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Juego de máscaras

Amadeo Palliser Cifuentes
amadeopalliser@gmail.com

Hoy (4/7) ha empezado el XXI congreso nacional del PP, y mañana se efectuará la reunión del comité federal del PSOE. El del PP mostrará su ambición al verse a las puertas de alcanzar el poder, por lo que seguirán con su estrategia de acoso y derribo; mientras que el del PSOE será reactivo, para acorazarse y bunquerizarse en la Moncloa e intentar acabar la legislatura. Pero ambos serán una muestra de su vanidad de vanidades, como intento explicar a continuación.

Etimológicamente, la palabra hebrea que se traduce como vanidad, es ‘jébel’, que significa vapor; y me parece que los efluvios de esos cónclaves, apenas comportarán una breve embriaguez, para llenar los medios de comunicación, ya que la ciudadanía está muy alejada, por aburrimiento y cansancio, y ya no le inmutan esas ‘serpientes de verano’, pues ya está en modo vacacional.

Todo nos parece un juego de espejos, con reflejos de más de lo mismo, en definitiva, ‘nada nuevo bajo el sol (…) generación va, y generación viene, más la tierra siempre permanece’ (…) los ríos todos van al mar, y el mar no se llena (…) vanidad de vanidades (…)’ (Eclesiastés 12:8)

Por eso, me parece apropiado reproducir el siguiente cuento:

‘El vendedor de máscaras

Roby era un niño muy inseguro que necesitaba agradarle a los demás para sentirse bien. El mayor miedo de Roby era que en los grupos que frecuentaba lo rechazaran.

El niño hacía muchas actividades, además de ir al colegio. Roby recibía clases de piano, practicaba kárate y estudiaba francés en un instituto. Así que en cada uno de esos ambientes, más el colegio y su vecindario, tenía un grupo de amigos.

El pequeño Roby se esforzaba por pertenecer a cada grupo y modificaba su forma de ser para cada ocasión. Eso lo reconfortaba y lo hacía sentir seguro siendo aceptado por los otros niños de cada uno de los grupos.

Pero Roby sentía que algo faltaba. Pensando y pensando se le ocurrió una idea. Se comprría una máscara para parecerse más a los grupos que frecuentaba.

Así que Roby acudió a la tienda de máscaras y compró una para probar su plan. La primera que compró fue una máscara de karateca.

El plan dio resultado y en su clase de kárate Roby se sintió mucho mejor. Con la máscara Roby sintió que los otros niños lo aceptaban más, y él se desenvolvió con mucha más confianza.

Por eso decidió comprar muchas otras máscaras para sus otros ambientes. Roby compró entonces una máscara de estudiante, otra de pianista, otra de francés, y hasta compró una máscara de hijo, de hermano y de vecino.

No pasó mucho tiempo hasta que a Roby se le hizo complicado cambiarse de máscara para adaptarse al lugar donde estaba. Por eso decidió colgarse todas las máscaras del cuello para poder rápidamente colocarse la que correspondía según la ocasión.

Al principio la idea fue muy buena, pero nuevamente los problemas no tardaron en aparecer. El peso de las máscaras hacía que el cuello de Roby le doliera mucho y además le costaba moverse y caminar.

Lo mejor que se le ocurrió a Roby es acudir a la tienda de máscaras para ver si conseguía algunas de material más liviano.

Buenos días, señor, vengo a cambiar estas máscaras que le compré por otras que sean menos pesadas, dijo el niño al vendedor de máscaras.

Pero éste le contestó que eran las únicas que tenía, no se fabrican en otro material.

La expresión de Roby se tiñó de tristeza.

¿Pero por qué llevas todas las máscaras al cuello? ¿eres actor? Si es así, solo colócate la que necesites para tu obra y guarda el resto, exclamó el hombre.

No, no soy actor. Y necesito tener las máscaras todo el tiempo conmigo, porque es la manera de que mis compañeros y amigos me acepten.

¿Cómo es esto?, preguntó el vendedor.

Bien, yo compré una máscara de karateca, otra de pianista y todas las que tu me vendiste. Me pongo una para ir con cada grupo de niños diferente y así me va mucho mejor… Pero ahora, me está doliendo mucho el cuello.

Niño, la mejor forma de que tus colegas y amigos te acepten es siendo tú mismo. Con las máscaras solo te haces daño, si no mira tu cuello. Además, no te conocen realmente, siempre apareces enmascarado.

No lo sé, no creo que sea así, dijo Roby.

Haz la prueba entonces, dijo el vendedor. Deja todas estas máscaras y sé tu mismo con los otros niños. Si no te da resultado te daré gratis todas las otras máscaras que necesites.

Al escuchar esto, Roby aceptó. De acuerdo, así lo haré.

Roby dejó todas sus máscaras en su casa, y comenzó a asistir a todos sus grupos. Su intención era demostrarle al vendedor de máscaras lo equivocado que estaba y así conseguir máscaras gratis para siempre.

Pero Roby terminó por sorprenderse con lo que sucedió. A medida que el tiempo pasaba y los otros niños conocían cómo era el verdadero Roby, más a gusto se sentían con él. Lo niños veían a Roby como un niño muy divertido e inteligente. Lo invitaban siempre a sus juegos e incluso muchas veces le pedían consejos.

De esa manera, Roby entendió que el vendedor estaba en lo cierto, no había nada más cómodo y efectivo para conseguir verdaderos amigos que ser uno mismo. El niño nunca más regresó a la tienda de máscaras’  

(Soledad Antelo: https://share.google/W7nwFiKwHcmV2GEPQ)

Pido perdón por la transcripción de este cuento infantil tan largo, pero, como he comentado, ante el circo congresual del PP/PSOE o PSOE/PP, me ha parecido que es apropiado, para expresar la inconveniencia de las diferentes máscaras que utilizan todos los políticos, especialmente, en sus congresos.

Por eso, y para finalizar, me parece adecuado recordar el siguiente pensamiento del poeta irlandés Oscar Wilde (Oscar Fingal O’Fflahertie Wills Wilde, 1854 – 1900): 

‘Sé tú mismo, todos los demás ya están ocupados’

Y eso deberíamos tenerlo claro los independentistas catalanes, pues, por ejemplo, ha quedado suficientemente claro que ERC, por más máscaras de buen socio del PSOE que se ponga, nunca será aceptado como tal. Si no somos nosotros mismos y actuamos como tales, nunca conseguiremos nada, ni ser aceptados por nuestros conciudadanos. Así que todo depende de nosotros.