2015, pero eliminando la necesidad de referéndum posterior, referéndum que, en nuestro caso, además, ya ganamos.
(…) y el concepto central que nos ofrecen los quebequeses: la crítica a los ‘indépendantistes attentistes’, expresión difícil de traducir, pero que retrata aquellos que perpetuamente esperan las condiciones ideales. Independentistas que no solamente paralizan el movimiento, sino que, de facto, refuerzan la hegemonía del marco constitucional canadiense. La pregunta que formulan los autores del artículo quebequés es de una brutalidad intelectual enorme, pero necesaria: ¿un independentista accede al poder para gestionar la provincia p para liberar la nación?
(…)
En el colofón del artículo los autores invocan el epitafio grabado en la tumba del presidente Jacques Parizeau: ‘No tengáis nunca miedo’ (…) y Partal concluye diciendo: ‘la audacia empuja y l‘attentisme estanca’’
Efectivamente, en este artículo se tocan los aspectos esenciales que debemos replantearnos, si bien, a mi modo de ver, es preciso matizar los siguientes aspectos:
Teóricamente, parece claro que, tras unas elecciones plebiscitarias, el parlamento surgido tiene la potestad democrática para adoptar las medidas que considere precisas para avanzar y proclamar la independencia. Ahora bien, nuestra experiencia nos recuerda que todas las leyes, decisiones, manifestaciones y proclamas que efectuó nuestro parlament con anterioridad del referéndum del 2017, fueron inmediatamente recurridas, anuladas, revocadas, y los diputados amonestados e imputados; represión que, tras el referéndum del 2017, fueron en aumento, y aún siguen.
Es decir, la nueva vía que proponen los quebequeses, que debería ser la vía óptima y deseable, no la veo factible, dada la actual correlación de fuerzas, la falta de escrúpulos del represor estado español, que no dudó, ni duda, en saltarse la democracia, para salvar el estatus quo, en concreto, sus posiciones de privilegio y prebendas. Máxime, cuando la idea castellano-imperialista de la ‘unidad de España’ está incrustada en su ADN españolista.
Asimismo, también tenemos un exceso de ‘indépendantistes attentistes’, expresión que retrata aquellos que perpetuamente esperan las condiciones ideales’. Y en éstas, ahora tenemos a ERC, pues sus líderes como Oriol Junqueras y Gabriel Rufián, son excelentes baluartes del gobierno de Pedro Sánchez; y, en buena parte, también Junts, con el argumento ‘del mal menor’ (por el miedo a la llegada del PP/Vox), pero olvidando, que ‘el mal menor, también es un mal’.
Y en esas estamos, soportando ‘el mal menor’. Y, como acaba diciendo Partal, ‘l‘attentisme estanca’. Por eso, estamos estancados en un bucle infinito, ya que el PSOE nunca dará un paso significativo que permita avanzar hacia nuestra independencia. El PSOE y el PP forman una misma cinta (una misma banda) de Möbius, que, como es sabido, sólo tiene una cara, como describieron en 1958 los matemáticos alemanes August Ferdinand Möbius (o Moebius, 1790 – 1868) y Johann Benedict Listing (1808 – 1882).
Es cierto que la sociedad tiene unas necesidades perentorias, que deben solucionarse sin dilación, como la vivienda, la educación, la sanidad, etc., y, en cierto modo, parece que un gobierno como el de Pedro Sánchez, dependiente de los nacionalistas, siempre será más útil y operativo (más socialdemócrata), que un gobierno mayoritario del PP/Vox.
Obviamente, esa comparación no es equitativa, ya que tendríamos que comparar ese futuro, con un gobierno mayoritario del PSOE, sin las dependencias mencionadas; pues, vimos que el PSOE, sin necesidad de pactos, gobernó como la derecha, incluso coartando libertades y efectuando operaciones extraconstitucionales y extrajudiciales, que les avergonzarán de por vida. Y, por el contrario, vimos que el PP de José M. Aznar, sin mayoría absoluta, pactó con Jordi Pujol la implantación y despliegue de los mossos d’esquadra, así como la eliminación del servicio militar.
Por todo esto, y volviendo a la editorial de Vilaweb, me parece que el nudo gordiano de nuestra situación, tanto en nuestros políticos como en todos nosotros, es el miedo, el temor, a la represión, a la pérdida de actuales prebendas, y a un deterioro puntual de nuestra ‘calidad’ de vida.
Así que no nos vale el mencionado epitafio grabado en la tumba del presidente Jacques Parizeau: ‘No tengáis nunca miedo’, pues el miedo es un sentimiento desagradable (inconsciente) por la percepción o la anticipación de un peligro o de un mal, que nos induce a la huida (como mecanismo de defensa), pero, también, puede ser consciente, fruto de la experiencia vivida. El miedo es un sentimiento que nos acompañará siempre.
Pero la razón nos ha de dar herramientas para minimizar esos temores, esos miedos. Y la historia nos puede ratificar que los movimientos de masas (entendiendo ese término por su aspecto cuantitativo, y obviando las características peyorativas del mismo), con objetivos claros, con la ciudadanía unida y bien dirigida, siempre es triunfadora y, claro, minimizadora de los riesgos y miedos.
Ahora bien, como apunta Partal al final de su editorial, es que ‘la audacia empuja y ‘l‘attentisme’ estanca’, y, en todos los niveles, tenemos políticos y ciudadanos que consideran que es preferible esperar el momento ideal, que todos los astros nos sean favorables y nos regalen la independencia, para empezar a movernos y significarnos mínimamente; y, hasta ese momento, es preferimos seguir en el sofá de casa, con el ‘pan y circo’.
Así, estos ‘estancadores’, que mantienen el estatus quo, justifican lo injustificable, sin discutir ni criticar el poder colonial, comulgan con todo tipo de ruedas de molino, incluso como la que indica Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo (1899 – 1986), en su ensayo ‘El idioma analítico de John Wilkins’ (publicado en ‘Otras inquisiciones’,1937 – 1952), describiendo una enciclopedia china titulada ‘Emporio celestial de conocimientos benévolos’, que clasificaba a los animales de la siguiente manera:
- Pertenecientes al Emperador,
- Embalsamados,
- Amaestrados,
- Lechones,
- Sirenas,
- Fabulosos,
- Perros sueltos,
- Incluidos en esta clasificación,
- Que se agitan como locos,
- Innumerables,
- Dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello,
- Etc.,
- Que acaban de romper el jarrón,
- Que de lejos parecen moscas.
Borges concluye que ‘no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo’.
En definitiva, si realmente queremos ser independientes, no tenemos otra que actuar en ese sentido, todo lo demás son subterfugios para ocultar que nos falta lo que no tenemos y ni siquiera sabemos que no tenemos: el valor y la determinación.
Volviendo a la imagen del ajedrez, y como ya he mencionado, el atzucac describe la situación de un jugador, consistente en la imposibilidad de hacer una jugada, que está obligado a hacer, y que no le comporte un debilitamiento de su posición (zugzwang, en alemán), por lo que, forzosamente, debe elegir una concesión. Por eso, los independentistas catalanes hemos de actuar, aún sabiendo el riesgo de empezar perdiendo (de entrada, el confort del sofá), pero, como dice el refrán, ‘no hay mal que por bien no venga’.
En caso contrario, seguiremos en el actual ‘atzucac’, en el ‘cul-de-sac’, en el ‘callejón sin salida’, y aceptando lo que nos diga el emperador español, por más aberrante que sean sus clasificaciones y determinaciones.