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La petición popular para el cambio en el nomenclátor de Barcelona, y restituir la denominación de la actual plaza Virrey Amat, por la original de Joan Salvat-Papasseit, ha planteado ‘algunas’ dificultades, como explico a continuación, tras una breve reseña de ambos personajes:
Joan Baptista Miquel Josep Salvat – Papasseit (Barcelona, 1894 – 1924) fue un escritor, poeta, de base humilde (su madre era gitana), y autodidacta, considerado uno de los grandes poetas de la vanguardia catalana, simpatizante con las corrientes anarquistas y socialistas, que murió por la tuberculosis, a los 30 años. A los siete años, debió afrontar la muerte accidental de su padre, fogonero del vapor Montevideo, de la Companyia Transatlántica, por lo que, junto con su hermano Miquel, fueron ingresados en el Asil Naval para huérfanos de marineros. Su escuela, El Tornado, fue destruida por la aviación fascista.
Gracias a su amistad, desde su infancia, con el librero anarquista Emili Eroles (Tàrrega, 1895 – Barcelona, 1983), compartió tertulias literario-políticas en la parada de libros de segunda mano que éste tenía en el Mercat de Santa Madrona, y ambos se afiliaron al Ateneu Enciclopèdic Popular, que le abrió las puertas a la gran cultura, y se afilió a la Juventud Socialista Barcelonesa, y empezó a publicar sus obras, de cada vez más anarquistas, manteniendo siempre su base popular, que es la que había mamado en su infancia y juventud; y se dedicó a editar revistas literarias, como ‘Los Miserables’, subtitulada ‘Eco de los que sufren hambre y sed de justicia’.
El poeta falleció en la calle Pujolet (Horta-Guinardó), perpendicular al Carrer de Pedrell, cerca del casal Font d’en Fargas y del Passeig de Maragall.
Entre sus poemas, reproduzco cuatro, a título informativo, para mostrar su estilo y contenido:
Nocturno per a acordeón
Veamos: yo he guardado madera en el muelle
Vosotros no sabéis qué es
vigilar madera en el muelle:
pero yo he visto llover
a mares
sobre los botes,
y bajo de los tablones agacharse el destajo de la angustia;
debajo de los flandes
y los melis,
debajo de los cedros sagrados.
Cuando los mossos d’esquadra espiaban la noche
y era un túnel la comba del cielo
sin luz en los vagones:
he hecho un fuego de astillas en la boca del lobo.
Vosotros no sabéis
qué es
vigilar la madera en el muelle.
Pero todas las manos de todos los pillos
como una farándula
se conjuraban en torno a mi fuego.
Y era como un milagro
que desentumecía las manos heladas.
Y, entre otros poemas:
Nada es mezquino
Nada es mezquino
no hora alguna es ingrata,
ni es oscura la suerte de la noche.
Y la rosada es clara
que el sol sale y se encanta
y ansía el baño:
pues se refleja en el lecho de todo lo creado.
Nada es mezquino,
y el rico como el vino y la mejilla colorada.
Y la ola del mar siempre ríe,
Primavera de invierno – Primavera de estío.
Y todo es Primavera:
y toda hoja verde eternamente.
Nada es mezquino,
pues los días no pasan;
y no llega la muerte ni si la habéis suplicado.
Y si la habéis suplicado os disimula un foso
pues para renacer necesitáis morir.
Y no somos un llanto
sino una fina sonrisa.
Nada es mezquino
porque la canción canta en cualquier cosa.
Hoy mañana y ayer
deshojará la rosa:
y la virgen más joven será madre también.
Ancha es Castilla
Ancha es Castilla, y como una palma
tiene callos de alzar la espada.
No dirige el cerebro su brazo cansado;
la garganta está seca y la sed no le pasa.
Tierra de los Tercios que pisotean leyes
que imponían con sangre su ley extraña,
ancha es Castilla, sepulcro de reyes,
desventura en la Marca de España.
Aún bajo los chopos se marchita la sombra
del mal que ha hecho con su tonada;
ruidos de espuelas, fuegos, más la torna
con que los caballos sepultaban la estancia.
Ancha es Castilla, su eco un sollozo,
tiene la sordera de tanto escucharse.
La voz de los íberos está ronca de ahogo
y ella no los oye: quiere revolcarse.
Si fuera pescador
Si fuera pescador la aurora pescaría,
si fuera cazador alcanzaría el sol;
si ladrón de amor las puertas me abrirían,
si bandido mejor
que bien solo vendría:
Las cárceles del mundo no verían mi sombra,
si ladrón y bandido fuera no sabrían mi vuelo.
