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Ayer (14/12), Oriol Junqueras ganó la segunda vuelta de las elecciones primarias de su partido, y vuelve a ser presidente de ERC; y en el presente escrito traslado mis elucubraciones.
De los 8200 afiliados, ayer votaron el 81,98%, es decir, 6585; y la candidatura encabezada por Oriol Junqueras ganó, con el 52,2% de los votos (3437), mientras que la candidatura de Xavier Godàs obtuvo 2777 votos (un 42,2%), 371 y votaron en blanco (5,6%). La candidatura de Junqueras obtuvo 660 votos más que la competidora.
Es decir, del censo de 8200 afiliados, la candidatura de Oriol Junqueras, obtuvo el 41,91 % de votantes. Y esto, evidentemente, no es ningún éxito, aunque la nueva ejecutiva de Oriol Junqueras lo plantee como una gran victoria, frente a los roviristas (la candidatura patrocinada por Marta Rovira, que anunció que no se presentaría más, que dejaba el primer plano político, como Pere Aragonès, y otros ex altos cargos de la pasada legislatura)
Todo es relativo, es evidente, y las lecturas, siempre interesadas, buscan las referencias más convenientes a su relato. Por ejemplo, estamos cansados de ver que Pedro Sánchez alarda del gran éxito por el crecimiento del PIB español, en referencia al crecimiento de otros países europeos, pero, claro, obviando la magnitud del PIB en valores absolutos, o el PIB per cápita, pues esas referencias nos dejan en los últimos lugares.
Así es la democracia, y esos 660 votos (como si fuera uno solo), son determinantes, si bien, muestran la gran división existente en el partido de ERC, aunque Junqueras, sintiéndose un gran Papa (*), dijera ayer: ‘la militancia ha hablado, la militancia ha decidido’, olvidando que esa militancia ha decidido y mostrado una gran división.
(*) recordando la expresión ‘Roma locuta, causa finita’ (Roma ha hablado, causa cerrada), frase atribuida a San Agustín de Hipona, refiriéndose a la decisión del Papa Inocencio I en el año 417, condenando a Pelagius (354 – 420) y su herejía pelagiana, que consideraba que la voluntad humana era suficiente para vivir una vida sin pecado, es decir, que los humanos pueden conseguir la salvación por si mismos.
Pero el núcleo del presente escrito me parece interesante centrarlo en las fronteras mentales que hemos observado en esa campaña.
Por ejemplo, hasta ayer, Oriol Junqueras y su candidatura, mostraban su gran diferencia respecto a la otra candidatura (como lo hacía, también la candidatura perdedora de Godàs, claro) y, justo a las 20.00 h, al hacerse públicos los resultados de esa conducta, apareció Junqueras diciendo que ‘sólo hay un partido de ERC, y que todos remarán en una misma dirección’.
La democracia, efectivamente, se basa en la victoria de las mayorías, pero con respeto a las minorías, es decir, a las sensibilidades opuestas; y, en este caso, los perdedores más que diferencias ideológicas, se habían centrado en la oposición de eternizar a los líderes, y evitar, asimismo, duplicidades de cargos, es decir, que el nuevo presidente del partido no pudiera ser, asimismo, el futuro candidato a la Generalitat. Y claro, esa diferente concepción operativa del partido no permite medias tintas ni componendas, así que las minorías deberán aceptar el trágala de la mayoría, o, dejar el partido, y conformar uno de nuevo, como ha sucedido en otras ocasiones.
Ahora bien, volviendo a la postura de Junqueras, marcando líneas rojas, como he dicho, y, al ganar, quitarlas, obviarlas, me parece digna de estudio, y me ha recordado el excelente ensayo de Vicent Partal, ‘Fronteres: aquelles línies que algú ha dibuixat sobre un mapa’ (aquellas líneas que alguien ha dibujado sobre un mapa), editorial Comanegra, Barcelona, febrero del 2022, que el autor tuvo la amabilidad de dedicarme.
El autor, en el prólogo, efectúa un detallado análisis de la concepción de las fronteras, basándose, en primer lugar en la concepción lingüística y conceptual en diferentes lenguas: así, ‘border’, en inglés, expresa la línea que separa; ‘frontier’, en francés, se refiere al espacio de transición, abierto hacia un lado; ‘confins’, también en francés, para indicar el espacio difuso, en el que las cosas se mezclan más que separarse; ‘kresy’, en polaco, se refiere a un espacio periférico que se pierde en la historia; ‘muga’ del euskera, que incluso bautiza a los habitantes de ese espacio, los ‘mugalariak’; ‘sa làcana’, de los sardos y del Alguer, que refleja una curva inmaterial que limita el espacio controlado por cada uno; ‘häsiya’, en árabe, que se refiere tanto a frontera como al entorno; ‘sakaime’ en japonés, que especifica la línea que divide dos espacios; y ‘keidai’, también en japonés, la línea que cierra un espacio; etc.
