Por esta pandemia no sólo estamos desconcertados los españoles (y los catalanes), si no que también lo está la ciudadanía de muchos países pero, en España, como sabemos, sufrimos una sindemia, ya que no sólo nos afecta el problema sanitario, si no que el problema es general: político, económico y social, pues se ha evidenciado que en el estado español no hay nada que funcione adecuadamente, desde la monarquía hasta la iglesia católica, y todos estos problemas confluyen en este momento, incidiendo en la ciudadanía.
Aquí, durante la primera ola de la pandemia, Pedro Sánchez nos cansó y aburrió con sus ‘argumentos’ de la futura ‘nueva normalidad’, de que ‘saldremos mejor y más fuertes’, de que ‘todo irá bien’; y ahora, visto su gran éxito, se esconde tras su ministro de sanidad, pues ni defendió en el congreso el largo estado de alarma que nos ha aplicado. El mayor recorte de derechos y libertades fundamentales, y él, escondido, para no deteriorar su imagen, según le deben aconsejar sus asesores. Y, obviamente, nunca pedirá perdón por su mal ejemplo en la visita al Papa, o por el de varios de sus ministros y altos funcionarios civiles y militares en la macrofiesta de Pedro ‘Jota’ Ramírez.
Sabemos, pues somos maduros y ya tenemos la experiencia de siete meses de pandemia, que nuestros gobernantes no nos pueden aconsejar nada más que las tres medidas básicas: mascarilla, distancia e higiene, y estas son nuestras responsabilidades. Y todo, todo, todo lo demás, es responsabilidad suya: desde prever las necesidades hasta proveer lo preciso para que no falten ni respiradores, ni UCIs, ni rastreadores, ni PCRs (test de reacción en cadena de la polimerasa), ni sanitarios, ni profesores, ni espacios educativos, o compensar a los trabajadores que han perdido su empleo temporal o definitivamente, o ayudar a los autónomos y pequeñas empresas, etc.; y, obviamente, esto requiere muchísimos euros, y esa es la gestión que deben hacer y deben explicar.
Lógicamente, hacer una carta a los reyes magos es de ilusos, sabemos que España es un país pobre y con escasos recursos y carencias, que intentan tapar con la chulesca hidalguía de que somos la envidia y modelo del universo; que nuestro sistema sanitario es el mejor de la galaxia, etc.
Por eso, agradeceríamos que nos tratasen como adultos, que nos comentasen nuestras limitaciones, y cómo gestionan los recursos y, evidentemente, cómo luchan para frenar la burocracia y la corrupción.
Estamos frustrados al ver que la única alternativa que tienen es ofrecer la ayuda del ejército, para lo que se necesite; como si fuera el bálsamo de fierabrás quijotesco (aunque su origen es el bálsamo de Ferabràs, la pócima milagrosa de los caballeros carolingios en Occitania).
Y esta frustración la vimos ayer, con las manifestaciones en ciudades como Barcelona, Bilbao, Burgos, etc.; en las que se juntaron desde los legítimos manifestantes por las repercusiones económicas en sus negocios: la cultura, la restauración, los gimnasios, etc., que no han visto las compensaciones del gobierno central; hasta los manifestantes de extrema derecha, negacionistas, etc., que fueron los más ‘guerrilleros’.
Es preciso clarificar que estoy en contra de la violencia, pero de todo tipo, desde la de los manifestantes, como la de los policías que se extralimitan, pues siempre los hay.
Pero comprendo y comparto la frustración, después de siete largos meses negros y con otros tantos, como mínimo, en perspectiva.
Por eso creo que los políticos, los del gobierno central y los nuestros de la Generalitat, deberían cambiar su forma de actuar, deberían ser transparentes y concretos, explicar las medidas específicas. Y, sobre todo, explicarnos sus responsabilidades incumplidas, pues tras la primera ola, deberían haber aprendido y deberían haber aprovechado estos meses para intentar solventar las carencias que tenemos.
Rifkin en su libro ‘El fin del trabajo’ recoge una frase de Ford, síntesis de su filosofía estandarizadora: ‘que sus clientes podían escoger cualquier color que quisieran para su coche modelo T, siempre que fuese negro’.