Si tuviera un barco me llevaría a las mozas,
si quisieran volver dejarían sus corazones:
y con ellos haría faroles
para encender otros nuevos.
Por su parte, Manuel d’Amat Junyent (1707 – 1782) fue un militar catalán y virrey de Perú durante el período 1761 – 1776; perteneciente a una familia noble borbónica, que participó en las campañas de África (1724 – 1727) y en el Reino de Nápoles (1734). Fue gobernador en Chile y presidente de la audiencia de ese país (1755 – 1761). El rey Carlos III lo designó virrey del Perú, para reforzar los sistemas de explotación, obligando a miles de indígenas a trabajar en las minas de Potosí y Huencavelica, en condiciones muy duras y con alta mortalidad. Durante su mandato modernizó las defensas militares de la costa del Pacífico, y fundó diferentes cuerpos militares. Promovió la explotación de la Isla de Pascua (1770); también fue el responsable de expulsar del Perú a la Compañía de Jesús, y proteger los intereses del patrimonio real.
Su amante fue la actriz criolla Micaela Villegas, conocida como ‘La Perricholi’, a la que le regaló una carroza dorada para que se pasease por la aristocrática Alameda de los Descalzos; hechos que inspiraron a Prosper Mérimée (1803 – 1870) su obra titulada ‘La carroza del Santo Sacramento’.
En 1977, sus enemigos le encausaron por su gestión, pero fue absuelto y volvió a Barcelona, para instalarse en el Palau de la Virreina (las Ramblas) que había mandado construir. En 1979 se casó con María Francesca de Fivaller-Clasquerí de Bru, novicia del Monestir de les Jonqueres de Barcelona, a la que triplicaba la edad; y que, una vez viuda, siguió viviendo en el mencionado palacio.
Pues bien, en 1933, una vez urbanizada la zona del distrito de Nou Barris, la plaza en cuestión fue bautizada como Plaza de Salvat-Papasseit; y, con el franquismo, fue cambiada a Virrey Amat y, hasta la actualidad, Virrei Amat.
Y ahora, tras un largo proceso de base popular, y siguiendo todos los cauces burocráticos – administrativos, el ayuntamiento ha accedido a retornar el nombre original a la plaza.
Pero, claro, todo lo que suena y recuerda la cultura catalana, rápidamente es rechazado por grupúsculos como el de convivencia cívica catalana, que ha anunciado su intención de presentar un recurso contencioso administrativo en contra de ese cambio de nombre, una vez haya sido ratificado por decreto municipal. Y, además, esos oponentes, empezarán una campaña de firmas en contra del poeta al que consideran ‘separatista radical y hostil a España’, justificando que ‘el Virrey Amat fue una figura histórica de indudable relevancia en España durante el siglo XVIII’.
Efectivamente, esos grupúsculos esconden que el cambio de nombre fue impuesto por el régimen franquista y fascista. Y critican que ‘el espacio público se utilice como un instrumento de afirmación ideológica y de ensañamiento político’. Y eso es vergonzoso, como si el franquismo y, por extensión ellos, no lo utilizaran con esos fines. Pero, claro, los continuadores franquistas se consideran con razones ‘objetivas e históricas’. Y, evidentemente, consideran que Salvat-Papasseit era separatista, cuando todavía no había separatistas, ya que los catalanistas, en la preguerra civil, no eran separatistas. Pero esos grupúsculos utilizan los descalificativos que, en este momento, consideran más dañinos.
Cuanta razón, qué clarividencia y sensibilidad tenía el poeta que nos ocupa, al considerar que:
Ancha es Castilla, su eco un sollozo,
tiene la sordera de tanto escucharse.
La voz de los íberos está ronca de ahogo
y ella no los oye: quiere revolcarse.
(poema anteriormente citado)
En definitiva, que, por lo que parece, en esta ocasión prevalecen la lógica y la razón histórica, para restituir el nombre original de la plaza; pero, como sabemos, todos los temas acaban siendo judicializados, y, determinados jueces tienen una aversión a todo lo que suena y recuerda la historia y cultura catalana; pues, incluso el tribunal superior de justicia DE Catalunya, en realidad es el tribunal de justicia EN Catalunya. Y así no va.
Y claro, en ese contexto de acoso y derribo en el que nos encontramos, sólo tenemos una alternativa, que es la de unirnos y hacer frente al tsunami castellano-español, que quiere arrasarlo todo, sin el menor pudor. Y es triste ver que hay muchos, demasiados, quintacolumnistas catalanes.