Volviendo a la confrontación interna de ERC, me parece que las líneas rojas fijadas por la candidatura de Oriol Junqueras, se refieren a la separa de dos espacios, el nuestro y el de los otros, que queda cerrado.
Y lo que me parece incongruente, es que, tras vencer (por la mínima) ahora ‘justifique’ el cambio de esa frontera, para encajar a todos. Eso era tradicional y, por desgracia, sigue siéndolo, en las guerras armadas, de conquista. Pero, a mi modo de ver, es inaplicable e inaceptable, en una confrontación de ideas, fundamentalmente personales, como las que hemos visto en ERC.
Partal, citando a Joan Francesc Mira, señala que ‘la gran novedad, la gran innovación contemporánea, en la manera de percibir el ámbito supremo de pertenencia, no es su territorialización, cosa general y antigua, sino la transformación del territorio (…) se sabe que hay una tierra nuestra, y que hay tierras de bárbaros, de paganos, de moros y, simplemente, de extranjeros (…)’, y Partal añade que ‘una frontera se puede definir diciendo que es en realidad el perímetro de inclusión y de acceso a una ciudadanía de cualquier estado’.
Pues bien, Junqueras, en su concepción, consideraba bárbaros a los que no pensaban como él, a los que no le votaban; y, ahora, ha girado la tortilla, para incluirlos a todos, como conquistados; y, claro, con su discurso pastoral, propio de un vicario de pueblo (con ínfulas papales), volviendo (sin atreverse a decirlo, por las críticas que tuvo en su momento) a su ‘junquerismo es amor’, para recoser el partido y hacerlo fuerte.
Pero ahora conocemos el verdadero Oriol Junqueras, su fuerte ego, su ambición por el poder, y sus malas artes (retorciendo, en su momento, los estatutos de su propio partido, para repetir como candidato a la presidencia de ERC -y Marta Rovira, como secretaria general-, en los momentos previos del anterior congreso, de enero del 2023)
La historia nos ha demostrado que las fronteras son artilugios artificiales, políticos, definidos por las respectivas banderas.
Partal nos recuerda la artificiosidad de las fronteras, con el ejemplo de Islandia:
‘Contra lo que suele pensar la gente, y contra lo que los estados quieren que pensemos, las fronteras son siempre una invención humana y ni tan solo aquellas más aparentemente naturales no lo son, de naturales. Islandia, por ejemplo, se ve hoy como un país con una frontera casi perfecta: es pequeño, muy homogéneo y compacto, alejado geográficamente, y vive cerrado por la naturaleza insular. Pero, hasta el año 1944, Islandia no era un país independiente y, por lo tanto, esta ‘naturalidad’ que todos apreciamos hoy en su delimitación froteriza, simplemente no existía. El hecho de ser una isla, cuando no era un estado, no significaba nada. Porqué, para decirlo en palabras de Henri Wesseling, las fronteras no son determinadas por la naturaleza, sino por el poder’.
Y ese es el poder que ahora quiere aprovechar Junqueras, para ‘asimilar’ a los díscolos bárbaros, y así, sus nuevas fronteras le han de permitir la forzada unificación interna y, a la vez, para diferenciarse de los otros partidos, especialmente de Junts, a los que sigue considerando, erróneamente, como sus enemigos naturales.
Así, utilizará esa frontera ideológica, como diferenciadora del nosotros versus ellos.
Ese tipo de fronteras ideológicas las vemos por doquier, por ejemplo, la que estableció el ‘PreparaO’ Felipe VI, al diferenciar los que siguen siendo considerados como ‘familia real o casa der rey’, es decir, a Leticia y a sus dos hijas; quedando al margen el resto de los que hasta hace unos años conformaban de forma natural ese cerrado núcleo; y, por lo tanto, Juan Carlos I, Sofía, etc., quedaron relegados a ‘familiares reales’.
Y con ese nuevo invento fronterizo, Felipe VI quería acotar las críticas por corrupción de su padre, Juan Carlos I, y así, quedarse al margen de ellas, y salvar la imagen de la corona. Pero la ciudadanía no es tan tonta, afortunadamente.