Pues bien, Pedro Sánchez, debería salir de su actual área de confort, consistente en pasar la responsabilidad a la ciudadanía; y descender al detalle de las acciones concretas. No aceptamos que el ministro de sanidad dijese, hace semanas, que a final de año tendríamos no sé cuantos millones de vacunas. Una irresponsabilidad así merece el cese inmediato, como también haber asistido a la entrega de premios, aunque él no se quedara a cenar.
Estamos cansados de ‘escoger el color negro’, queremos tener la libertad de mostrar que podemos comportarnos respetando las tres medidas básicas (mascarillas, distancia e higiene), sin que nos limiten derechos fundamentales. Y unas minorías incumplidoras, no justifican la restricción de la totalidad de la población. Que controlen bien, pero lo fácil es lo que hacen, el toque de queda general.
Sobre el particular, seguidamente transcribo unos párrafos que me han parecido muy ilustrativos:
‘Siete meses después, está demostrado que las restricciones entendidas como verdades universales tienen un recorrido limitado. Sobre todo, porque las tallas únicas suelen ser injustas con quién más sufre. Igual que hacerlo bajo la lógica del castigo y la culpa es tratarnos de ciudadanía inmadura.
La buena noticia es que tenemos capacidad de mejora. Empezando porque poner las necesidades de las personas en el centro, no es incompatible con la contención del virus. Podríamos seguir por cuidar la comunicación, afinando los mensajes a diferentes públicos. Parece evidente que, si confiásemos en instagramers virales para llegar a la población de más edad, alguna cosa no habríamos pensado bien; pero, en cambio, seguimos intentando llegar a los jóvenes a través de la tele con sermones abroncadores.
(…)
En verano, cuando surgió todo el debate sobre la falta de rastreadores, algunas universidades de ciencias sociales ofrecieron abiertamente estudiantes y profesionales para dar soporte (…)
(Liliana Arroyo, Ara, 31.10.2020)
Es decir, necesitamos políticos que respondan adecuadamente a este perfil señalado por Arroyo, que nos traten como adultos; pues sabemos todo lo que es preciso de las curvas, ratios, etc.; y queremos respuestas expertas por parte de técnicos que puedan darlas.
No queremos que nos traten como ‘ilotas’, los siervos de Esparta y de otras ciudades de la Grecia clásica. A los ‘ilotas’ no hay que confundirlos con los esclavos-mercancía, el ilotismo se refería a las personas desposeídas de sus derechos ciudadanos. Y ahora, con la pandemia o, mejor dicho, con la sindemia, nos van quitando derechos fundamentales, como también nos han ido desposeyendo de nuestros derechos cívicos, al impedir e inhabilitar a nuestros presidentes de la Generalitat, o encarcelar a nuestros representantes políticos y sociales.
La solidaridad sanitaria es un argumento que justifica muchas medidas, pero no todas, y menos si son improvisadas. Nos dicen que una a una, no sirven, pero juntas, todas suman. Y es verdad, pero no somos conejillos de indias de un laboratorio. Queremos expertos que sepan aplicar el bisturí, para aplicar las medidas de forma quirúrgica, considerando las posibilidades y necesidades de los diferentes estratos sociales.
Por ejemplo, los colegios fueron los primeros en cerrar, y es comprensible, pues en aquel momento se desconocía el comportamiento del virus. Ahora nos dicen que serán los últimos en cerrar, dada la importancia de la educación y de la incidencia psicológica en los niños. Y todo esto es verdad. Pero también es verdad que otro motivo importante para no cerrar los colegios, es que no hay recursos económicos, para ayudar a los padres que no podrían teletrabajar. Y eso no lo explican ni lo apuntan. Nos dicen que los jóvenes que estudian una vez superada la enseñanza obligatoria, por ejemplo, el bachillerato, sí que pueden teleestudiar, pues ya son maduros, y que a esa edad se socializan más fuera de los institutos. Y también es verdad, como lo es que a esa edad pueden quedarse en casa, sin la custodia de los padres y, por lo tanto, éstos pueden ir a trabajar.
