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Sabemos que el responsable, el que responde, garantiza y asegura que se cumplirá algo, es una figura que abunda en la sociedad, ya que, por lo general, mayoritariamente, los ciudadanos asumimos nuestros deberes con la familia y la sociedad; ahora bien, es cierto, asimismo, que también abundan las personas que pretenden escaquearse de pagar impuestos, colarse, no involucrarse en los problemas comunitarios, circular y aparcar como si la calle fuese suya, etc.
También sabemos que, legalmente, el mayor irresponsable, es el rey español, ya que, constitucionalmente, según especifica el artículo 56.3: ‘La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65.2’
El citado artículo 64, fija que: ‘De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden’.
Y el 65.1: ‘El Rey recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su Familia y Casa, y distribuye libremente la misma. 65.2: ‘E Rey nombra y releva libremente a los miembros civiles y militares de su Casa’.
Y, como hemos visto, Juan Carlos I, fue y sigue siendo el gran capo de una gran corrupción; pero, claro, avalada por los partidos constitucionalistas, que le han permitido echar mano a todo lo que le interesa, conviene y agrada, como si se tratara de un rey absoluto. Y ha sido así, por una interpretación laxa de la inviolabilidad, extendiéndola a todas sus áreas de actividad, incluidas las ajenas a la actividad del gobierno, que son las únicas que contempla la constitución.
Pero es así, ya que los partidos constitucionalistas, como todos los poderes del estado, tienen dos únicos ejes: la monarquía y la unidad de España.
Y así nos va, pues, con este modelo, qué se puede esperar de los restantes personajes que ocupan puestos relevantes en la estructura del estado.
Un buen ejemplo de esa irresponsabilidad, generalizada entre los personajes del estado, lo tenemos en la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pues, según un informe publicado en la revista Epidemiología, compilando la información de todas las comunidades españolas, confirman lo que ya sabíamos, es decir, que en Madrid murieron por Covid más ancianos en residencias de la tercera edad, que en los hospitales.
La decisión del gobierno de Ayuso fue la de no derivar a los hospitales los casos más graves de la primera ola, así como no trasladar a las personas mayores infectadas, por muy graves que estuvieran.
Así, la mortalidad por Covid entre las personas mayores ingresadas en residencias, entre marzo y abril del 2020, en Madrid, estuvo entre el 40,8% y el 46,7%, mientras que, en las otras comunidades autonómicas, esa cifra se situó entre el 7,7% y el 25,9%.
En contraposición, lógicamente, los fallecidos en centros hospitalarios, Madrid presenta mejores ratios, ya que, al excluir a las personas mayores y graves, los ingresados, forzosamente, tenían más defensas, para afrontar la infección.
A mi modo de ver, Ayuso, su gobierno, y el gobierno central de Pedro Sánchez, deberían ser acusados criminalmente, por determinar unas medidas tan contraproducentes, o por permitirlas.
Y lo triste es que no pasó ni pasará nada, son irresponsables, y también incapaces y mentirosos y, por lo visto, son inviolables, ya que ni los medios de comunicación fueron ni son críticos.
Y desgraciadamente, la población madrileña, en general, demostró su carácter amorfo y pasota, ya que aceptaron la ‘libertad’ que les facilitaba Ayuso, para ‘ir a tomar cañas’, como si salir para beber cerveza supliera las muertes, muertes que se les ocultaban, pero que todos, quién más quién menos, había sufrido de forma próxima.
Y esa es la vergonzante situación que tenemos, y que nunca entenderé, pues vimos que, en las pasadas elecciones, Ayuso volvió a ganar de forma mayoritaria.
Es cierto que los familiares de los 7291 muertos en las residencias, sin ser trasladados a hospitales, denunciaron la situación, pero Ayuso sigue ocultando la información; y la INjusticia, hace eso, ser INjusta, y tanto le da que el 77% de los 9468 ancianos fallecidos, no fueran atendidos, siguiendo el protocolo de exclusión sanitaria del gobierno de Ayuso.
Unos protocolos de exclusión de la población adulta con discapacidad moderada y severa que vivía en las residencias de la tercera edad, a mi modo de ver, tienen una ideología nazi, preocupada por la raza pura; y, claro, a Ayuso le interesaba que esas personas mayores, no colapsasen los hospitales.