En un anterior escrito ya traté la escasa diferencia que hay entre el amor y el odio, por lo que no volveré a insistir, pero me parece que el caso de ERC, y también el de la casa real, son claros ejemplos de que la diferencias entre ambos sentimientos, desapareció, venciendo el odio.
Y es triste que, como humanidad, sigamos siendo tan primarios, que siga predominando nuestro ego; y si bien es normal que los políticos, empresarios, periodistas, artistas y todos en general que quieran aspirar a progresar, tengan una notable ambición, pues sólo así son combativos, competitivos; pero cuando esa ambición es desmesurada, el egocentrismo para a ser patológico, y la consecuencia derivada, es el desprecio de los otros. Otro espécimen de colectivos, como el poder judicial y policial, por ejemplo, si tuvieran un mínimo de ética, deberían preservar su neutralidad (ajena a odios y amores), pero todos sabemos que eso es otra utopía.
Y claro, personajes así, con un ego exacerbado, nunca deberían ser considerados como líderes de nada, y menos de partidos que se consideran de izquierdas.
Pero todo falla, así: ¿Por qué debemos admitir que personajes así pretendan asumir, en el futuro, cargos de la máxima representatividad en Catalunya?, ¿no hemos escarmentado ya teniendo al represor Salvador Illa?
Yo estoy convencido de que ERC, por los siglos de los siglos, debería purgar su error de permitir que Illa (155) sea nuestro president de la Generalitat, un presidente obcecado en descatalanizar a nuestras instituciones y a nuestra sociedad, ya que su objetivo, como nos ha mostrado ya en esos más de cien días de gobierno, es que su misión es la de españolizarnos.
Por eso, ya que la militancia de ERC descartó, de entrada, la candidatura de ‘Foc Nou’ (fuego nuevo), nos reconfirma que su interés sigue siendo el de preservar sus prebendas, las poltronas que todavía le quedan. Pedro Sánchez, en su momento, lo tuvo más fácil, ya que al conseguir la presidencia del gobierno, tuvo miles de puestos y de cargos con los que gratificar a sus seguidores; y no hay más fuerza cohesionadora que la saciedad de la ambición por el poder.
Pero Junqueras no tiene, de momento, esa fuerza cohesionadora, así que todo lo tendrá que basar en promesas de futuro.
Por todo eso, lo que tendríamos que hacer los independentistas, es trascender esas fronteras artificiales, que ahora quiere reforzar Junqueras en su partido, pues, como muy bien señala Partal en su libro citado, no dejan de ser artificiales, por más que sirvan para conformar una realidad.
Pero esa realidad, no debemos asumirla, todo son luchas de poderes, como sabemos, por experiencia, con el tratado de los Pirineos, firmado en noviembre de 1659, por Felipe IV de Castilla y Luís XIV de Francia, y que nos comportó la pérdida del condado del Rosselló y parte de la Cerdanya a Francia.
Y tras varios siglos de ese tratado, sabemos que la Catalunya Nord sigue manteniendo una realidad y sensibilidad con la lengua, cultura e historia catalana, a pesar de la fuerte represión jacobina del estado francés.
Evidentemente, otras fronteras artificiales las vemos con el mantenimiento de las colonias de Ceuta y Melilla, las Islas Canarias y, también, Gibraltar, claro; y todo ello fruto de guerras militares. Y Catalunya, la mayor colonia española, sigue atrapada en el dibujo de fronteras establecido en 1714 (por el Borbón Felipe V), una frontera con el doble objetivo, el de diferenciarse de Francia y, a la vez, la de homogeneizar la cocina interna, castellanizarnos.
Así, las fronteras forjadas tras conquistas militares, a sangre y fuego, nos las siguen aplicando por la fuerza bruta (militar, judicial, policial, económica, mediática, etc.), así es la ley de la jungla.
Pero lo triste es que muchos catalanes hayan asumido, consciente o inconscientemente, esas fronteras en su pensamiento mental, y así, acepten la ‘realidad’ impuesta por el poder español y, también acepten, ahora, el marco fronterizo de ERC.
Por todo ello, y como he propuesto en un sinfín de ocasiones, la única alternativa que tenemos los independentistas, es ir unidos, superando todo tipo de fronteras partidistas, ideológicas o interesadas por causas menos diáfanas. Sólo así tendremos unas mínimas posibilidades de éxito para enfrentarnos (democráticamente) al estado, e implementar la victoria del referéndum del 2017.