Con este ejemplo creo que queda claro que los temas son complejos y, por eso, las explicaciones deben contemplar todos los factores; no limitarse a unas buenas intenciones, sin ni señalar los otros elementos que inciden en esos problemas multifacéticos.
Por todo esto, me parece muy oportuno recordar la canción: ‘Another Brick in the Wall’ (1979) (Otro ladrillo en el muro), del grupo británico de rock Pink Floyd; canción compuesta por Roger Waters, bajo y segundo vocalista del grupo.
Seguidamente transcribo algunos fragmentos.
The Wall (El Muro) de Pink Floyd
‘Papá voló a través del océano
dejando solo un recuerdo
fotografías en el álbum familiar
¿Papá, qué más me dejaste?
¿Papá, que hubieras dejado atrás para mí?
En conjunto solo era otro ladrillo en el muro,
En conjunto tu solo eras, un ladrillo en el muro.
Niños:
‘No necesitamos ninguna educación
No necesitamos ningún control del pensamiento
No más oscuros sarcasmos en el aula,
Profesor deja a los niños solos,
En conjunto solo es otro ladrillo en el muro
En conjunto solo eres otro ladrillo en el muro.
Profesor:
‘¡Incorrecto! Hacedlo de nuevo
¡Incorrecto! Hacedlo de nuevo
Si no come su carne, no se puede tener cualquier pudin.
¿Cómo puede usted tener un postre si no come su carne?
¡Tú!, sí, el de detrás al fondo, estate quieto’
A continuación, transcribo algunas explicaciones sobre esta canción:
Parte – 1:
El padre de Waters, el compositor, murió en la batalla de Anzio, Italia, durante la Segunda Guerra Mundial (1944), y él se pregunta con amargura: Papá, ¿qué dejaste para mi?, y se responde: ‘A pesar de todo, sólo fue un ladrillo en el muro’.
Parte – 2:
Denuncia las duras reglas que existen en la escuela en general y en los internados en particular. No está en contra de la educación. Lo que reclama es una educación nueva y mejor; pues sus profesores habían estado más interesados en la disciplina que en transmitir conocimiento. ‘Es como una cadena de montaje: entras a los 3 años, te imponen una doctrina que a alguien le ha parecido correcta y sales por otra puerta a los 16, listo parta aportar tu granito de arena al progreso y así tus hijos podrán aportar su granito de arena con un poco más de comodidad’.
Parte – 3:
Movido por la ira por el engaño de su esposa, llega a la conclusión que ya no necesita nada, viendo a las personas de su vida ‘como ladrillos en el muro’.
El muro es una metáfora que el protagonista, Pink, construye alrededor suyo, para escapar de la realidad.
Pink decide quedarse encerrado dentro del muro y quedar completamente aislado del mundo.
Los ladrillos en el muro representan cada uno de los traumas que Pink va experimentando a lo largo de su vida’.
(fuente: Wikipedia)
Pues bien, no queremos ser meros ladrillos, ni meros ‘ilotas’, somos ciudadanos, y queremos que nos traten como a tales.
Estamos cansados de ladrillos y de muros.
Necesitamos políticos que realmente consideren la crisis sanitaria y su incidencia en la población, que depuren irresponsabilidades por falta de previsión, y por no dedicar todos, todos los recursos necesarios para hacer frente a la crisis: ¿Cómo es que no hay laboratorios o equipos necesarios para dar los resultados de las PCR en 48 horas, y no, como ahora, en 10 o 15 días?, ¿Cómo es que no están disponibles los ordenadores y los equipos para cubrir las necesidades docentes de los niños de familias sin recursos?, ¿Para qué necesitamos dilapidar millones para tanques y aviones militares?, ¿Por qué los presupuestos generales en trámite siguen perjudicando a Catalunya y beneficiando a la casa real?, ¿Por qué hay ciudadanos que todavía no han cobrado la compensación del ERTE?, ¿Por qué se siguen abandonando a las personas ‘sin techo’, para que pasen esa pandemia en la calle?, etc.
En definitiva, necesitamos un cambio verdaderamente revolucionario, y sé que esto es una utopía. Pero, por favor, que dejen de marear la perdiz, pues ya sabemos lo que podemos y debemos hacer.
Amadeo Palliser Cifuentes