Para mí, sólo a este hecho, debería invalidar de por vida a todas estas personas, para dedicarse a la vida pública; yo los pondría a picar piedra en el desierto de los Monegros. Pero, claro, ni el poder judicial ni la fiscalía hicieron ni harán nada; al fin y al cabo, son sus iguales, pues son unionistas, no independentistas.
Si eso mismo hubiese pasado en Catalunya, hubiéramos visto crucificar en la plaza de Catalunya al president de la Generalitat Quim Torra. Un president que no pudieron culpar, por lo que tuvieron que buscar la excusa de la pancarta, para inhabilitarlo.
Así, mantener una pancarta en la Generalitat, pidiendo la libertad de los presos, en una campaña electoral general, que no catalana, fue mucho más grave que los muertos madrileños.
Y esa irresponsabilidad, la vemos en todos los ámbitos, como sufrimos de forma especial los independentistas catalanes, pues los distintos poderes del estado, encabezados por su impresentable Felipe ‘uve palito’, el ‘preparao’ como le llamaban para contraponerlo a su padre, el ‘campechano’, todos ellos, como digo, infringieron todas las leyes, para machacar el movimiento independentista.
Y así, todos los poderes: judicial, militar, policial, económico, financiero, de comunicación, etc.; todos se aplicaron ‘con sumo gusto’ (como decía el infumable juez Manuel Marchena) para hacer de manos ejecutoras.
Ayer vimos que el Parlamento Europeo ha vuelto a reclamar a España una investigación ‘completa justa y efectiva’ del espionaje a los independentistas (Catalangate). Pero sabemos que tampoco pasará nada. Pedro Sánchez ya se toreó la comisión de investigación formada por europarlamentarios, y no hará nada, y los jueces tampoco harán caso a la petición de una ‘investigación judicial imparcial’.
Y a esos irresponsables, encabezados por Pedro Sánchez, tampoco les pasará nada; y ese narcisista, petulante y mentiroso Sánchez, se paseará por España y Europa, sacando pecho y luciendo palmito, durante los seis meses de su presidencia rotatoria de la UE. Y, para más inri, tiene previsto realizar una cumbre de la UE en Barcelona, los días 21 y 22 de setiembre, para mostrar al mundo, que Catalunya es una tierra sometida, ‘pacificada’, gracias a su ‘diálogo’.
Y eso es una muestra más, de su soberbia, pues, lo que mostrará una falsa apariencia de ‘normalidad’, como pasó con la pasada cumbre bilateral con Francia, realizada el pasado 19 de enero en Barcelona. Pero, a pesar de ser un día laborable, a primera hora, y en plena ola de frío, aún así, asistimos muchos a protestar. Pero el prepotente Sánchez, hizo un cordón bestial, para blindar al palacio de Montjuïc, y, así, alejarnos de la visión de Emmanuel Macron, pero no pudo evitar que éste oyera los pitidos del grupo independentista, formado, mayoritariamente, por jubilados.
Ya sé que la posición ‘cuanto peor mejor’ no es aceptable, pues, cuanto peor, peor, claro. Pero asumir el peor actual, no es de recibo, pues todo mal es mal. No hay otra. Así que Pedro Sánchez se merece el más grande castigo en las próximas elecciones.
Efectivamente, no podemos confiar en los poderes estatales, pues hemos visto cómo impiden y torpedean las comisiones de investigación en el congreso de diputados; y, por su soberbia, no asisten a las comparecencias solicitadas por el Parlament de Catalunya.
En este estado del ‘Todo por la patria’ (que la ciudadanía decía, ‘todo por la tapia’), todo se justifica para alcanzar el poder, así vemos las malas artes de Jaume Collboni y Ada Colau para alcanzar la alcaldía de Barcelona. Para ellos no hay líneas rojas, pues ahora incluso ponen la alfombra roja al PP.
Que Collboni, después de haber fracasado en tres elecciones municipales, siga pretendiendo imponerse pactando con el PP, demuestra, claramente, que los objetivos e ideales importan un bledo, pues, lo realmente importante es el poder, el control de grandes sumas del presupuesto, para favorecer a los suyos, colocarlos y recolocarlos. Y eso mismo pretende Colau, seguir como regidora, y que sus compañeros de partido mantengan las áreas más potentes.
Todo es una vergüenza, estamos presos en un estado comandado por personajes como Atila (406 – 453), el rey de los hunos, al que los europeos llamaban ‘el azote de Dios’, pues consideraban que ‘por donde pasaba su caballo no volvía a crecer la hierba’.
Y hace más de 300 años que los catalanes sufrimos ese azote, pues, desde el primer Borbón, Felipe V, han pretendido arrasar Catalunya, que no crezca la hierba en nuestro país. Y en estas, Felipe VI, su sucesor, sigue al pie de la letra esas premisas.
Ahora tenemos una nueva muestra, en Valencia, donde la victoria del PP y Vox, que se han repartido el poder, ya han anunciado medidas contra la lengua catalana (al que llaman valenciano; y en las Baleares llaman mallorquín, contra toda lógica filológica), y contra todo lo que representa la catalanidad.
Sabemos que, si bien hay notables diferencias, en función del respeto a la propia democracia, todos los estados ejercen su poder, para aniquilar a las minorías, pero tenemos razón en nuestras reclamaciones. Y no aceptamos que las fronteras actuales, conseguidas con sangrientas guerras o mediante pactos de bragueta, sean inflexibles, independientemente de la voluntad popular.
Pero los pueblos son imparables, como vemos ahora en el Tirol del Sur, desde el final de la Primera Guerra Mundial, bajo el dominio italiano.
Los sur-tiroleses asistieron a las votaciones del 1 de octubre del 2017 en Catalunya, y al referéndum del 2014 en Escocia, como observadores. Y ahora, han adoptado y adaptado el libro blanco de la transición nacional de Catalunya, encargado por el president Artur Mas en 2014, y elaborado por un equipo de expertos, bajo la dirección de Carles Viver Pi-Sunyer.
En el Tirol del Sur hay diversos territorios con lengua propia: alemán sur-tirolés (69,4%), italiano (26,3%) y retorrománico ladino (4,3%), estos últimos, unos 30.000 hablantes, en la región de Trentino-Alto Adige (en los Alpes dolomitas fronterizos con Austria)
Hasta el final de la Primera Guerra Mundial, todo el Tirol estaba unido, pero fue repartido, y, ahora, mayoritariamente forma parte de Austria.
Desde el tratado de Saint Germain-en-Laye, Roma siempre ha querido italianizar la región, un fenómeno que intensificó la dictadura de Mussolini, que promovió la inmigración de italianos, impuso la enseñanza monolingüe en italiano, y todo ello, mediante el brazo ejecutor de Ettore Tolomei.
Con la derrota en la Segunda Guerra Mundial, impidió la unión del Tirol. Pero, en 1946, con el tratado Karl Gruber-Alcide de Gasperi, se dieron derechos especiales a los tiroleses germánicos.
(fuente: Lluís Bou, artículo ‘Primer libro blanco de la independencia del Tirol del Sur, inspirado en Catalunya’, elnacional.cat, 15 de junio)
Los estados, los poderes económicos, con todas sus caretas, son poderosos, pero la ciudadanía podemos hacerlos caer, y no solo mediante los votos. Los días 1 y 3 de octubre del 2017 mostramos que teníamos fuerza para parar el país, y ese es el camino.
Hasta ese momento hicimos las cosas muy bien, como muestra que los tiroleses adopten nuestro libro blanco para la transición; y las manifestaciones multitudinarias fueron un éxito.
Ahora deberíamos retomar esa mentalidad vencedora y, modificando ciertos aspectos, para ser menos festivos y hacerlos más efectivos, pero pacíficos y democráticos, preparar un nuevo y definitivo embate con el estado. Y para ello deberemos aparcar a los actuales ‘líderes’, que ya son historia, hicieron lo que pudieron y se lo agradecemos; pero ahora, los tiempos son otros, y la experiencia nos ha enseñado que no podemos depender de unos lideres; y, en su momento, con toda seguridad, aparecerán nuevos conductores para canalizar la voluntad popular.